Pedro Sánchez y la gestión de la ‘megacrisis’

¿Agarrarse al poder o defender el interés de las bases? Si preguntáramos a los militantes qué piensan de la actitud de Sánchez darían sin dudar la segunda opción. En cambio, si lo hiciéramos entre los electores, la respuesta sería la primera. E idéntica contestación obtendríamos si preguntáramos a los votantes del PSOE.

¿Es un problema de comunicación? Sin duda. Pedro Sánchez con su comportamiento está emitiendo un mensaje que es interpretado de manera diferente según quien lo recibe. Y él mismo, probablemente, ha olvidado que su obligación es ganar elecciones y en su defecto, ganar votos o mantenerlos. Nada de esto está logrando. Y sin embargo se aferra al cargo. Su justificación de hacer lo que le piden las bases, por mucho apoyo que pudiera obtener de éstas, no le llevará a la victoria en las urnas ni al Gobierno.

Pero también hay un error en el planteamiento de partida. Pedro Sánchez encontró en las bases la excusa que necesitaba para no dejar gobernar a Rajoy. A pesar de que su orgullo quedara mortalmente herido la tarde del 22 de enero al recibir por boca del rey la intención de Pablo Iglesias de hacerle presidente, una luz se encendió dentro de él: “puedo lograrlo; puedo evitar mi defenestración política y lograr un nuevo Gobierno del PSOE”, debió pensar. Y esa idea ya nunca le ha abandonado. Punto para Pablo Iglesias que, lejos de querer gobernar con el PSOE (en realidad lo que quiere es su suelo electoral, no llevarle al poder) consiguió que se tragara ese dardo envenado de poder gobernar y alejó de la mente de Sánchez para siempre la idea de pactar con el PP. (Entre tanto Podemos ganaba tiempo para seguir robando votos al PSOE, dejando el Gobierno del PP maniatado sin poder continuar con las reformas y la previsible mejora económica. Lo que, de paso, le ha venido de perlas ahora mismo para tratar de rehacer la unidad de su joven partido frente a dos liderazgos bien distintos con sus correspondientes maneras de ver el partido.)

¿Qué ha hecho bien Pedro Sánchez? Mantener fija su postura, equivocada o no. Argumentó hacer la voluntad de las bases y de ahí no se ha movido. Esta firmeza le ha permitido una distancia importante que le ha evitado cometer errores, como el que ha supuesto la dimisión en bloque de la mitad de la Ejecutiva. Este gesto, que pretendía lograr la caída de Pedro, ha sido un error en toda regla: una vez que se han ido, ¿quién le va a plantar cara y oposición en la próxima Comisión? Nadie. Es más, saldrá nombrada una nueva a su imagen y semejanza. Punto para Sánchez.

Pero lo que es un acierto aparente, fijar al PP y a Rajoy como principal enemigo, tiene el peligro de obviar al verdadero león que acecha para devorar a su presa: Podemos. Infravalorar a tu adversario rara vez tiene sentido, si no es para hacerle el vacío –válido en sólo algunas situaciones-. Pero una vez que no sólo no se lo hace sino que se sienta a negociar con él para llegar al poder, Sánchez ha demostrado tener poca visión y perspectiva de lo que realmente estaba ocurriendo en este momento.

¿Qué más ha hecho mal? Creer que con tener contentas a sus bases mantenía a salvo el partido. Falso. A la vista está. Su partido, más dividido que nunca, no ha hecho más que pulverizar sus propias marcas históricas de fracasos electorales. Las bases del PSOE le podrán mantener en la secretaría general, pero nunca le van a hacer ganar elecciones.

¿Qué va a hacer Sánchez? Probablemente mantenerse en su postura, aferrarse al poder que le otorgan las bases y seguir negociando con Podemos y nacionalistas un pacto que nunca llegará y provocará la convocatoria de unas terceras elecciones con un PSOE dividido y probablemente escindido… “Divide y vencerás” es una de las estrategias de guerra y política más antiguas que se conocen. ¿Quién sería el cabeza de la oposición en ese escenario post electoral? Minipunto para el equipo de los de Iglesias. De nuevo.

¿Qué debería hacer ahora el secretario general socialista? Cambiar el paradigma en el que se mueve. Redefinir a su enemigo y marcar de nuevo su objetivo: mantener su electorado y no perder ni un voto frente a los nuevos partidos: Ciudadanos y Podemos. Sus bases, después de este enrocamiento de Sánchez contra el PP, podrían apoyarle si lo vendiera bien. Permitir un Gobierno del PP no es tan malo como creen: es lograr mantenerse como líder de la oposición. Ser quien verdaderamente marca los pasos al Gobierno y forzar la adopción de medidas que electoralmente beneficien a su partido. Es también permitir al PSOE hacer una oposición que ni Iglesias ni Rivera conocen ni dominan. Es dejar que su partido se mueva en las aguas que conoce y en las que se mueve con agilidad frente a la torpeza de los nuevos. ¿Recuerdan las iniciativas presentadas en el Congreso por los de Iglesias en la legislatura más corta de la Historia? Se rieron de ellos en el Parlamento, les acusaron de falta de rigor y les dejaron en ridículo. Con la gran trayectoria política de muchos de sus diputados, con las buenas cabezas que cuentan en sus filas, el PSOE podría vapulear a las nuevas fuerzas parlamentarias si quisiera. Y eso, acompañado de una eficaz estrategia en medios y mensajes, podría calar en el electorado que ya le abandonó.

