Confluencia IU+ Podemos, igual a suma de votos? Tuyos, míos, nuestros

Acabamos de conocer, de la mano de Metroscopia, el primer adelantamiento virtual que la izquierda realiza al PSOE, el hasta ahora único abanderado con suelo electoral en el centro izquierda de este país.
Y digo, a conciencia, “adelantamiento virtual”. No hablo de sorpasso -a pesar de ser el término de moda en estos días- ya que nuestro riquísimo idioma nos permite utilizar el término español que define la misma acción. Hace unos días la RAE ponía en marcha una campaña en defensa del castellano en el mundo publicitario (recomiendo ver el vídeo si aún no lo ha hecho: imperdible). Igualmente, entiendo, en el mundo periodístico y político debemos evitar el uso de voces extranjeras y utilizar las muchas que tiene nuestro rico vocabulario. Que empezamos por Italia y acabamos por EEUU… (Y eso a pesar de que el amable administrador de la cuenta de Twitter de la RAE quiso explicar a un tuitero el significado de esta voz italiana que no recoge nuestra regia academia lingüística)
Pues eso: adelantamiento. Y virtual, sí. Porque una vez más los encuestadores de este país se la están jugando teniendo que predecir comportamientos electorales ante situaciones y variables completamente desconocidas y con giros jamás vistos en nuestra democracia. El resultado de esta última encuesta es posiblemente de los más virtuales en este sentido de los que hemos conocido. Y más si tenemos en cuenta como se ha hecho la “fusión” entre los partidos de izquierda que ha permitido por primera vez hablar del desbancamiento del PSOE como garante de la izquierda.
Hace sólo dos semanas se hacía oficial una confluencia entre los dos partidos (IU y Podemos). Se venía acariciando por alguno de los voceros mediáticos de la formación morada desde la misma noche electoral del 20-D: ya entonces se jugaba con el dibujo que el hemiciclo habría tenido esa noche si hubieran unido sus fuerzas.
Y tras el 20-D, Alberto Garzón, el joven dirigente de IU, era el político mejor valorado en todas las encuestas: ocurrió en el barómetro del CIS en febrero y en el de mayo. Tanto es así, que muchos se preguntaban qué tenía este joven político que a todos gustaba. Y tenía, y tiene, una mezcla de muchas cosas: sencillez, coherencia, pasión, convencimiento de su causa, capacidad de arrastre de los sectores más jóvenes e idealistas y, fundamentalmente, una mejor imagen -más suavizada y menos soberbia- que la del dirigente de la fuerza morada. Tanto, que hay quienes piensan que los movimientos del joven Alberto están llenos de audacia y que puede merendarse a Iglesias.
Lo cierto y verdad es que IU ha logrado como nadie rentabilizar unos votos que no tiene. Con el resultado en la mano del 20-D, esta formación obtuvo casi un millón de votos. La caprichosa Ley D´Hont los dejó convertidos en sólo 2 escaños por Madrid. Pero ya era un gran mérito: estando fuera del discurso global de partidos (que se jugaba oficialmente a 4) logró hacerse un hueco gracias, sobretodo, a una campaña de comunicación rompedora y que logró calar en un público hambriento de oír y ver nuevas formas de hacer política. Y ellos fueron capaces de transmitirlo. Con creces. Y lo que es mejor, negociar después con el crecimiento exponencial que las encuestas le otorgaban. 
Ahora bien, ¿qué se espera de esta confluencia IU-Podemos? Muchos han especulado con un terremoto electoral. Otros, vaticinan el final de una de las dos formaciones. Pero la realidad es que contar a priori con que unidos lograrán la suma de los votos de ambos por separado no es real. Tan simple como que cada uno de sus votantes reales se decantó por una de las dos formaciones y muchos de ellos jamás votarían a la otra.
Podemos ha logrado cosechar tanto suelo electoral gracias, en parte, a haberse alejado de los discursos tradicionales de izquierda que asustan a muchos españoles; gracias a haber disfrazado sus propuestas, haberlas identificado con la lucha contra la “casta” y a favor de la “gente”. Este maniqueísmo, adornado con grandes dosis de populismo y una apabullante exposición mediática, han otorgado una carrera meteórica a la formación morada. Pero no es bastante.
Como he comentado en anteriores ocasiones, Pablo Iglesias y su formación tienen claro que el objetivo es el Gobierno. El poder total. Sin ataduras. Por eso mareó la perdiz todo lo que pudo a Sánchez tras el 20-D y le lanzó un dardo envenenado. Porque en realidad nunca estuvo interesado en cogobernar con él. Fue todo una estrategia muy bien planificada y ejecutada. A pesar de que Pedro no se haya dado cuenta hasta hace bien poco. O sí e intentó en vano que quedara retratado. Pero no tuvo en cuenta que Iglesias era más listo: siempre jugó con él y sus aspiraciones de gobernar y fue Sánchez quien ha dejado al aire su ambición.
También comenté hace poco que de cara al 26-J ganaría respecto al anterior contienda quien cambiara algo: si siempre haces lo mismo no esperes resultados diferentes, decía Einstein. Y a la vista de los resultados de la última encuesta, se cumple la frase de nuestro amigo Albert: crecen los que han cambiado (IU y Podemos) y el que no hizo nada, que es también una acción. Se mantienen en bajada quienes siguen el mismo discurso que antes de las elecciones (PSOE y Ciudadanos) desgastados también por su papel -sobretodo virtual- de presidenciables tras el 20-D.
Podemos e IU mantendrán sus siglas, sus campañas, sus agendas e incluso sus cuentas separadas de cara a las próximas elecciones. Hacen bien: no se puede contar con que funcione el “tuyos, míos, nuestros” por mucho amor que al principio haya. De hecho, es la única manera que tienen de no enfadar a sus electores. Porque aunque las bases de ambos partidos aprobaron mayoritariamente la confluencia, una cosa son las bases y otra muy distinta sus votantes.
¿Será entonces más bien una confluencia encaminada a eliminar del mapa la formación clásica de la izquierda española? ¿Habrá sabido vender Garzón muy bien la piel del oso antes de cazarlo por haber logrado ya 13 puestos de salida para su formación desde antes de la votación? ¿Sentirán sus votantes que han jugado con su confianza y repartido sus votos como si fueran cromos? ¿Será posible que los teóricos políticos y académicos de Podemos no hayan medido con lupa este movimiento? ¿Hablaremos entonces de un adelantamiento al PSOE virtual o real?
Por suerte en política, como en la vida y en los gustos, no hay nada escrito. Y la función no acaba hasta que no se baja el telón. El espectáculo sólo acaba de empezar.

