El principio del fin

No dan una. Los políticos en España están pasando sus horas más bajas, si es que alguna vez las tuvieron altas. Ahora es por el PP. Según publicó El Mundo, una doble contabilidad pagaba a los dirigentes populares un sobre sueldo. ¿Financiación ilegal? Probablemente. ¿Blanqueo de dinero? Igualmente probable.¿Engaño a los ciudadanos? Sin duda. ¿Sinvergonzonería? Mucha.

El hartazgo ciudadano está llegando a límites insospechados. A estas alturas de la crisis, con tantos meses de recortes, eliminaciones de pagas, tantos ERES y supresión de puestos de trabajo, aumentos de horas laborales sin el correspondiente en la paga o incluso con descuento, … Con tantos sufrimientos padecidos por las familias de clase media española -que muchas pasan ya necesidad-, conocer el patrimonio del tesorero de un partido político que ha gobernado 9 años de historia reciente de nuestro país, causa como mínimo desasosiego. Y desconfianza. Y descrédito. Y desapego. Y hasta asco. Si 22 millones de euros fue lo que el tesorero guardó entre sus dedos de lo que repartía, ¿cuánto no pasó por sus manos? ¿Qué cantidades de dinero negro manejan los dirigentes de nuestro país?

Como decía recientemente en su blog Fernando Merchán, esta situación es la “tormenta perfecta” para que suponga el fin del sistema político tal y como lo conocemos. Y no es para menos. Como hemos comentado en este espacio en otras ocasiones (la etiqueta de este blog #15M es una buena muestra) son muchos los cambios políticos que necesita nuestro país en estos momentos.

Es necesaria, entre otras, una Reforma Electoral que aborde la limitación de dos mandatos como máximo para los políticos en un mismo cargo;que regule las condiciones para poder acceder a cargo público como pedía hace unos días Esperanza Aguirre -ahora, desde la barrera, lo dice todo con más claridad-, poniendo fin a los políticos profesionales y dejando la puerta abierta a profesionales que temporalmente se dedican a la política; que sustituya del reparto inverso de votos de la Ley D’Hont por otro más equitativo y justo, aunque no contemple las diferencias territoriales (todos los votos deben valer lo mismo porque todos somos iguales ante la Ley); que introduzca un sistema de listas abiertas, de manera que los partidos dejen de imponer a los electores los candidatos y los rellenos de las listas, que en su mayoría son personas del partido que no conocen otro oficio ni beneficio que el de seguir y adular a sus dirigentes; instauración de un sistema transparente de financiación de partidos en el que al menos sólo una pequeña parte sea pública (para garantizar acceso a los más pequeños) o ninguna: así el tipo de trapicheos del caso Bárcenas (que por desgracia no es el primero que conocemos) no tendrían lugar.

Quizá haya hecho falta que nos desmoralicemos aún más conociendo este caso para que se produzca el pistoletazo de salida de una situación insostenible. Quizá haya hecho falta ésto para que Mariano Rajoy, el Reformador, decida tomar cartas en el asunto y abordar de una vez por todas la reforma que nuestro debilitado sistema democrático necesita. Pero, claro, eso le supondría a él y a los que le sostienen perder gran parte -si no todo- del poder que manejan y que los ha convertido en una partitocracia, en un sistema oligárquico al servicio de los partidos políticos. Les supondrá hacerse el harakiri, como ya hicieron los miembros de las Cortes Españolas de Franco a su muerte, aprobando su disolución y la celebración de las primeras elecciones democráticas en España. Pero es su única salvación: cambiarlo todo para que nada cambie.

¿Será el caso Bárcenas el principio del fin? La respuesta, próximamente, en Rajoy el Reformador.

@elenabarrios

Políticos jugando… políticos en juego

Se nos abren las carnes. Nos enteramos por elpais.com de que nuestros políticos son pillados jugando en sus IPads (pagados con dinero público) y nos echamos las manos a la cabeza. Pero no toda la culpa es de ellos.