No todo está perdido para Sánchez si es capaz de recuperar una postura coherente para el electorado y no se mandan y se reciben mensajes equívocos y contradictorios. La supervivencia del PSOE, tal y como lo hemos conocido hasta ahora, aún es posible. ¿Será capaz de gestionarla?

El PP, el 26-J y la segmentación

El PP se ha puesto las pilas de cara al 26-J. Segmentación geolocalizada de publicidad online, agresividad en discursos y anuncios, mensajes incisivos que tapan los mayores agujeros de sus propuestas… Sorprendentemente, esta es la campaña que está desarrollando el PP para las elecciones del 26-J. 
Y hablo de sorpresa porque no es eso a lo que nos tienen acostumbrados. Mucho menos en el partido del candidato que, siendo presidente, ha dado ruedas de prensa a través de un plasma. El partido que menos y peor ha comunicado sin duda en los últimos años, el que se centró tanto en la recuperación económica del país que se olvidó de contarlo a sus ciudadanos, el partido que no fue capaz de revalidar un gobierno a los 4 años de su mandato. 
Pues eso se acabó. Al menos en esta campaña. Hay nuevos aires que lo demuestran en todas sus acciones: desde los vídeos electorales hasta la publicidad online. Han estudiado las encuestas, han visto donde flojean, dónde está su audiencia, dónde les interesa actuar más, y qué motivos deben dar a esos ciudadanos para que les voten. Y para muestra un botón:  
Anuncio segmentado localmente del PP en Facebook. 
Anuncio segmentado localmente del PP en webs. 
Ambos anuncios -encontrados por una servidora mientras navegaba con su móvil anoche en una “provincia caliente del PP”-, segmentados geográficamente, tienen un mensaje claro: votar Ciudadanos es votar Podemos. Conscientes como son del agujero de votos que tiene su pipa de conversión hacia el partido de Rivera, ¿qué mejor manera que disfrazar su candidato con una coleta para identificar gráficamente qué supone en esa provincia votar al partido naranja?  
En ambos casos el anuncio derivaba a una landing page alojada en pp.es en la que, con un diseño actual, moderno, minimalista, sencillo y conceptual invitan a visitar la web electoral: ahoramasquenunca.es. En ella se suceden los diferentes vídeos electorales que ha puesto en marcha el PP para esta campaña. Aunque no están todos: echamos de menos el polémico vídeo de la línea roja, en el que se criticaban los vetos para pactos post electorales tras el 20-D (quizás por ser un vídeo de la precampaña electoral?). 
Página de aterrizaje de la campaña online del PP. 
Pero no han sido los únicos cambios. También los vídeos electorales, que ya en las pasadas elecciones apuntaban a otras maneras de comunicar, han seguido hablando un nuevo lenguaje que trata de acercarles más a la sociedad: haciendo uso del mejor sentido del humor, el que es capaz de reírse de uno mismo, han tratado de seguir quitándose algunos clichés, como con el vídeo de los hipster o los moteros
Y han ido más allá. Han atacado -con una acertada comparación en el vídeo del billar– las “carambolas” electorales que supuestamente muchos ex votantes del PP hicieron en pasadas campañas: votar a Ciudadanos para castigar al PP, pero esperando su posterior apoyo a Rajoy. Han dejado por incongruentes a todos aquéllos que, por no votar al presidente en funciones, eligen opciones con las que no están de acuerdo, como en el vídeo de los gatos.

Segmentación estratégica

En definitiva, que lo que está haciendo el PP en la campaña de las primeras elecciones repetidas en España es aprender de los errores pasados, continuar con las buenas acciones iniciadas en las últimas (prueba-ensayo-error…) y estudiar de verdad cuáles son sus verdaderos agujeros en la pipa de conversión de votos peperos: el voto castigo que se escapa a Ciudadanos, el voto castigo que se le niega al PP por ser Rajoy el candidato o el voto joven que huye porque piensa que es de otra generación (también han hecho un guiño a las generaciones que les son fieles con un emotivo vídeo sobre la sabiduría de la experiencia en el vídeo de la abuela).
Y lo que es más importante: han atacado de manera incisiva allí donde más les duele analizando los datos (muchos, muchísimos en la época de la política digital) y preparando campañas segmentadas. Aprovechando las oportunidades que da Internet y las redes sociales de preparar mensajes dirigidos donde se encuentra realmente su audiencia y atacar donde más falta les hace. Bienvenidos al mundo de la política y el marketing digital. 

Lo que pactes hoy te retratará mañana

A seis días de que se celebren las municipales y autonómicas en toda España, dos meses después de que se celebraran en Andalucía y sin que el partido ganador de las mismas haya sido capaz aún de formar gobierno, todos los partidos hacen cálculos sobre los posibles pactos que deberán cerrar en unas semanas. Hay mucho en juego.