Por qué ante el 26-J ganaría quien más arriesgara

La repetición de las elecciones -que no celebración de elecciones anticipadas- el próximo 26 de Junio tienen la peculiaridad de que no cuentan con antecedentes en la joven historia de nuestros 40 años de democracia.

A ellas la ciudadanía llega cansada después de haber visto a unos dirigentes políticos incapaces de ceder un ápice sus aspiraciones por el poder a pesar de haber pregonado a los cuatro vientos que era tiempo de negociación. La falta de cintura, las imposiciones de los aparatos y la ambición por llegar al poder a cualquier precio, han demostrado la falta de altura de miras de todos ellos.

Y aunque paradójicamente el que mejor punto de partida tiene es quien menos se ha movido de su posición, lo cierto es que Rajoy llega muy desgastado a esta cita electoral. Ha sido el candidato del PP desde el 2004, ha gobernado sin tiempo para que las reformas y los difíciles e incomprendidos ajustes se hayan notado apenas en la economía doméstica y los casos de corrupción le aflotan y atosigan sin remedio.

Sánchez, de quien ya hemos hablado anteriormente en este blog, ha bailado al ritmo que le marcaba Iglesias: ahora te propongo de presidente y te impongo el Gobierno, ahora no pacto contigo y te tumbo la investidura al tiempo que prometo volver a negociar, ahora me saco un conejo de la chistera y te vuelvo a deslumbrar con fuegos de artificio con Compromís. Se ha desgastado y quemado casi del todo.

Iglesias tenía muy claro cuál era su objetivo y ha jugado a la perfección sus cartas como ya comentamos también hace unos posts. Apoderarse del suelo electoral del PSOE es su gran objetivo y lucha por ello con ahínco, sabiendo que la sociedad española tiene difícil decantarse mayoritariamente por una fuerza de izquierda. Pero sus diferencias con Errejón también le han pasado factura y en los últimos sondeos se observa una bajada en la intención del voto para el partido morado -aunque, eso sí, en las últimas contiendas han sido siempre los únicos en lograr remontar resultados durante los 15 días de campaña-.

Rivera, por su parte, ha sacado partido como nadie a unos 40 escaños que el 20-D pudieron saber a poco. Pero, no nos engañemos, es un gran triunfo para su estreno en unas elecciones nacionales. Aunque quizá le pase factura su predisposición a pactar con los partidos de la vieja escuela, como ya hiciera en las autonómicas y municipales sin que, de momento, se haya notado demasiado los nuevos aires que aseguran traen a la política española.

Y todos repiten. Esa es su intención. Apenas habrá movimiento en las listas salvo de momento las anunciadas en el PSOE por decisión propia de los interesados. ¿Cómo van a justificar ante el electorado que les votó hace 6 meses su incapacidad para formar Gobierno y pedirles de nuevo su confianza si no cambiaron nada de su propuesta? ¿Cómo esperan obtener resultados diferentes si se realizan las mismas acciones?

Por eso, y porque no existen precedentes en nuestro país, es posible que quien más pudiera ganar fuera quien más arriesgara. Quien apostara por el cambio. Quien decidiera cambiar al cabeza del cartel. Y no. No es una locura con tan sólo dos meses. Después de lo que llevamos andado, y con el agotamiento-aburrimiento de los electores, sólo el que presente una cara nueva podrá garantizar ante el electorado al menos una nueva intención de hacer las cosas. Una nueva ilusión. Un nuevo modo. Una nueva acción.

Los tiempos, las campañas, los medios, las estrategias… todo ha cambiado ya en política. Es hora de adaptarse y reconocer el fracaso. Asumir que hay margen de mejora y que hay valores y cantera suficiente dentro de los partidos para presentar nuevas caras y nuevas energías. Arriesgado, sí. Pero posible y con mayor garantía de honestidad seguro que volver a presentar los mismos candidatos y los mismos programas. ¿Irreal para nuestra España y con nuestros partidos? Totalmente. Pero soñar es gratis.

El dardo envenenado

El que golpea primero golpea dos veces. Y si además lanza un dardo con veneno, olvídate de ganarle. Es lo que le ha pasado a Pedro Sánchez con la propuesta de pacto con Podemos. Pero no sólo a él. Este dardo ha anulado de un sólo golpe a Rajoy, Rivera y Sánchez. Ha sido una jugada maestra.

