Por qué hago Comunicación para Startups 

Comunicación de Startups

Trabajar como consultor de comunicación para empresas y organismos es frecuente acabar especializándose en algunas pocas áreas, cuando no en una sola. Generalmente, este tipo de especializaciones se produce tras adquirir experiencia en un determinado campo y mantenerse en él. Y la mayoría de las veces esto se produce porque uno se siente cómodo con ese área. 

Creo firmemente que atraemos lo que tenemos. Según lo que somos, pensamos y sentimos vamos atrayendo a nosotros cierto tipo de cosas que, a su vez, siguen determinando de alguna manera quiénes somos. Aunque no creo que esto sea algo que nos predetermine, ya que siempre contamos con la libertad de poder elegir y cambiar. 

Así es como entiendo yo mi pasado con la política. Aprendí mucho, muchísimo. Pero por razones que no vienen al caso me he terminado de convencer en diferentes ocasiones que no es el lugar en el que soy más feliz. Eso sí, los aprendizajes en comunicación de esos tiempos son enormes. Y no descarto poder volver algún día si encuentro una opción política que se me merezca mi esfuerzo profesional y confianza personal. Puede ocurrir (que nadie se ría), soy idealista y optimista por naturaleza y lo seguiré siendo mientras viva. 

Mi paso por la comunicación institucional fue apasionante también, aunque con sus muchos peros: entre ellos el tener que bregar con la tremenda burocracia y los mastodontes administrativos que suelen ser este tipo de entes. Pero me divertí y disfruté, aunque también me frustré por la dificultad de movimiento ágil de estas entidades. Se aprende de procesos, de calado, de la administración y de las personas. 

Trabajar para empresas ha sido una parte natural del proceso al que llegué “muy sabida” tras los pasos previos. La política y las instituciones curten en muchas cosas. Encontrar más agilidad y descubrirte más cercano del consumidor es algo que reconforta la acción del comunicador. Todo lo aprendido hasta el momento se pone en juego: las horas de elaboración de mensajes estratégicos políticos demuestran la flexibilidad y agilidad de pensamiento; la rapidez y exactitud en la redacción; la precisión en la definición de las acciones; y el no dejar nada al azar. Todo cuenta. 

Y aquí, sin duda, las empresas con las que más cómoda me siento son las Startups. A pesar de que son volátiles, inseguras, de futuro incierto y presente trepidante. O quizá precisamente por eso y por mucho más. Trabajar con empresas de base tecnológica que nacen para tener un rápido desarrollo y crecimiento y demostrar en poco tiempo su utilidad, poder verlas crecer y crecer junto a ellas, es algo que me hace vibrar día a día. 

No todos los comunicadores aceptarían trabajar con Startups, pero además no todos ellos valen para hacerlo. En el mundo startapero se necesitan algunas cualidades:

  • Lo primero es creer en el proyecto, a tope y sin fisuras: no hay medias tintas en esto. Es verdad que un buen CEO y su equipo fundador generalmente es capaz de hacerte ver la viabilidad del proyecto -saben levantar dinero en rondas haciéndolo-; pero hay que creer de verdad, porque exige esfuerzos mayores que trabajar para una empresa asentada. Y eso sólo se hace por convicción, amistad o propiedad. Yo estoy, generalmente, en la primera opción (aunque, spoiler: muchas veces acaba naciendo también la segunda). 
  • Las startups necesitan en su equipo personas con capacidad y experiencia emprendedora. No hace falta que hayas montado otras startups, pero sí que le hayas perdido el vértigo a montar algo. Porque sólo así confiarás en un proyecto así. 
  • La experiencia previa en diferentes tipos de empresas es muy valorada: al nacer de la nada, el conocimiento extrapolable a su mundo es un valor que aprecian y añoran (en ocasiones sólo los muy jóvenes están dispuestos a aportar por trabajar para startups). 
  • La fidelidad, que es tan necesaria en todas las empresas y campos de la vida -profesional y personal-, es completamente imprescindible en este área. Este es uno de los valores que coinciden con otros que también se exigen en política: discreción, generosidad, ilusión y pasión. 
  • La agilidad y capacidad de adaptación es la base del éxito de este trabajo, y también el principal pero que ponen muchos de los que prefieren otro tipo de empresas. 
  • No tener miedo al cambio, ya que en las empresas nacientes es constante. Y, con frecuencia, supone también saber que perderás clientes: no todos los proyectos se desarrollan igual, logran la financiación que necesitan, maduran al mismo ritmo, demuestran su viabilidad y escalabilidad en los plazos previstos… Hay que estar dispuesto a pivotar, a perder el cliente, a empezar de cero con ese o con otro cliente. Las estrategias puestas en marcha una semana están totalmente caducadas dos semanas después. Pero está prohibido cansarse, desilusionarse o sentirse decepcionado: ¡forma parte del proceso!

Por todo esto, y seguramente algunas cosas más que me dejo en el tintero, valoro enormemente y disfruto haciendo Comunicación para Startups: siempre es apasionante.

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