Por un lado, los partidos hasta ahora mayoritarios ven que han perdido la hegemonía de la alternancia. Nuevas formaciones políticas, más jóvenes y frescas, sin experiencia en la gestión y aún sin mancha de corrupción, están viendo en las encuestas y en la calle un gran crecimiento en intención de voto. Las urnas ya hablaron hace dos meses en Andalucía: el bipartidismo PP-PSOE ha dejado paso a una composición casi cuatripartita PP-PSOE-Podemos-Ciudadanos en la que los pactos serán obligatorios.

Pero la realidad es que todos, desde los más pequeños hasta los más grandes, miran con ansia a finales de año y la cita con las elecciones generales. Y es que lo que pactes hoy te retratará mañana. En estos acuerdos son precisamente los partidos más pequeños quienes más tienen que perder: tanto Podemos como Ciudadanos, que se presentan como partidos limpios de corrupción, con nuevas ideas de regeneración democrática, pueden ver alterada la credibilidad de su discurso por tocar gobierno en algún lugar.

Esa es la principal razón por la que ni Ciudadanos ni Podemos han pactado aún con Susana Díaz para permitir su investidura. El calendario electoral, que inicialmente la presidenta andaluza en funciones creía a su favor por su propio interés político, juega a favor ahora de los acuerdos postelectorales para los dos partidos minoritarios. A principios de julio deberán volver a retratarse en el Parlamento Andaluz. Y para esa fecha todo el pescado estará vendido a nivel municipal y autonómico: extraños compañeros de cama veremos por toda la geografía española!

¿Qué podría ocurrir en Andalucía? ¿Y  más tarde, a nivel nacional? ¿Dejarán los dos grandes partidos que nuevas formaciones políticas entren en los gobiernos dispuestos a abrir puertas y ventanas, airear todo lo pasado, imponer transparencia y limpieza en instituciones que durante 30 años han estado gobernadas por los mismos? ¿Serían capaces de pactar entre ellos para evitarlo? ¿Es posible que esto haya sido ya incluso pre-pactado de antemano a nivel nacional entre ellos: que PP deje gobernar a PSOE en Andalucía a cambio de idéntica actitud a la inversa a nivel nacional? ¿Qué hablaron Susana Díaz y Mariano Rajoy el pasado mes de diciembre en Moncloa? ¿No resultan ahora curiosas las declaraciones de la actual presidenta andaluza en funciones sobre su preocupación por España? Muy pronto, todas las respuestas.

Elecciones Europeas’14: ¿esperanza de los partidos pequeños?

Las próximas elecciones europeas, que se celebrarán el próximo 25 de mayo en todos los países de la Unión, son el gran pulso que los políticos españoles deberán afrontar ante unos ciudadanos que las siguen viendo con una mezcla de escepticismo, estupor y lejanía. De hecho, la abstención es el gigante al que temen (o no) los grandes partidos españoles. Si sobrepasa el 50% de la participación sería un gran triunfo, aseguran en voz baja temiendo no llegar al 40%. Y por sí fuera poco, tanto el PP como el PSOE se juegan el todo en ellas.
Rajoy tendrá que validar ante la opinión pública sus políticas: si pierde su candidato será interpretado como un rechazo directo a las reformas que ha desarrollado en lo que lleva de legislatura, en pleno ecuador de su mandato. Por otra parte, supondría que perdiese también el “candidato de Rajoy”, toda vez que Mayor Oreja decidió no presentase. Y para rizar aún más el rizo, el candidato del PP lleva cierto tiempo de desventaja frente a los demás, ya que no ha sido aún anunciado. 
Rubalcaba, por su parte, se juega en estas elecciones la última carta que le queda. Si vuelve a obtener un pésimo resultado electoral no habrá manera de mantease ni un minuto más en el poder y se verá obligado a convocar las Primarias de inmediato. Quedará para siempre fuera de la política nacional de primera línea.  
Y mientras los grandes deberán pelear una batalla campal, los partidos más pequeños ven en las Europeas su gran oportunidad de recoger los descontentos que siembran los grandes por un lado, y lograr una mayor representación que la que obtendrían en unas generales, por el otro. Al ser toda España una única circunscripción dentro de la UE desde el punto de vista electoral, la proporcionalidad en el reparto del voto es directa y no inversa. Es el paraíso soñado para los partidos minoritarios: unas elecciones sin la dichosa Ley D’Hont. 
Estos partidos pequeños, como VOX por ejemplo, arañarán miles de votos descontentos del PP. Los de UPyD absorberán de nuevo el descontento socialista y además recogerán lo sembrado en estos últimos 5 años, cuando lograron sorprender a propios y extraños obteniendo un escaño en el Parlamento Europeo -representación que Sosa Wagner ha sabido llevar con dignidad-. Aspiran a superar esos resultados. Otros, como Ciudadanos, tratarán de acaparar al asfixiado electorado catalán no nacionalista. Y así, las minorías lograrán la mayoría suficiente para hacerse un hueco en el Parlamento Europeo. 
Recientemente me aseguraba un miembro del Parlamento Europeo que las minorías, sobre todo las radicales y aquellas antieuropeas, no tienen absolutamente nada que hacer en una cámara dominada por la derecha democristiana, con una abrumadora mayoría. Europa es azul, y las minorías radicales no tienen hueco casi en su principal cámara. Están porque la ley lo permite. Otra cosa es que les sirva para algo. 
Pero la desmembracion del voto español se debe más a otras cuestiones. Y eso quizá sea lo que más temen los grandes partidos en España: que los partidos minoritarios en España dejen de quedar reducidos a una mínima y ridícula presencia en Europa que, de ninguna manera, les pueda hacer daño en casa. Sin embargo, en Europa todo se negocia y decide en los pasillos. Y algunos de los candidatos de estos minoritarios cuentan con una amplia experiencia en el Parlamento, como es el caso de Alejo Vidal-Cuadras. Y eso, unido a la desmembración cada vez más evidente del electorado español que ya no es del todo rojo ni del todo azul, nos hará ver unas elecciones divertidas y atípicas cuanto menos. Serán el gran momento de todos los partidos pequeños. Por mucho que les pese a los grandes. 