El 22 de enero, durante la primera ronda de consultas del Rey, Pablo Iglesias se adelantó a todos ofreciendo al PSOE formar un gobierno de coalición con IU en la que el propio dirigente de Podemos sería el vicepresidente. Su dardo, envenenado desde antes de salir, contaba con que Sánchez se enterara directamente por boca del Rey, descolocándole delante del Jefe de Estado que le informaba de que era un presidenciable: gran golpe de efecto. Sin tiempo de valorar la propuesta ni hablar apenas con su equipo, debió dar la cara ante los periodistas y pronunciarse ante unas declaraciones del propio Iglesias que suponían un auténtico insulto: “que sea presidente es una sonrisa del destino que tendrá que agradecer”.

Pero coló. Sánchez se tragó el dardo y comenzó a digerirlo. Ante el inmovilismo de Rajoy y el movimiento de sillón en filas propias, decidió que era su oportunidad. Que debía dar la talla y demostrar su capacidad de diálogo y de dirigir un partido y un Gobierno. Se lo tragó entero. Sobretodo porque la jugada de Iglesias no había hecho más que empezar. Tres días después firmó una tribuna en El País en la que metía prisa a Sánchez, le advertía de que pactar con Ciudadanos y PP sería pactar con la derecha y, además, se atribuía el apoyo de las bases socialistas a ese supuesto pacto (sin demostrar el apoyo ni afirmar tener una encuesta, sin complejos vaya…)

A partir de ese momento Pedro Sánchez tenía pocas salidas: intentar un pacto con PP y Ciudadanos sabiendo que su electorado sería la última vez que le votara por traicionar a sus votantes. Pactar con Podemos y aceptar un órdago a la grande que se antojaba imposible: no renunciaban a las posiciones independentistas catalanas, algo inasumible para el PSOE. Y, además, siendo consciente de que Podemos es quien les hace la cama en la batalla electoral ideológica por ocupar el gran centro izquierda: la formación morada aspira a obtener el gran suelo electoral que un día tuvo Felipe González. Y eso sólo es posible borrando del mapa al PSOE. Al pobre Sánchez no le habían dado siquiera la posibilidad de elegir susto: sólo había muerte o muerte.

Y así, decide dar el paso, a pesar de no tener la aritmética de su lado y decide jugar a quiero ser presidente. Reuniones, propuestas, negociaciones de posibles leyes, demostraciones de cintura… y todo, calculadora en mano y sin salir las cuentas. Las únicas que salen son las que le propuso Iglesias, inasumibles para el PSOE. Pero como decidió dar el paso, el reloj comenzó a andar, aceptó intentar ser presidente y echó a andar el calendario que marca la fecha límite para la celebración de unas nuevas elecciones antes del verano.

Este nuevo encuentro con las urnas sólo se evitaría con un acuerdo de Gobierno in extremis entre alguna de las combinaciones posibles: PP+Ciudadanos+Abstención del PSOE (= muerte del PSOE y sobre todo de Pedro Sánchez, al que borrarían del mapa en el siguiente mandato) o PSOE+Podemos+IU (=muerte por abducción de Podemos tras cederle la vicepresidencia y el control de las principales carteras). Seguimos en muerte o muerte.

Como los pactos se antojan imposibles y la relación PP-PSOE es tan absolutamente fría y distante, es muy probable que lleguemos a la celebración de unas nuevas elecciones. Justo lo que ha pretendido Iglesias con este derroche de jugadas maestras: Rajoy llega después de haber estado un mes aislado (el PP ni siquiera propuso candidato a la presidencia de la Mesa del Congreso), sin ser capaz de lograr apoyos por el “cordón sanitario al PP” y ausente del escenario político: aparentemente (e incomprensiblemente) tranquilo por saber que la aritmética estaba de su lado y Sánchez no podría formar Gobierno; cerrado en su postura y debiendo hacer frente a nuevos casos de corrupción y a la reciente dimisión de Esperanza Aguirre; con mejores resultados económicos para los ciudadanos, pero con el aviso de Europa de que deben seguir las políticas más duras para reducir el déficit. Tiene muy difícil poder revalidar el anterior resultado electoral.

Ciudadanos lo hace después de haber tratado de hacer de mediador entre PP y PSOE de manera incansable: nada más celebrarse las elecciones, tras la primera ronda de consultas con el Rey, unos días antes del paso hacia delante de Sánchez y también después de que se  sentaran a negociar cuando Sánchez buscaba alianzas. Se presenta ante su electorado y ante los indecisos sin haber sido capaz de ayudar a formar Gobierno, sin haber podido disolver la guerra fría entre los dos grandes partidos para pactar con ambos y teniendo que convencer a sus votantes de que él sigue siendo la nueva política mientras que PSOE y PP son la vieja política. ¿Por qué habrían de votar a Rivera si al final acabaría pactando con alguno de los del bipartidismo?

El PSOE se presenta a la nueva contienda teniendo que justificar ante sus votantes que votarle a él es votar posibilidad de Gobierno. ¿Cómo si no ha sido capaz de hacerlo a pesar de que se lo han puesto en bandeja? Y ese precisamente será el gran argumento de Iglesias: Podemos es el único partido de izquierda que ha puesto sobre la mesa una propuesta seria de Gobierno de progreso. Dirá a los votantes socialistas: yo entiendo vuestras inquietudes de izquierda y yo os las daré, vuestro partido sólo ha querido gobernar con la derecha, con Ciudadanos y no con los únicos que asegurábamos políticas de izquierda.