Claramente, esto ocurre porque aún no se ha legislado en la Cámara madrileña prohibiendo que se fotografíe a los diputados dentro, tal y como ocurriera en el Congreso de los Diputados después de que se pillaran varios apuntes y mensajes SMS de teléfonos móviles de sus señorías. Está claro cómo funciona ésto: ¿ven que lo hacemos mal y nos critican?: no dejemos que nos vean (…andamos bien).

Y lo grave de todo esto no es que unos políticos jueguen al Apalabrados en plena asamblea madrileña mientras se debate el tan espinoso asunto de la privatización de la Sanidad. Lo peor es lo que eso significa: el debate parlamentario es vacío, absurdo, carente de sentido y aburre hasta las piedras. Y los diputados, en vez de hacer algo productivo, se encuentran obligados a estar allí esperando la hora de la votación, para no ser multados por su propio grupo por no acudir a apoyar a su partido -el que le colocó en la lista en puesto de salida y permite que cobre esos buenos emolumentos-, cuando éste le exige su voto ante cualquier trámite legislativo de la Cámara.

Además de anticuado, decimonónico y alejado de la realidad, el actual sistema político permite que quienes nos representen en las Cámaras legislativas sean previamente seleccionados y “colocados” por los partidos políticos en una lista electoral cerrada. Tener cargo público electo equivale a tener un buen sueldo garantizado durante al menos 4 años, y si con suerte se repite (lo hace la mayoría: se saben demasiadas cosas como para dejar salir al personal sin más) garantiza todo tipo de prebendas casi de por vida.

Y así, claro, quienes mayoritariamente acceden a estos cargos en muchas ocasiones son jóvenes cachorros criados dentro de las urdes del propio partido que no conocen otro oficio ni beneficio que el de dar pábulo a sus dirigentes -el hacer la pelota de toda la vida- para lograr así ser colocado en cualquier puesto goloso de la administración pública. Y por desgracia, dada la ya treintañera vida democrática de nuestro país, esto es cada vez más frecuente: son muchos los políticos que dedicaron íntegramente su vida profesional a estar al servicio de su partido, sin otra experiencia laboral que la política -así, algunos de ellos han llegado incluso a ser ministros de este país, como la actual titular de Empleo, Fátima Báñez-, y sin otra “obligación” que el dar la razón y apoyar en todo cuanto pida al dirigente de turno del partido en el que milita (ni tan siquiera los partidos muy minoritarios se libran de esta acusación en algún momento).

Un peligroso silogismo que invade lo público

El hecho de que lo público sea considerado como “de todos” hace pensar a muchos que a ellos también les corresponde su parte de ese todo que se reparte entre muchos porque está pagado por todos, incluso por ellos mismos. Si por ejemplo esta actitud de jugar a Apalabrados (o cualquier otra cosa) en vez de estar dedicado a buscar soluciones a los múltiples problemas de los ciudadanos a los que representa se diera en una empresa privada, poco tiempo les quedaría en nómina con toda probabilidad. Seguramente, no lo habrían siquiera intentado por temor a las represalias. Pero en la pública todo es diferente. Es un sentimiento que invade a casi cualquier funcionario con un simple silogismo: esto es de todos, yo también soy todos, esto también es mío. Y así, cada uno coge su parte, aunque sea el tiempo que se dedica a jugar con el IPad o el móvil en tiempo de trabajo.

Pero como decía, la culpa no es sólo de los pobres diputados que fueron pillados infraganti jugando o buscando ropa íntima (como ocurrió en las Cortes de Valencia). La culpa es del partido que le coloca allí sin pedirle apenas otra cosa que obedezca ciegamente a lo que se le pide, acudiendo religiosamente a las votaciones parlamentarias. Es del organigrama del partido que ahoga cualquier atisbo de iniciativa política que el original, verso suelto o indomado político pueda tener. Es del sistema político que nunca le exigió experiencia ni conocimiento ninguno para ser elegido concejal, diputado, ministro o presidente del Gobierno. Es de la Ley Electoral que permite que las listas sean elaboradas exclusivamente por los partidos políticos y que consiente que los cargos electos puedan seguir siéndolo de manera ininterrumpida sin límites de mandatos. Es de la estructura democrática que contempla que los partidos y los sindicatos serán financiados por el Estado, siendo así los partidos políticos otra empresa pública más. Es del país que inventó un sistema tan malo y que, pasados 36 años y viendo los frutos que ha dado, aún es incapaz de cambiar de manera pacífica y consensuada aquellos puntos que debieron ser mejor perfilados a su tiempo.