El poder digital de los partidos políticos

No hablaré de comunicación digital. El poder “digital” del que hablo se refiere al de los “dedos” o “dedazos” que se dan en la política española, y que resultan tener un gran poder ejecutivo. El caso del PP de Andalucía y la frustada postulación de “n” candidatos por todo el territorio andaluz hasta el señalamiento por parte de Rajoy de Juan Manuel Moreno Bonilla es sólo un ejemplo de lo que ocurre en la política española. En toda ella. Y seguirá ocurriendo mientras no se haya verdadera democracia interna dentro de los partidos.

Imagen de Diccionario Electoral INAP

En el PSOE sonríen sin disimulo las críticas al “dedazo” propiciado por Mariano Rajoy para designar al candidato popular andaluz. Sin embargo, no quieren que se les recuerde cómo el proceso de “primarias” que nunca llegó a celebrarse en el PSOE-A no fue por falta de candidatos, sino por la imposibilidad de que éstos superaran la fuerza del aparato del partido sobre la candidata oficial (la actual presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz) y lograr las condiciones necesarias para serlo. Que le pregunten si no a Jose Antonio Rodríguez Sala, alcalde de Jun. O, más recientemente, la designación de Elena Valenciano como candidata a las elecciones europeas.

Pero que esto ocurra en todos los partidos mayoritarios españoles (sólo los pequeños se salvan con procesos de elección de candidatos aparentemente transparentes) no quiere decir que sea algo que la ciudadanía entienda y vea con buenos ojos. El lamentable espectáculo vivido en los últimos meses en el PP-A a cuenta de la elección del presidente y futuro candidato andaluz ha dejado un reguero de chascarrillos en todos los diarios que alejan aún más si cabe a los políticos de sus votantes: “ha sido una lucha entre Arenas y Cospedal”, “Soraya Saénz de Santamaría es la que tiene poder sobre Rajoy”, “Zoido y Cospedal quedan tocados tras la decisión de Rajoy”… por no hablar de los dos intentos fallidos de Cospedal y parados en seco por Rajoy en el útlimo minuto de nombrar a José Luis Sanz candidato a presidente del PP-A.

Porque el ciudadano de a pie no entiende que un partido que lleva 30 años tratando de gobernar en Andalucía sufra un descabezamiento y desorientación tan profunda después de que su último presidente abandonara el barco por no poder gobernar pese a haber ganado las elecciones. La marcha de Javier Arenas dejó al PP-A tan huérfano y perdido que sólo se entiende como una consecuencia del estilo de dirección que lo había dominado: el del control absoluto de todos los resortes del partido y su poder en todas y cada una de las esquinas de esta región. Y esto es como con la educación de los hijos: si no se les enseña poco a poco a usar su libertad, luego no se saber hacer uso de ella.

La gran pregunta es ¿pero existe libertad dentro de un partido político? Pues no. Como se ha visto: una o ninguna libertad. Por eso José Luis Sanz ha descartado presentar candidatura para presidir el PP-A, a pesar de contar con avales suficientes para hacerlo: quedaría para siempre marcado con el estigma del candidato crítico. Y eso, la falta de fidelidad, es algo que no se perdona nunca dentro de un partido. Y la venganza, por lo general, es un plato que se sirve frío. Que se lo pregunten hoy a Cospedal sobre Arenas.

Política y ciudadanía, tanto por hacer

Ahora que la corrupción ha sustituido a los políticos como el segundo problema para los ciudadanos -sólo por detrás del paro-. Ahora que creemos más en los movimientos sociales que los políticos porque vemos que aquéllos tienen más eficacia. Ahora que cada vez somos más los que pensamos que hay muchas cosas que cambiar en nuestro sistema democrático. Ahora que releo a Antoni Gutiérrez Rubí y sus ocho claves para recuperar la confianza política… Ahora es el momento de hablar de Regeneración Democrática y Ciudadanía, el tema que centró el  evento organizado hace unos días por #politicaredes en el Ateneo de Madrid y al que tuve la suerte de acudir y poder presentar y dar paso a las diferentes mesas de debate.

Salón Plenario del Ateneo de Madrid, testigo ilustre de importantes tertulias
políticas y culturales a lo largo de su historia

Fue todo un acierto de Carlos Gutiérrez, director de Gutiérrez Comunicación y creador de Política Redes, elegir el Plenario del Ateneo de Madrid. Este ilustre salón, inaugurado por Cánovas en 1884 (en su ubicación actual) y testigo de tantas discusiones culturales y políticas de referencia para nuestro país, fue testigo de un nuevo debate que podría tener similar trascendencia política, histórica y cultural con el paso de los años: el papel que juega la ciudadanía en la imprescindible Regeneración Democrática que está aún por ver y que está siendo tan demandada por diferentes sectores de la sociedad.