Es más, con su jugada maestra Iglesias se ha ventilado también a otra peligrosa piedra en su zapato: la tan ansiada llegada de Susana Díaz a la dirección socialista en Ferraz. El despliegue de diálogo y propuestas de gobierno de Sánchez durante las últimas semanas (y las que quedan) ha hecho desaparecer el descontento interno que había con el secretario general. De hecho, ya sólo se baraja unas primarias en las que no habría otro candidato más que él. Soberbia jugada.

Y ha mantenido tan distraído y obnubilado al PSOE por la posibilidad (no aritmética) de formar gobierno, que no ha caído en las dos trampas mayores. Una, no ha tenido tiempo si quiera de considerar la posibilidad de dejar gobernar al PP en minoría; esta opción -nunca barajada por Sánchez- habría pasado por tener atado en corto a Rajoy, obligándole a tragar por donde ellos dijeran en una legislatura previsiblemente corta y de la que el PP saldría de nuevo escaldado: por la corrupción y por la menor reactivación de la economía que supondría levantar el pie del acelerador cumplidor del déficit. Y dos, haber permitido que en el imaginario de todos los ciudadanos españoles -de nuevo votantes de aquí a unos meses- Iglesias haya aparecido como hombre de Gobierno. Quien hasta hace algo más de dos años era un completo desconocido asiduo a algunas tertulias políticas, director de un programa en La Tuerka, es hoy visto por una gran cantidad de españoles como un hombre que ha estado muy cerca de ser el vicepresidente del Gobierno de España. Hundido.

Debates europeos: las carencias que tenemos

Cuando uno sale fuera, se da cuenta de las carencias que tiene dentro. Es lo que sucede si salimos de una ciudad de provincias y vamos a la capital. Y no digamos si viajamos al extranjero. Es el verdadero momento en el que descubres que la aparente felicidad-bienestar en la que vives es bastante mejorable al ser comparada con otros lugares.

Algo así ocurrió la noche del doble debate electoral para las europeas. Por un lado, pudimos ver un debate entre los 5 candidatos a presidir la Comisión Europea. Las intervenciones eran de 60 escrupulosos segundos para cada uno de ellos, según los temas y el orden de las intervenciones que iba marcando la periodista italiana Mónica Maggioni -quien se reveló como una fantástica oradora que supo mantener el ritmo toda la noche-.

Cada candidato contaba además con varios comodines que les servían para poder aumentar en 30 segundos más su intervención cuando les interesara. Y los temas de los que se hablaron, fueron todos los que importan a los europeos: desde la crisis, la financiación y el sistema bancario hasta la inmigración, sin dejar de tocar el tema de los lobbies y la corrupción. Fue un debate sin tapujos, dinámico, ágil y muy europeo donde los candidatos debieron llevar sus temas muy bien preparados para poder dar con claridad -en menos de un minuto- la idea central del grupo al que representan. Debían contar con dejarse un margen de tiempo por si debían responder a algún contrincante y asegurarse de que sus mensajes fuesen claros, concisos y convincentes. Y a la vez, cuidar su imagen, su voz, su lenguaje corporal… Ahí es nada.

Pero lo consiguieron. Algunos candidatos lo hicieron mejor que otros, todo hay que decirlo. Yo, personalmente, creo que destacó por sus formas, energía, mensajes y utilización de los tiempos la jovencísima candidata verde, la alemana Ska Keller; mientras que, bajo mi opinión, en último lugar quedó el candidato del Partido Popular Europeo Jean-Claude Junker precisamente por lo mismo: por sus formas, su falta de energía, los mensajes (en su mayoría pobres y diluidos) y el poco juego que dio.

En las redes sociales, el debate fue igualmente intenso. Algunos de los perfiles de los candidatos, con bastante acierto bajo mi punto de vista, tuiteaban las intervenciones en directo, haciéndose eco y repicando en la red de los 140 caracteres lo que hablaban en vivo. Algunos de ellos, como el socialista Martin Schulz, con el buen ojo como para hacerlo en diferentes idiomas, convirtiendo su propio timeline en una bella torre de babel entre tuits propios y ajenos.

Como es lógico, hubo unanimidad para elegir el hashtag. Y #TellEurope fue el claro TT (Trendic Topic: tema más usado por los tuiteros) de la noche en casi toda Europa. La imagen de la nube de tags más usados en los tuits del debate fue también muy interesante. Sólo los candidatos de los dos grandes partidos añadían su propio hashtag #NowSchulz o #WithJunker que han venido usando a lo largo de la campaña y precampaña electoral.

Pero la gran depresión -para los telespectadores que habíamos seguido el primer debate sobre todo- se produjo al terminar el debate a 5. Fue nada más empezar el cara a cara protagonizado por los candidatos de los dos grandes partidos en las europeas. Miguel Arias Cañete (PP) y Elena Valenciano (PSOE) protagonizaron un programa de televisión monográfico electoral, con tiempos repartidos y temas pactados, en el que se habló poco -o muy poco- de Europa y mucho en clave nacional con argumentos manidos y nada originales. Una auténtica farsa que dejaba mucho que desear. Empezando por la presencia de otros partidos, aunque fueran minoritarios.