Pero sobre todo, es de los políticos que son quienes tienen en su mano el poder cambiar todo esto y que, a pesar de que es lo que la ciudadanía les pide en la calle a gritos (el 15-M fue sólo el principio), no son capaces de realizar esa dura operación de limpieza con bisturí que les supondrá, en muchos casos, jugarse su propio puesto. Son nuestros políticos los que, al jugar, nos demuestran que en verdad son ellos los que están en juego en nuestro país.

@elenabarrios

Rajoy, promesas y reformas

A punto de cumplirse un año de la llegada de Rajoy al Gobierno, la mayoría de los balances se centran en sus promesas incumplidas y en el gran número de reformas emprendidas o al menos anunciadas.

Quizá el asunto de las promesas es de los que más reprocha la opinión pública al actual presidente del Gobierno. Durante la campaña electoral, Rajoy fue acusado de moverse con imprecisión y poca claridad: ¿Dónde está el programa oculto del PP?, se preguntaban muchos tratando de despertar recelo hacia su candidatura.

Aseguraba Rajoy que no sabía en qué estado encontraría las arcas ni de qué manera hallaría los distintos ministerios y que, por tanto, no sabía con exactitud qué haría y qué no. Y aún así, en los pocos asuntos en los que fue claro, ha tenido que hacer lo contrario de lo que anunció. El diario Público, por ejemplo, editó este pequeño catálogo de afirmaciones del PP en campaña negando una posible subida de impuestos o la implantación de copagos en asuntos sanitarios. Pero sobre todos estos asuntos Rajoy se mostró siempre bastante cauto: “no es mi intención subir los impuestos”, dejando entrever que se se veía obligado a hacerlo por las circunstancias, lo haría.

Sin embargo la protección de las pensiones y la promesa de no tocarlas, ha sido una de las peores promesas incumplidas de Rajoy. Es quizá la que más ha podido costar tomar al presidente. En este asunto sí dejó la prudencia a un lado y aseguró, en diferentes ocasiones que las pensiones eran intocables.

Pero lo cierto es que si en algo fue claro Rajoy es en que pondría en marcha numerosas reformas estructurales. Tantas, que los Consejos de Ministros han creado una expectación informativa inédita hasta ahora todos los viernes. Tantas, que éstas llegan a “agotar” hasta la mismísima vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, que siente “cansancio retroactivo” tras un intenso “esfuerzo reformista” en este año.

No debemos olvidar la inestabilidad social que se vive ahora en nuestro país como consecuencia de la grave inestabilidad económica. Ni que las reformas contribuyen a aumentar esta inestabilidad (la marea blanca es un ejemplo de tantos). Ni que además existe otra grave inestabilidad social que culpa a la mala praxis de los políticos, causantes de la grave situación económica y social. Y que en medio de este clima -caldo de cultivo de cualquier cosa- una inestabilidad política es lo que peor vendría a España en estos momentos. Y, sin embargo, es lo que más falta le hace.

La marcha de Camps

Todo el mundo la esperaba. Sobre todo Rajoy. Pero ha llegado tarde.

El hasta ayer presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, ha dimitido para poder sentarse en el banquillo de los acusados y demostrar su inocencia. Justo después de que otros dos altos cargos del PP valenciano se declararan culpables para zanjar el asunto con el pago de una multa. Pero él no. Dice que se va para no hacer daño al partido, pero defiende su inocencia: irá a juicio porque “no han conseguido encontrar nada (…) no han podido demostrar nada”. Y porque así podrá limpiar su nombre demostrando su inocencia.