Comenzó Benigno Pendás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Abrió las intervenciones con “Una apuesta por la Regeneración Democrática”, donde dejó claro que la democracia participativa puede ser un buen complemento de la democracia representativa, pero nunca su sustituto. Igualmente, apostó por las nuevas tecnologías como motor de atracción a los jóvenes hacia las instituciones, de las que se sienten muy alejados y recomendó a la clase política acercarse más a los ciudadanos a través de las redes sociales, “dando pasos al frente”.

El socio director de Dog Comunicación Rafa Rubio, intervino con la conferencia “Una huida hacia adelante”, que fue prácticamente en lo que consistió su intervención, adelantándose al resto de las mesas de debate que se sucederían a lo largo de la jornada y a las que les planteaba las preguntas que a su juicio debían responder para dar una salida a la Regeneración Democrática a través de la Ciudadanía. En cualquier caso, defendió el momento actual como el de los proyectos pequeños, la hora de solucionar los problemas concretos de la sociedad a través de la colaboración que surja entre estos proyectos pequeños que parten de la propia ciudadanía.

Nuevos modos de diálogo entre políticos y ciudadanos

Antes de la pausa a media mañana tuvo lugar una de las mesas más reveladoras de la jornada, la de Lobby y Asuntos Públicos sobre “Ficción y realidad”, con Joan Navarro, socio y Vicepresidente de Asuntos Públicos de Llorente&Cuenca, María Rosa Rotondo, presidenta de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) y lobista profesional y Yolanda Román, activista social por los derechos de la infancia y bloguera de LasReincidentes.es. Entre todos, dejaron claro que el lobista es aquél agente de la sociedad que quiere participar de alguna manera en la toma de decisiones y que para ello utiliza como herramientas fundamentales la estrategia, el diálogo y la comunicación pero siempre basadas en la flexibilidad. De la mano de Rotondo conocimos la necesidad de una regulación en el sector, ya que si lobby es participación, regularlo es regular la participación de la sociedad civil en la democracia. Igualmente de clarificadora fue su afirmación, apropósito de las redes sociales, de que el diálogo entre políticos y ciudadanos ha cambiado aunque algunos aún no se hayan dado cuenta. Y apuntaba a la vez a la comunicación y a las nuevas tecnologías como los medios más receptivos para propiciar el diálogo con la clase política.

El evento fue también escenario de un interesante debate sobre como transparentar las organizaciones políticas a través de la apertura de los datos públicos. Era la mesa de Open Data. Comenzó Marc Garriga, experto en transparencia y procesos de aperturas de datos estableciendo que “los datos son el nuevo petróleo de la Sociedad” capaz de generar negocio y que el Open Data trata de “abrir los datos públicos de la forma más estándar posible para que puedan ser reutilizados de manera automática”. El creador del Open Data de Euskadi, Alberto Ortiz de Zárate, aclaró que la transparencia es un proceso que se forma con claridad y con obscenidad en el que se enseña lo oculto. Que cuando hay transparencia sin honestidad debemos hablar de “propaganda” y que en torno al proceso de la transparencia por parte de la Administración es necesario crear una comunidad y establecer un diálogo con ella. Finalmente, el experto en Open Datas Carlos de la Fuente, denunció que las actuales webs de los partidos políticos “son deprimentes: sólo son espacios  de difusión de noticias”, defendió el beneficio que supone a cualquier entidad generar información, además de advertir de que la no utilización de datos sólo significa que serán utilizados por quien no los ha generado, no que vayan a quedar ocultos. Y concluyó que la utilización de los datos supone una oportunidad en la que lograr participación , compromiso y confianza.

De la mesa del Ciberactivismo, protagonizada por distintos representantes de diferentes ONG’s concluimos, entre otras cuestiones, que si recogiendo firmas no se cambia el mundo, con el ciberactivismo se logra poder para influir en la toma de decisiones. En este sentido, las nuevas herramientas de comunicación tecnológicas juegan un papel fundamental, como reconoció abiertamente Emilia Sánchez, responsable de relaciones con las Cortes y la UE de Intermón Oxfam. “Twitter ofrece a los usuarios en general y a los ciberactivistas en particular una capacidad de dialogar con quienes toman las decisiones que antes no existía”, aseguró. En esta misma mesa también participaron María José Caballero, directora de campañas de Greenpeace y Miguel Ángel Calderón, director de comunicación de Amnistía Internacional en España, de quienes aprendimos la importancia que tienen tanto la libertad como la capacidad de buscar apoyos externos para las acciones de ciberactivismo.

