Pedro Sánchez y la gestión de la ‘megacrisis’

¿Agarrarse al poder o defender el interés de las bases? Si preguntáramos a los militantes qué piensan de la actitud de Sánchez darían sin dudar la segunda opción. En cambio, si lo hiciéramos entre los electores, la respuesta sería la primera. E idéntica contestación obtendríamos si preguntáramos a los votantes del PSOE.

¿Es un problema de comunicación? Sin duda. Pedro Sánchez con su comportamiento está emitiendo un mensaje que es interpretado de manera diferente según quien lo recibe. Y él mismo, probablemente, ha olvidado que su obligación es ganar elecciones y en su defecto, ganar votos o mantenerlos. Nada de esto está logrando. Y sin embargo se aferra al cargo. Su justificación de hacer lo que le piden las bases, por mucho apoyo que pudiera obtener de éstas, no le llevará a la victoria en las urnas ni al Gobierno.

Pero también hay un error en el planteamiento de partida. Pedro Sánchez encontró en las bases la excusa que necesitaba para no dejar gobernar a Rajoy. A pesar de que su orgullo quedara mortalmente herido la tarde del 22 de enero al recibir por boca del rey la intención de Pablo Iglesias de hacerle presidente, una luz se encendió dentro de él: “puedo lograrlo; puedo evitar mi defenestración política y lograr un nuevo Gobierno del PSOE”, debió pensar. Y esa idea ya nunca le ha abandonado. Punto para Pablo Iglesias que, lejos de querer gobernar con el PSOE (en realidad lo que quiere es su suelo electoral, no llevarle al poder) consiguió que se tragara ese dardo envenado de poder gobernar y alejó de la mente de Sánchez para siempre la idea de pactar con el PP. (Entre tanto Podemos ganaba tiempo para seguir robando votos al PSOE, dejando el Gobierno del PP maniatado sin poder continuar con las reformas y la previsible mejora económica. Lo que, de paso, le ha venido de perlas ahora mismo para tratar de rehacer la unidad de su joven partido frente a dos liderazgos bien distintos con sus correspondientes maneras de ver el partido.)

¿Qué ha hecho bien Pedro Sánchez? Mantener fija su postura, equivocada o no. Argumentó hacer la voluntad de las bases y de ahí no se ha movido. Esta firmeza le ha permitido una distancia importante que le ha evitado cometer errores, como el que ha supuesto la dimisión en bloque de la mitad de la Ejecutiva. Este gesto, que pretendía lograr la caída de Pedro, ha sido un error en toda regla: una vez que se han ido, ¿quién le va a plantar cara y oposición en la próxima Comisión? Nadie. Es más, saldrá nombrada una nueva a su imagen y semejanza. Punto para Sánchez.

Pero lo que es un acierto aparente, fijar al PP y a Rajoy como principal enemigo, tiene el peligro de obviar al verdadero león que acecha para devorar a su presa: Podemos. Infravalorar a tu adversario rara vez tiene sentido, si no es para hacerle el vacío –válido en sólo algunas situaciones-. Pero una vez que no sólo no se lo hace sino que se sienta a negociar con él para llegar al poder, Sánchez ha demostrado tener poca visión y perspectiva de lo que realmente estaba ocurriendo en este momento.

¿Qué más ha hecho mal? Creer que con tener contentas a sus bases mantenía a salvo el partido. Falso. A la vista está. Su partido, más dividido que nunca, no ha hecho más que pulverizar sus propias marcas históricas de fracasos electorales. Las bases del PSOE le podrán mantener en la secretaría general, pero nunca le van a hacer ganar elecciones.

¿Qué va a hacer Sánchez? Probablemente mantenerse en su postura, aferrarse al poder que le otorgan las bases y seguir negociando con Podemos y nacionalistas un pacto que nunca llegará y provocará la convocatoria de unas terceras elecciones con un PSOE dividido y probablemente escindido… “Divide y vencerás” es una de las estrategias de guerra y política más antiguas que se conocen. ¿Quién sería el cabeza de la oposición en ese escenario post electoral? Minipunto para el equipo de los de Iglesias. De nuevo.

¿Qué debería hacer ahora el secretario general socialista? Cambiar el paradigma en el que se mueve. Redefinir a su enemigo y marcar de nuevo su objetivo: mantener su electorado y no perder ni un voto frente a los nuevos partidos: Ciudadanos y Podemos. Sus bases, después de este enrocamiento de Sánchez contra el PP, podrían apoyarle si lo vendiera bien. Permitir un Gobierno del PP no es tan malo como creen: es lograr mantenerse como líder de la oposición. Ser quien verdaderamente marca los pasos al Gobierno y forzar la adopción de medidas que electoralmente beneficien a su partido. Es también permitir al PSOE hacer una oposición que ni Iglesias ni Rivera conocen ni dominan. Es dejar que su partido se mueva en las aguas que conoce y en las que se mueve con agilidad frente a la torpeza de los nuevos. ¿Recuerdan las iniciativas presentadas en el Congreso por los de Iglesias en la legislatura más corta de la Historia? Se rieron de ellos en el Parlamento, les acusaron de falta de rigor y les dejaron en ridículo. Con la gran trayectoria política de muchos de sus diputados, con las buenas cabezas que cuentan en sus filas, el PSOE podría vapulear a las nuevas fuerzas parlamentarias si quisiera. Y eso, acompañado de una eficaz estrategia en medios y mensajes, podría calar en el electorado que ya le abandonó.

No todo está perdido para Sánchez si es capaz de recuperar una postura coherente para el electorado y no se mandan y se reciben mensajes equívocos y contradictorios. La supervivencia del PSOE, tal y como lo hemos conocido hasta ahora, aún es posible. ¿Será capaz de gestionarla?

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