Y en las redes el ridículo, como suele ocurrir, no fue para menos. El hashtag de la noche fue el que impuso la emisora del debate: #CaraACaraTVE (bastante mejorable, por cierto: las siglas de la cadena pública sobraban, por ejemplo…). Y junto al lógico TT en España de la etiqueta oficial, las ya clásicas guerras de hashtag para imponer #GanaCañete frente a #CañeteKO. ¿Pero no saben ya los equipos de comunicación que los TT no son más que un éxito efímero que siempre se logra con numerosos tuits en contra? Es más que probable, incluso, que en el partido opuesto se aprovechen del TT para colar su propia ideología con la etiqueta. Y todo, ¿para qué? Para lograr una imagen tan triste como ésta:

Pero como la realidad siempre supera a la ficción y Spain is different para todo, la mañana post debate lo cambió todo rápidamente. Un enorme y duradero TT arrasó el timeline nacional durante todo el día. #HomoCañetus es el hashtag elegido para comentar con enorme sorna las propias declaraciones del candidato popular, justificando que dejara ganar a su contrincante en el debate para no parecer machista. Lo que decía. Que cuando uno sale fuera, se da cuenta de las enormes carencias que tiene dentro.

El uso de Twitter en los actos políticos: #DelRajoyCumple al #FindelaCita (I)

Es mejor asumirlo: los hashtags políticos que son usados como armas siempre tienen mal resultado. Generalmente, acaban siendo una bomba de relojería que estalla en Twitter alcanzando el Trendic Topic con tuits que provocan numerosas risas y cuantiosos sonrojos en el partido que lo lanzó. Ocurrió así en las pasadas elecciones generales con #SumateAlCambio y #VotaPSOE, igual que más adelante con #YoCreoEnRajoy o #QueLaEnseñeRubalcaba.

Pero no parece que aprendan. Y la historia vuelve a repetirse una y otra vez. En esta ocasión, hablamos de los hashtags elegidos por el PP y el PSOE para centralizar las conversaciones en la comparecencia de Rajoy en el Congreso por el caso Bárcenas el pasado 1 de agosto.

#RajoyCumple fue el elegido y publicitado por el PP como el hashtag o consigna del día para militantes y simpatizantes del PP. La clave, recordar los logros económicos obtenidos por la agenda reformista del Gobierno y recordar el objetivo del actual presidente del Gobierno: sacar al país de la crisis. Fue emitido a primera hora de la mañana de manera vertical y propagado regionalmente y localmente para activar y movilizar a sus huestes.

El PSOE, por su parte, escogió continuar con la estrategia-denuncia de los cobros en B en “sobres” con el juego de palabras #RajoySobra. Pero como Twitter tiene sus propias reglas, no triunfaron ninguno de los dos. Apenas pasados 30 minutos de que el presidente iniciara su intervención en la tribuna, y justo después de pronunciara por tercera vez la aliteración “fin de la cita”, ésta ya era tendencia en el Senado. En menos de un cuarto de hora se emitió un tuit que logró la abrumadora cifra de cerca de 3.000 retuits, bromeando con el #findelacita. Prometía ser algo épico. Y lo fue, tal y como demuestra esta gráfica facilitada por la herramienta de monitorización de Pirendo:

Escoger un hashtag para centralizar la conversación durante la celebración de un próximo evento es una estrategia muy extendida y casi siempre acertada para facilitar que sean tuiteados. Sin embargo, cuando nos encontramos ante un acto político, la etiqueta nunca o rara vez es neutral. Generalmente los responsables de comunicación de los diferentes partidos se empeñan en insertar en los temas tendencia del día su propia visión de la realidad con hashtag que son cualquier cosa menos objetivos o asépticos. Y el resultado es siempre el mismo: la comunidad tuitera devuelve a los partidos con efecto de boomerang el mensaje que les han intentado hacer tragar con todo tipo de bromas, chanzas y tuits emitidos irónicamente dando la vuelta a su mensaje. Porque, como hemos dicho muchas veces en este blog, los hashtags son como armas que carga el diablo.

Por si fuera poco, el desconocimiento del funcionamiento del potente canal de Twitter y su obsesión por ser Trendic Topic les lleva a realizar malas prácticas, spamear e ignorar lo que en realidad está ocurriendo en la comunidad. Así, y a pesar de que #findelacita hubiera sido TT global y hubiera logrado su propio espacio en informativos internacionales y todo tipo de diarios (como aquíaquí, aquí o aquí)  hubo quien presumió de haber ganado el debate en Twitter:

Tuitear un acto político con el objetivo de ser TT es uno de los mayores dislates que se pueden cometer en las redes sociales. En primer lugar porque es un logro efímero, que dura muy pocas horas y que apenas quedará en la memoria del community manager que lo gestionó o del estratega que lo ideó. El resto de la ciudadanía con presencia en Twitter habrá observado con estupor cómo de nuevo en Twitter se ríen de los políticos con cualquier excusa. Y por su puesto, ni se le habrá pasado por la cabeza empezar a ver la realidad como al estratega que ideó el hashtag le gustaría.

Pero si aun desoyendo estos consejos los equipos de comunicación del partido político que sea deciden introducir su coloreada etiqueta, hagan caso al menos del siguiente: introduzcan el término tal cual lo piensen usar en los principales motores de búsqueda. Y por supuesto, en el de Twitter. Si el día antes del debate el PP lo hubiera hecho, se habría encontrado con lo siguiente:

Y tú, ¿también crees que si el PP lo hubiera monitorizado antes habría elegido otro hashtag? 😉

@elenabarrios

* Este post es parte de la ponencia presentada en el I Congreso Internacional de Open Goverment.

La presidenta no tiene quien le escriba

La nueva presidenta autonómica de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, no tiene quien le escriba. De hecho, su Twitter se ha quedado mudo desde el pasado 25 de julio. Y si no escribimos, por supuesto de actualizar la bio ni hablamos. Ésta es la imagen que presenta su perfil el día de la toma de posesión del nuevo cargo. Y conociendo el percal, será probablemente la que permanezca durante algún tiempo aún al buscar en esta red a la usuaria @_susanadiaz (¿nadie le comentó cuando se abrió el perfil que los _gionesbajos_ son lo peor?)