La ciudadanía, oportunidad para enriquecer las instituciones

El debate acerca del papel de la ciudadanía en la Regeneración Democrática fue a parar entonces a la mesa sobre Guías de Estilo y Redes Sociales, donde Cristina Juesas, responsable de comunicación de Euskampus, quien defendió la importancia de contar con guías de estilo para definir cómo se gestionan las cuentas en las redes sociales y marcar, desde ellas, los niveles de respuesta ante las demandas de los ciudadanos. Por su parte Antonio Ibáñez Pascual, responsable de Gobierno Abierto de Castilla y León, destacó que definir el objetivo por el que una institución quiere entrar en las redes sociales antes de entrar es clave para el éxito o no de esa presencia; igualmente, aconseja que se responda a la pregunta: “Si yo no fuera yo, me seguiría en las redes sociales? como punto de partida para analizar y mejorar lo que no funciona. En este sentido, hay que alabar la intervención de Miguel Gonzalo, responsable de la web del Congreso de los Diputados, en la que no faltó la autocrítica y mencionó los retos que aún considera que tiene que lograr la cuenta oficial del Congreso en Twitter, tales como saber dar una respuesta a la desafección política de los ciudadanos. En cualquier caso, fue muy clarificador su opinión acerca de que “la ciudadanía es una gran oportunidad para enriquecer las instituciones”.

Finalmente, una mesa formada por distintos profesionales de los medios de comunicación cerró el debate sobre Ciudadanía y Regeneración Democrática debatiendo, precisamente, sobre el papel de los medios en este proceso. Juan Luis Sánchez, subdirector de ElDiario.es, Borja Ventura creador de Sesión de Control y Sonia Sánchez, actualmente jefa de política en Cadena Ser, coincidieron en apuntar el papel fundamental que las redes sociales juegan actualmente para que determinados hechos sean noticiables. En este mismo sentido, por ejemplo, Juan Luis Sánchez apuntó que un partido ya no es protagonista de la acción política, sino que será el instrumento de la acción política de otros. Como es ya casi tradición cada vez que participan periodistas en mesas redondas de eventos de redes sociales, en algún momento se llegó a cuestionar por parte del público el papel jugado por los medios de comunicación en los últimos años. Así, apareció en el debate el recurrente tema de si los medios de comunicación tradicionales son en parte “culpables” del ascenso de las redes sociales por haber vetado de la información a muchos sectores de la sociedad.

Concluyó así un intensísimo debate que se prolongó durante toda la jornada, que logró congregar a una gran cantidad de gente en el plenario del Ateneo de Madrid y a una cantidad muchísimo mayor tras la señal de streaming, logrando convertir el hashtag del evento #politicaredes en Trendic Topic durante gran parte de la jornada.

Aprendimos mucho. Sobre todo del largo camino que aún nos queda por recorrer. De cómo las potentes herramientas que suponen las redes sociales son un gran medio para salvar muchos de los problemas que acechan a la política en nuestros días (bueno, de la corrupción no la salva ni las redes). No hemos logrado aún conocer el camino que se deberá andar hasta lograr esta esperada Regeneración Democrática. Pero al menos nos queda el consuelo de saber que en las redes hemos iniciado el diálogo y que en ellas encontraremos el medio para lograr la conversación capaz de sentar sus bases, las de su salvación.

Creer en Rajoy por videoconferencia

Son casos de manual. Y mientras los políticos españoles sigan pensando que el mundo de la comunicación online se rige por las mismas reglas que el offline, seguiremos teniendo muchos más casos como éste.

Rajoy acababa sus “declaraciones” -por llamarlas de alguna manera- dando su palabra y su honor como prueba de su inocencia ante el escandaloso caso del cobro de “sobresueldos” (y nunca mejor dicho) en la cúpula del Partido Popular. Y tras negar la mayor, aparece en Twitter el primer tuit con el hashtag #YoCreoenRajoy (que sirve para unificar conversaciones en esta red). Rápidamente, es coreado por diferentes voces peperas.

Pero como ya sabemos por otras muchas ocasiones que también hemos estudiado ampliamente en otros artículos (como en éste), resulta que los hashtags en Twitter son como las armas: las carga el diablo. Y como  me dijo un amigo que le decían en la mili: “las disparan los gilipollas”. Tal cual: una vez disparada el arma, en veinte minutos apareció el tuit que convirtió el hashtag en Trending Topic (con más de 10.000 retuits).

Este lastimoso hashtag ponía además en evidencia incluso el error de sintaxis del léxico escogido para la ocasión. Y es que el significado de “yo creo EN Rajoy” no tiene en realidad nada que ver con el de “yo creo A Rajoy”, como hábilmente afirmaron algunos tuiteros:

Ardió Twitter por los cuatro costados. Pero es que no había por donde cogerlo. Si respondía a una estrategia planificada con antelación, el término escogido resultaba lamentable no sólo por el error de las preposiciones, sino también por la pobreza de su calado: la honradez de la política queda reducida a la credibilidad de sus dirigentes. Y si era algo espontáneo, el canto a la verosimilitud sonaba en exceso a la desesperada.

Y luego está lo de la credibilidad en sí. En buena hora decidió Rajoy pronunciae sus declaraciones a los periodistas por videoconferencia desde una sala contigua, sin comparecer ante ellos y sin admitir preguntas. Ésta fue la imagen difundida por Twitter (@Arma_pollo entre otros):

En otras muchas ocasiones hemos hablado, desde estas mismas líneas -como en este artículo Del PP y su comunicación de crisis– sobre los fallos de comunicación del PP y de su Gobierno. Es éste un momento absolutamente delicado y frágil, en el que la crispación ciudadana por los casos de corrupción y la crisis que azota a las familias ha llegado a puntos insospechados. La tensión lleva días cebándose en las puertas de las sedes del PP desde que El Mundo comenzara a publicar el caso Bárcenas. La comunidad del #15M está deseosa de asentarse de nuevo en las calles o ante las sedes para denunciar la corrupción y provocar que todo salte. Y encima, una vez que el líder del partido más votado y presidente del Gobierno de este país decide ‘dar la cara’, prefiere ‘dar la pantalla’. ¿De verdad era ésto necesario?