Vale, pero tarde. Dos meses tarde, para ser más exactos. El gesto de Camps de aferrarse a su honor e inocencia -por no reconocerse culpable, pagar la multa como sus compañeros y evitar el juicio- habría sido muy diferente si no hubiera encabezado la lista autonómica del PP valenciano. Vale que ahora puede defenderse sin ataduras. Pero también ahora sus votantes se han quedado sin el presidente que votaron hace sólo dos meses.

Desde mucho antes de que se celebraran las elecciones, se sabía o intuía que esto podía acabar así. No deberían  haberle dejado que se presentara. No han pasado ni 60 días. ¿Cómo no va a dejar la ciudadanía de creer en el sistema político actual si se juega de esta manera con su voto? Luego habrá quien diga que no entiende a los Indignados y a los del 15-M. ¿De verdad que no?

Hay quien piensa que estaba todo maquinado y orquestado de antemano, para hacerlo coincidir con la precampaña nacional y andaluza. Es posible. A estas alturas una ya piensa mal constantemente. Pero si es así, el daño que se le ha hecho a la credibilidad de nuestro sistema democrático es brutal.

Igualmente he de decir, que muchos otros imputados o bajo sospecha, deberían tomar ejemplo de la decisión tomada (del momento no, por favor; hace falta más celeridad). No estamos acostumbrados en este país a ver dimitir a nuestros políticos.

Pero una cosa está clara. Con listas abiertas, ni Camps ni otros muchos hubieran repetido en las elecciones. De eso no cabe la menor duda. Este país necesita una regeneración democrática. Urgentemente.    

La paradoja de los políticos

Parece que despiertan. Del letargo, sí. Nuestros políticos comienzan a plantearse seriamente que el 15-M deba ser escuchado. Esta misma semana conocimos que tanto el PP como el PSOE afirmaban aceptar algunas de las reivindicaciones del movimiento. Aunque sin enterarse de mucho, claro.

González Pons (PP) venía a decir que entendía a los indignados porque la indignación se había convertido en voto al PP. Me lo expliquen, oigan. Y Marcelino Iglesias (PSOE), por su parte, echaba balones fuera y aseguraba que la indignación era culpa de la crisis, y que el Gobierno no estaba al lado de los banqueros. Mucho no, nada. En realidad se han enterado de nada. Pero al menos ahora saben que deben aparecer cercanos. Bueno, es un paso.

Y dos días después, la gran sorpresa: el Congreso de los Diputados acogerá un debate sobre el 15-M. Será en julio. Y obligará a todos los grupos a pronunciarse. A favor, claro. Pero habrá que tener propuestas concretas. Decía Joan Ridao (ERC): “Me duelen las descalificaciones globales dirigidas hacia todos los partidos políticos (…) pero conviene escuchar lo que se nos está diciendo”. Efectivamente. Os conviene. Lo sabéis y es muy probable que por eso lo hagáis.

Y a partir de ahí, todas las demás declaraciones de aquél día iban de mejor o peor manera defendiéndose entre sí de los ataques recibidos “no somos casta, ni tenemos privilegios, sólo tenemos el honor de representar” decía José María Lassalle del PP. “La mayoría de nosotros hacemos nuestro trabajo bien, con rigor y honestidad”, decía la diputada del PSOE, Victoria Monteseirin, como sin intender porqué les pasa esto. Y seguía afirmando que trabajan “en consecuencia con nuestra ideología y con el partido al que pertenecemos”. Ay, amiga, que ahora te vas acercando a uno de los problemas. Y de nuevo que la culpa es del sistema económico, que es el que verdaderamente manda, y no el Gobierno. El del PNV, indignado él: que cómo que no somos transparentes, si todo el mundo sabe todo de mi vida; y además el año pasado aprobamos una ley para evitar las donaciones anónimas a los partidos…. Y culminaba -al más puro estilo cruzyraya: si hay que debatir, se debate, pero debatir pa na…- diciendo “debátase, que no deje de hacerse por nuestra culpa”. Sin desperdicio tampoco la intervención de CiU: “señores, que cuando no estamos en Pleno, es porque estamos en Comisión. y eso tiene que saberlo todo el mundo, que trabajamos mucho…”. El Diario de Sesiones (en la página 28, según El País) de aquél día debe ser uno de esos documentos que valdrá la pena leer despacio.