Entendemos que sus recientes ocupaciones como sucesora in pectore la habrán tenido demasiado ocupada como para perder “cero coma treinta” segundos en cualquier trayecto de su vehículo oficial para actualizar su Twitter desde el teléfono. Pero ¿que no lo haya hecho nadie de su equipo? ¿De verdad nadie de comunicación del PSOE se ha dado cuenta de que la presidenta no tiene quien le escriba?… Pues ya va siendo hora 😉

De todas formas, siendo honestos, poco esperamos de esta nueva presidenta en las redes sociales. Oficialmente, su presencia en Internet se limita a este somero perfil en la red de los 140 caracteres: es lo que tiene llegar a presidenta sin haberse presentado a unas elecciones, que tu equipo de comunicación no tuvo que preocuparse en abrir cuentas por doquier en todas las redes para dejar un profundo y profuso rastro digital del candidato en Internet.

Precisamente por no haber tenido campaña electoral, y porque la precipitación ha jugado bastante en este relevo a la carrera que se ha producido (de nuevo) en la presidencia de la Junta de Andalucía por el acoso de los ERE, hoy sabemos que la presidenta no tiene quien le escriba. Porque analizando su perfil de Twitter se descubre a una consejera fresca, directa, personal, que responde a las menciones (que le interesan) y que se muestra cercana con sus compañeros de partido.

Una vez que anunció su candidatura a las primarias, todo cambió en su Twitter. Salvo el anuncio de hacerlo, y la publicación de la carta en la que pedía el aval a los militantes del partido, ni una sola referencia más; ni siquiera al hecho de que ya fueran innecesarias las elecciones porque era la única que había reunido los avales exigidos. Pero ni a esa cuestión ni a ninguna otra, salvo la referencia al accidente ferroviario en Galicia la víspera de Santiago.

Imaginamos que la urgente preparación para el relevo en el cargo ha precipitado su silencio tuitero, señora presidenta. Imaginamos también que ya habrá asimilado que no seguirá usando esta herramienta como antes. Pero ya que es la única red social (por así decirlo) en la que se deja ver, sería de un gran interés para esta tierra que no perdiera el contacto virtual con la realidad ciudadana que aporta Twitter. Dentro de poco ya tendrá quien le escriba. Pero, por favor, no deje de leer tuits, trendic topics y hashtags, tuits de gente de su partido y de los contrarios: su objetividad se lo agradecerá. Y aunque no siga listas ajenas ni propias, aunque no haga favoritos a sus tuits preferidos, amplíe esa lista de follwing que tiene: sus pies estarán mejor asidos al suelo y, por lo tanto, más cerca de esos ciudadanos que nunca le votaron como presidenta pero que, sin duda, deberán hacerlo algún día.

@elenabarrios

Con todo el pescado vendido

Se sabía antes de que se celebraran los comicios: o el PP obtenía la mayoría absoluta o no podría alcanzar San Telmo. Y así, a falta de cinco escaños, Javier Arenas se encuentra a un único paso de lograr el Gobierno en la Junta de Andalucía.

Lo cierto es que ya está todo el pescado vendido. Valderas ya anunció antes de las elecciones que no permitiría un gobierno de derechas. Por eso el PSOE celebró la noche electoral como la de un gran triunfo a pesar de haber perdido 9 escaños. Aún así, Arenas hizo los deberes y en plena resaca electoral sacó la bandera del pacto de gobernabilidad, como si fuera posible un pacto PSOE-PP al estilo alemán, (el del País Vasco tiene la connotación de que fue para evitar el gobierno nacionalista de PNV. Y el de Extremadura, ya está jugando malas pasadas al PP). Así, se garantizaría la estabilidad del Gobierno en los tiempos difíciles que vivimos de arcas públicas vacías. Como era de prever, nadie le hizo caso.

Más tarde, con las aguas más calmadas, comenzaron las disputas en el seno de IU. El ala más radical de su partido, la de Sánchez Gordillo, se opuso claramente a que IU se vendiera en un pacto de gobierno con el PSOE. Y las bases, que deben aprobar la decisión en un referéndum vinculante, son siempre reacias a gobernar con el PSOE: por principios y por el alto coste electoral que luego les supone. Lo más planteable para IU sería un pacto de investidura: apoyar la elección del presidente y condicionar todas las decisiones de gobierno a posteriores pactos. Pero no, Griñán avisa que el acuerdo es para cuatro años: de lo contrario, se augura una legislatura muy corta y con terribles dolores de cabeza para el partido de Gobierno, que tendría que pactar todas y cada una de las decisiones de calado en un parlamento en el que no tiene ni siquiera la mayoría simple.

El tiempo ha pasado y el próximo19 de abril se constituirá el Parlamento Andaluz. Ahora todo son prisas. Griñán confía en cerrar el acuerdo en una semana: eso sí, supone la entrada de IU en el Gobierno y la creación de un bastión de oposición global al Gobierno Central desde Andalucía, tal y como se hiciera durante los ocho años de Aznar. La idea romántica de ser el reducto “rojo” en un mapa ibérico teñido prácticamente de azul, refuerza a los que dudan de las ventajas de pactar con el PSOE. Pero IU es consciente de haber recogido gran parte del voto descontento socialista: si ahora le dan gobierno ¿no estarán traicionando a su electorado?, se preguntan en las asambleas. Y encima, con amenazas de escisión por parte del alcalde de Marinaleda. Por eso, desde la dirección regional de IU no tienen prisa y esperan cerrar acuerdos de programa suficientemente importantes que les permita entrar en el Gobierno.