Políticos jugando… políticos en juego

Se nos abren las carnes. Nos enteramos por elpais.com de que nuestros políticos son pillados jugando en sus IPads (pagados con dinero público) y nos echamos las manos a la cabeza. Pero no toda la culpa es de ellos.

Claramente, esto ocurre porque aún no se ha legislado en la Cámara madrileña prohibiendo que se fotografíe a los diputados dentro, tal y como ocurriera en el Congreso de los Diputados después de que se pillaran varios apuntes y mensajes SMS de teléfonos móviles de sus señorías. Está claro cómo funciona ésto: ¿ven que lo hacemos mal y nos critican?: no dejemos que nos vean (…andamos bien).

Y lo grave de todo esto no es que unos políticos jueguen al Apalabrados en plena asamblea madrileña mientras se debate el tan espinoso asunto de la privatización de la Sanidad. Lo peor es lo que eso significa: el debate parlamentario es vacío, absurdo, carente de sentido y aburre hasta las piedras. Y los diputados, en vez de hacer algo productivo, se encuentran obligados a estar allí esperando la hora de la votación, para no ser multados por su propio grupo por no acudir a apoyar a su partido -el que le colocó en la lista en puesto de salida y permite que cobre esos buenos emolumentos-, cuando éste le exige su voto ante cualquier trámite legislativo de la Cámara.

Además de anticuado, decimonónico y alejado de la realidad, el actual sistema político permite que quienes nos representen en las Cámaras legislativas sean previamente seleccionados y “colocados” por los partidos políticos en una lista electoral cerrada. Tener cargo público electo equivale a tener un buen sueldo garantizado durante al menos 4 años, y si con suerte se repite (lo hace la mayoría: se saben demasiadas cosas como para dejar salir al personal sin más) garantiza todo tipo de prebendas casi de por vida.

Y así, claro, quienes mayoritariamente acceden a estos cargos en muchas ocasiones son jóvenes cachorros criados dentro de las urdes del propio partido que no conocen otro oficio ni beneficio que el de dar pábulo a sus dirigentes -el hacer la pelota de toda la vida- para lograr así ser colocado en cualquier puesto goloso de la administración pública. Y por desgracia, dada la ya treintañera vida democrática de nuestro país, esto es cada vez más frecuente: son muchos los políticos que dedicaron íntegramente su vida profesional a estar al servicio de su partido, sin otra experiencia laboral que la política -así, algunos de ellos han llegado incluso a ser ministros de este país, como la actual titular de Empleo, Fátima Báñez-, y sin otra “obligación” que el dar la razón y apoyar en todo cuanto pida al dirigente de turno del partido en el que milita (ni tan siquiera los partidos muy minoritarios se libran de esta acusación en algún momento).

Un peligroso silogismo que invade lo público

El hecho de que lo público sea considerado como “de todos” hace pensar a muchos que a ellos también les corresponde su parte de ese todo que se reparte entre muchos porque está pagado por todos, incluso por ellos mismos. Si por ejemplo esta actitud de jugar a Apalabrados (o cualquier otra cosa) en vez de estar dedicado a buscar soluciones a los múltiples problemas de los ciudadanos a los que representa se diera en una empresa privada, poco tiempo les quedaría en nómina con toda probabilidad. Seguramente, no lo habrían siquiera intentado por temor a las represalias. Pero en la pública todo es diferente. Es un sentimiento que invade a casi cualquier funcionario con un simple silogismo: esto es de todos, yo también soy todos, esto también es mío. Y así, cada uno coge su parte, aunque sea el tiempo que se dedica a jugar con el IPad o el móvil en tiempo de trabajo.

Pero como decía, la culpa no es sólo de los pobres diputados que fueron pillados infraganti jugando o buscando ropa íntima (como ocurrió en las Cortes de Valencia). La culpa es del partido que le coloca allí sin pedirle apenas otra cosa que obedezca ciegamente a lo que se le pide, acudiendo religiosamente a las votaciones parlamentarias. Es del organigrama del partido que ahoga cualquier atisbo de iniciativa política que el original, verso suelto o indomado político pueda tener. Es del sistema político que nunca le exigió experiencia ni conocimiento ninguno para ser elegido concejal, diputado, ministro o presidente del Gobierno. Es de la Ley Electoral que permite que las listas sean elaboradas exclusivamente por los partidos políticos y que consiente que los cargos electos puedan seguir siéndolo de manera ininterrumpida sin límites de mandatos. Es de la estructura democrática que contempla que los partidos y los sindicatos serán financiados por el Estado, siendo así los partidos políticos otra empresa pública más. Es del país que inventó un sistema tan malo y que, pasados 36 años y viendo los frutos que ha dado, aún es incapaz de cambiar de manera pacífica y consensuada aquellos puntos que debieron ser mejor perfilados a su tiempo.