Y al final, ¿qué? Pues eso. Aprobado, porque les interesa. Porque el 15-M ha generado muchas simpatías. Porque ya no todo el mundo se cree que los “quincemayistas” -fantástico término acuñado por José Luis Sampedro- sean todos unos perroflautas peligrosos.

Grandísima foto de Enrique Dans publicada en su Flickr.

 ¿Lo mejor de todo? Que quieren debatir en el mes de julio. Y que tendrán que ponerse de acuerdo en algo pronto. Porque mientras tanto, el 15-M ya ha convocado su propio Referéndum para el 15 de Octubre. Lo han llamado “Hazlo tú mismo”, en clara referencia al convencimiento de que los políticos no serán capaces de hacerlo. Y pide que se vote -de manera digital o presencial- a favor o en contra de cinco propuestas.
1.- Reforma del sistema electoral para lograr una mayor proporcionalidad y lograr el desbloqueo de las listas electorales.
2.- Transparencia en la gestión de los recursos, instaurando mecanismos de control y de lucha contra la corrupción.
3.- Separación de poderes: independencia del Poder Judicial.
4.- Democracia más participativa: potenciación de referéndums, Iniciativas Legislativas Populares y presupuestos participativos.
5.- Economía responsable, justa y sostenible.

Oigan señores políticos. Ésto es lo que pide el 15-M. Ésta y no otra es la filosofía quincemayista. Y si no lo hacen ustedes, serán otros quienes lo hagan. Es su momento. Aprovéchenlo porque no tendrán otro. Sólo podrán salvarse reconociendo la legitimidad de unas peticiones que, lo que van a hacer es eliminar la suya propia. Qué gran paradoja, ¿verdad? Pues esto ya no hay quien lo pare. #15m #spanishrevolution     

¿Es Huelva de color azul?

Qué interesante. El panorama que ha dejado las elecciones en Huelva es ahora, cuanto menos, interesante.

Unos cuantos municipios tienen sus gobiernos por decidir. Están dependiendo de los pactos, ya que las urnas no despejaron ninguna mayoría suficiente para gobernar. Es el caso de Ayamonte, Almonte, Gibraleón o Moguer.

Otros, con un cambio de escenario gigantesco. Conocerán un gobierno de un color político diferente al que han vivido durante los últimos 20 o incluso 30 años. Sin duda el más llamativo es el de Valverde, tras 32 años de gobierno socialista y con mayoría absoluta arroyadora pepera. Pero también podría quedar fuera el histórico y emblemático Millán en Cartaya. O el fronterizo Ayamonte.

Están los que se enfrentan a varios gobiernos sucesivos del mismo color. En ellos, sus gobernantes tendrán uno de los trabajos más duros: convencer a sus votantes que siguen teniendo ideas para mejorar su municipio. Y lo que es mejor, que sabrán llevarlas a cabo. Por eso en la capital, la manita que lucía un pletórico Pedro Rodríguez, podría convertirse en su peor arma.

Pero el panorama más interesante, al menos hasta que se desenvuelva el entuerto, es el de la Diputación. Igualados a 13 concejales, tanto el PSOE como el PP intentan bailar con la que en este caso se ha convertido en la más guapa: Izquierda Unida. Desde la cúpula andaluza y nacional han avisado que no habrá pactos globales con nadie. Demasiado caros les han costado hasta ahora. Pero también saben que parte de su electorado no quiere al PSOE y la otra, que no gobierne el PP. Son conscientes, además, de haber sido los grandes beneficiados de la super crisis que azota al partido que se llama obrero.