Según recogía ayer la versión digital de La Razón, “La otra incógnita que IU debe despejar es cuándo se celebrará el referéndum vinculante entre sus bases. El sector contrario al pacto sospecha que no se convocará. De momento, las agrupaciones locales ya han hablado. En Sevilla, territorio controlado por Juan Manuel Sánchez Gordillo, las agrupaciones han rechazado un pacto con el PSOE, según la dirección provincial. Sólo una asamblea votó a favor de un  acuerdo de legislatura; 16 se pronunciaron por apoyar la investidura de Griñán con condiciones programáticas; diez se decantaron por la abstención o «votarnos a nosotros mismos»;  y once asambleas no apostaron por ninguna proposición. Estos datos los puso en duda la dirección regional, que apuntó que sólo diez rechazaron cualquier tipo de acuerdo.   
Mañana, el sector crítico que engloba al Sindicato de Trabajadores del Campo y de la CUT-BAI se reunirán en Osuna (Sevilla) para seguir haciendo fuerza para que IU rechace un pacto con el PSOE y no entre en un futuro Gobierno. En todo caso, un apoyo a Griñán y siempre que cumpla determinadas condiciones”.

Pero la maquinaria ya está en marcha. Y aunque Arenas trata de quemar estos días sus últimos cartuchos, recordando que el Gobierno entre los dos grandes es posible, ya han salido los sindicatos a apoyar el pacto de IU con el PSOE. Es la prueba irrefutable de que todo el pescado está ya vendido.

Los protagonistas de las elecciones andaluzas

El batacazo ha sido grande, pero de quien no se esperaba. Las encuestas jugaron una mala pasada, y el Partido Popular de Andalucía sufre hoy las consecuencias de haberse creído triunfador y sentirse perdedor pese a haber ganado.

Estas elecciones, que se celebran tres meses después de unas generales que llevaron al PP a la mayoría absoluta en el Gobierno de la nación, dan pie a múltiples lecturas de lo ocurrido. La más socorrida, que Rajoy suspende 100 días después de empezar a gobernar. Pero yo tengo mis dudas: el debate autonómico  sobre todo en Andalucía es demasiado peculiar para extrapolar los datos de las nacionales. Son 400.000 votos los que ha perdido el PP entre la contienda general y la autonómica. Pero en esta ocasión ha pesado, sin duda, que las andaluzas se celebraran por primera vez en 16 años por separado de las legislativas. El PSOE sabía que era la única opción para evitar la gran debacle general, y lo ha logrado.

Fuente: Datos oficiales de la Junta de Andalucía

Pero no es el único motivo. Los escándalos de los ERE fraudulentos y la corrupción han pasado factura al PSOE, aunque a la vista de los resultados, no tanta como habían previsto las encuestas: 9 escaños y cerca de 700.000 votos. Pero aún mantiene más un millón y medio de electorado fiel que le permite presumir de una dulce derrota que en realidad es una victoria. El perfecto control de los medios audiovisuales y sus mensajes han jugado sin duda un papel fundamental en esta mínima sangría de votos. José Antonio Griñán sale reforzado dentro y fuera de esta tierra. Ya tuvo que demostrar su fuerza en un Congreso Regional tras ser designado por Manuel Chaves como sucesor ‘digital’. No quiso mojarse pero se posicionó a favor de la baza perdedora en las Primarias de su partido. Y hoy sabe que podrá seguir gobernando a pesar de haber perdido las elecciones.

Diego Valderas es el gran triunfador del encuentro electoral. Pese a haber anunciado que pactaría con el PSOE para impedir la gobernabilidad del PP en la Junta, IU ha logrado doblar la representación autonómica que tenía y es la única fuerza política que gana votos absolutos (120.000). Lo cierto es que Valderas ha ganado en todas partes menos en su pueblo (Bollullos, como bien apunta en su blog @ascandi, donde sacó 1.000 votos menos que en los últimos comicios autónomicos). Y es llave de Gobierno, a pesar de que su electorado haya castigado siempre con posterioridad los pactos de gobernabilidad.

Otro de los elementos a analizar es el candidato que ha perdido las elecciones. Javier Arenas, a pesar de haber sido la fuerza más votada y haber logrado el apoyo del 40,66% de los votantes, ha sido derrotado. Por cuarta vez el dirigente popular se ha presentado a estos comicios. Y en ninguna de las ocasiones ha logrado la presidencia de la Junta. Pero uno de los datos más duros es que el propio Arenas en el año 2008 logró 1.730.000, y en esta ocasión ha perdido 160.000 votos de respaldo a su propia persona; y 400.000 de apoyo a su partido en las pasadas generales del 20N (hace sólo tres meses). El candidato del PP ha sido, con toda probabilidad, motivo y causa de estos resultados. Que su figura genera rechazo en los votantes es una verdad irrefutable después de cuatro intentos. El hecho de partir como favorito en las encuestas le hizo tomar decisiones -cuanto menos arriesgadas en su momento-  que hoy se ven como errores directos: es el caso de la incomparecencia en el debate de Canal Sur (como dice @antonigr en este artículo y en éste otro sobre la silla vacía).