Pero sobre todo, es de los políticos que son quienes tienen en su mano el poder cambiar todo esto y que, a pesar de que es lo que la ciudadanía les pide en la calle a gritos (el 15-M fue sólo el principio), no son capaces de realizar esa dura operación de limpieza con bisturí que les supondrá, en muchos casos, jugarse su propio puesto. Son nuestros políticos los que, al jugar, nos demuestran que en verdad son ellos los que están en juego en nuestro país.

@elenabarrios

21-O: Rajoy salvado, Rubalcaba desaparecido y hundido mientras la izquierda da la campanada

La tercera contienda electoral que vive este país en menos de un año se ha saldado con el balance que resumo en el título y que paso a explicar a continuación. Pero empezaré por el final.

La izquierda, tanto en Galicia como en su versión nacionalista en el País Vasco, son sin duda las grandes triunfadoras de la noche electoral del 21-O. El surgimiento de la nada de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) con su exultante candidato Xosé Manuel Beiras al frente ha dejado a Mario Conde con la cara de un chiquillo que mira la bolsa repleta de caramelos de otro: ya hubiera querido para sí una entrada en el Parlamento como ésta. Beiras ha sabido recoger el descontento que la oposición no ha podido canalizar. Y su vertiginoso ascenso causa envidia en el resto de las formaciones de izquierda del país: destacados dirigentes piden la unión de la izquierda anticapitalista.

Que el PP pierda en Galicia 135.000 votos es algo que les debe hacer pensar a los populares gallegos. Pero si desean evitar la autocrítica (qué ingenuidad pensar que la buscan, ¿verdad?), con sólo mirarse en el espejo del PSOE el consuelo les vendrá solo: en 4 años los socialistas ha sido capaz de hacer huir a 230.000 gallegos hacia otras opciones políticas.

En el País Vasco ha sido Bildu quien ha dado la sorpresa. Es sin duda la gran vencedora de la noche electoral al lograr el 25% de los votos emitidos. Todas las fuerzas políticas vascas han sido castigadas en mayor o menor medida por su electorado. Menos Bildu, que se presentaba por primera vez y por vez primera también sin la sombra de ETA acechando, justo al cumplirse un año de la última tregua anunciada por la banda terrorista y definida por ellos mismos como “definitiva”.

El actual lehendakari en funciones, Patxi López, arrastra sobre sí la gran debacle socialista a nivel nacional. Todas las miradas están puestas en Rubalcaba, pero después de su gran ausencia en la noche electoral, en la que los silencios en Twitter son demasiado abrumadores, casi se puede decir que “ni está ni se le espera”. Internet bullía anoche de críticas hacia el dirigente socialista que encara los peores tiempos del PSOE. Desde voces que advierten que “el suelo electoral está en el 0%“, los sutiles señalamientos de nuevos dirigentes políticos como cabezas del PSOE en pleno recuento electoral, hasta las peticiones de la cabeza de Rubalcaba por parte de destacados socialistas sin ningún tipo de miramiento ni rubor.

Quizá porque le falta la decisión de dirigir el partido que le sostuvo la noche electoral del 20-N -cuando anunció que no abandonaba el barco pese a los malos resultados electorales- Rubalcaba es sin duda el gran fracasado del encuentro electoral vasco y gallego. Los titubeos en sus decisiones le han dejado sin argumentos de oposición. Del apoyo en las grandes decisiones de Estado, a la denuncia de los recortes que su propio gobierno iniciara hace poco más de un año, y hasta la decisión de no apoyar un rescate económico a pesar de saber que lo habría tenido que realizar de estar en el poder, han hecho del Partido Socialista una figura desdibujada, un partido incoherente y sin apoyos en la calle, con una sociedad que prefiere no votarle antes que taparse la nariz; que se echa a la calle y se avergüenza de unos dirigentes demasiado esclavos de su miopía orgánica o completamente atrapados por la cúpula jerárquica de la oligarquía de partido.

¿Y Rajoy? Salvado. Por la campana, la de Feijoo. Ha perdido votos. Demasiados en el País Vasco, donde a Basagoiti le ha pasado factura a una nueva forma de entender la política vasca. Y un buen puñado también en Galicia, a pesar de aumentar en escaños y lograr una mayoría absoluta más holgada -¿cuándo se reformará esa injusta y actualmente inexplicable Ley D’Hont?-. Pero el presidente se ha salvado in extremis de una gran crítica a toda su política, a sus recortes y a su gestión de una crisis que levanta ampollas en toda la sociedad, gracias a que los resultados en Galicia le han sonreído más de lo que él mismo podía esperar. La política de recorte que iniciara Feijoo en su tierra hace tres años, preludio en parte de la que haría Rajoy a nivel nacional, ha dado su fruto en un electorado que en tiempo de crisis prefiere aferrarse en su mayoría a lo convencional. Siempre y cuando, eso sí, esa mayoría supere la de una cada vez más importante masa crítica que prefiere hacerse fuerte a la izquierda. Cree en el sistema y participa, pero da la espalda a los que hasta ahora se llamaban de izquierdas y no lo eran.

En resumen, la derecha resiste mientras la izquierda coge fuerza; algunas voces, y la experiencia gallega, le animan a unirse haciendo desaparecer a un PSOE que está completamente hundido. Y su dirigente, a estas horas, todavía desaparecido.