Sin duda el PP andaluz debe afrontar ahora una profunda renovación que se hace más necesaria que nunca. Como sostiene @lacarreter en su análisis, los resultados electorales piden cambios: cambio en la manera de hacer las cosas que hasta ahora ha tenido el PSOE en la Junta de Andalucía (700.000 votos menos). Cambio en la candidatura y/o directiva popular que no ha logrado convencer a los electores andaluces (400.000 votos menos que en las elecciones generales de hace 3 meses). Cambio en el papel que debe jugar la izquierda en esta tierra: logran 120.000 votos más que en las últimas autonómicas. Y eso, a pesar de la importante abstención, que es el otro gran protagonista de estas elecciones: frente a los 3.900.000 votantes de ayer, hay 2.400.000 andaluces que no lo hicieron. Ellos son los grandes protagonistas de estas elecciones: los que no estuvieron. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha provocado la ausencia de tantos electores? ¿Qué mensajes fallaron y no lograron que se movieran el domingo del sillón? ¿O qué determinó su decisión de no ir a votar?

Sabemos que la autocrítica no es una virtud común entre la clase política de este país. Pero después de la noche de ayer, todos deberían hacerlo. Ahora empieza verdaderamente la jornada de reflexión.

En la resaca electoral

No hubo sorpresas. Ganó el que todos imaginaban. Perdió quien todo el mundo sabía, pero por una diferencia mayor de la que nadie esperaba. Pero hubo más. Recién celebradas las elecciones legislativas en nuestro país, sacamos a bote pronto algunas conclusiones.

El PP, ganador de las elecciones por mayoría absoluta y que ha obtenido el mejor resultado de su historia, ha crecido en medio millón de votos respecto a las últimas elecciones (la mitad de ellos de Andalucía, ojo). La amplia mayoría absoluta obtenida responde entonces también al elevado índice de abstención, a pesar de que la participación superara el 70%, y este dato se considerara como válido por todos los opinantes al respecto. Si no me fallan las cuentas, eso es que casi uno de cada tres españoles prefirió no votar. No sé a ustedes, pero a mí no me deja muy tranquila ese dato.

La gran abstención se debió, sobre todo, a antiguos votantes del PSOE. De ahí el batacazo electoral del hasta ahora partido de gobierno. Excepto Barcelona y Sevilla, todas las demás provincias votaron mayoritariamente al PP. Tenemos un mapa de España que ha pintado de color azul incluso los grandes bastiones del voto socialista, como eran Andalucía y Extremadura. La oportunísima separación (después de 16 años) de las elecciones generales y andaluzas permiten al PSOE correr una contrarreloj desesperada de aquí al mes de marzo, momento en que se abrirán de nuevo las urnas andaluzas. Casi con toda seguridad intentarán azuzar el temor por las acciones puestas en marcha por Madrid como casi única arma electoral. El pánico no ha hecho más que empezar en la sede del PSOE-A. Y no es para menos, el 20-N Andalucía votó al PP. La nueva carrera electoral ya ha comenzado en el Sur.  

Además, como consecuencia de las dos premisas anteriores, la izquierda se recuperó notablemente entre el electorado. Supieron fidelizar a los suyos y, además, atraer los votos descontentos de las acciones más duras del PSOE. También se vieron beneficiados por la abstención.

Sin embargo nuestro sistema ha dejado al descubierto alguna de sus mayores vergüenzas. El hecho de que UPyD se haya quedado a las puertas de tener grupo propio en el Parlamento, a pesar de contar con más de 1.100.000 votos por todo el país, es una muestra de ello. Y más si tenemos en cuenta que otros partidos más pequeños, con 300.000 votos, han logrado grupo propio y una mayor representación en escaños. Son los efectos colaterales de la Ley D’Hont, ese gran desconocido culpable del desajuste del valor de los votos de los españoles según el tamaño de la circunscripción en la que vivan. Incomprensible. Miren este gráfico del diario digital lainformacion.com en el que se muestra cómo habría quedado el Parlamento si todos los votos valieran lo mismo.

La otra gran sorpresa, la entrada en el Parlamento de España del nuevo partido de la izquierda abertxale, herederos de HB, con grupo propio y una amplia representación (para ser un partido nacionalista). Es el pago que el pueblo vasco hace al reciente anuncio de abandono de las armas que hacía la banda terrorista ETA justo un mes antes de las elecciones. ¿A que ahora vemos todos con gran claridad que no era casual?

En definitiva, cambio, abstención y reparto desigual de votos han marcado las elecciones del 20-N. Esas en las que el presidente del Gobierno se escondió y dejó sólo a su candidato. Un día después, valoraba el resultado, ya como ex presidente cesado por el BOE. ¿Hará lo mismo Manuel Chaves en Andalucía si Griñán pierde las elecciones? Dentro de cuatro meses la respuesta.

Los hashtags son como las armas: los carga el diablo…

Después de las elecciones del 20 N, los partidos que desarrollan sus campañas en los Social Media habrán aprendido muchas cosas. Y una de ellas será que al utilizar los hashtags como arma electoral les puede pasar que los cargue el diablo.

Le pasó al PP cuando daba a conocer su lema para la campaña “Súmate al cambio”, mientras que la guerra se desataba en Twitter. El PP se orgullecía de haber sido TT nacional, es decir, que la etiqueta #sumatealcambio estuviera entre las más usadas por los usuarios de Twitter durante ese día.

Pero claro, si se hubiera tenido en cuenta el contenido de los tweets, no habría motivo para presumir:

Y aún hubo mucho más: 
Pero como no escarmentamos nunca en cabeza ajena, ahora le ha tocado el PSOE. Nada más comenzar la campaña electoral, colocaron en TT el hashtag #votaPSOE con idéntico resultado: 
Pero leyendo los tweets de la etiqueta nos encontramos con ésto: 
Y todavía más: 

Estarán conmigo: ¿verdad que hay hashtags que los carga el diablo?