Puede que al coordinador de IU en Huelva, Pedro Jiménez, ya le hayan ofrecido la presidencia de la Diputación a cambio de pactar con el PP. El municipio de Almonte podría ser escenario también de este extraño compañerismo de cama. Igual que en Extremadura, los de IU podrían plantearse como primer objetivo terminar con tantos y tantos años de mayorías absolutas del PSOE. Al parecer, no deben ser demasiado buenas para la ciudadanía. Que se lo pregunten si no a los EREs. Y a los del 15-M también.

En fin. Como decía, apasionante. Hasta el próximo 11 de junio, habrá quien tenga que deshojar muchas margaritas. Por si acaso, Petronila ya ha dicho que se queda ejerciendo la oposición. Claro. ¿A dónde iría si no? No sé si Huelva es de color azul. Lo que sí sé es que algunos dirán: “aquí ya no hay sitio para nadie”.

Las posibilidades del PP ante el 15-M

Señores políticos, quedan tres días para las elecciones y todo va demasiado deprisa. La gente se ha echado a la calle y han conseguido apoyos. La movilización a través de las redes sociales funciona: el movimiento crece.Y miráis con recelo.

Nadie sabe a qué atenerse. Normal, es completamente heterogéneo con gente de todo tipo: con ideologías, sin ellas, de izquierdas, de derechas, creyentes, ateos, agnósticos… pero con un punto de mira común: los políticos. Todos. Ha pesado la crisis, sí, pero no sólo. Ha pesado la indignación, el ver que defienden sus privilegios entre ellos (el escándalo de los vuelos en turista, las jubilaciones de oro y la congelación salarial son un ejemplo), que gobiernan conforme a los intereses de unos lobbies (los de banqueros y la Sgae, los que más dolieron), la politización de la Justicia, el manoseo de ciertas instituciones públicas, la corrupción de muchos y el propio deterioro del sistema.

Pero ojo, que esto sigue y las elecciones son en tres días. Señores del PP: no piensen que es un movimiento manipulado por la izquierda. Alejen por un momento los fantasmas del 11-M. De nuevo están en la calle, de nuevo antes de unas elecciones, de nuevo cambiarán los resultados previstos. Pero ahora ya tenéis experiencia. Ahora sabéis que hay que reaccionar a tiempo, antes de que sea tarde. No es un movimiento del PSOE. Ni de izquierda. Es la Sociedad que está hartita de muchas cosas. No os quedéis atrás.

Cayo Lara rápidamente se acercó por allí, pero no fue bien recibido. No ha vuelto. Igual le pasó a Willy Toledo. Otro para casa. Carme Chacón dijo ayer que había que escucharles, que lo que pedían no eran cosas imposibles, sino realizables. Pero ojo: si los que están en la calle tienen memoria, sabrán recordarle a Chacón y al PSOE que hace muy poco rechazaron en el Congreso una propuesta de Reforma Electoral llevada a la Cámara por UPyD -también rechazada por PP y los nacionalistas-. Pues ni siquera los de Rosa Díez se atreven a acercarse por allí, a ponerse por delante y a defender lo que la gente quiere.

Es el momento de dar un paso adelante. Hay que dar la cara. Dejad de mirar con recelo la movilización. Si no creéis que pueda ser así de espontánea (y es posible que así sea, que tuviera una clara intención electoral) pensad que hay otra mucha gente se unió después. Y que aquí el primero que se mueva, gana la batalla.

Las quejas en las que coinciden casi todos los presentes (porque esa es otra: es tan ecléctico que ni siquiera un manifiesto único es posible) se solucionarían al menos con una Reforma Electoral que posibilitara un Parlamento menos bipartidista y cerrado, y otra de la Justicia garantizara la independencia del Poder Judicial, instaurar Listas Abiertas podría ser otra solución). Pero cualquier reforma de este tipo no se saca en el Congreso sin el apoyo de los dos grandes. Aquí ganará el que se adelante y proponga primero un referéndum para cambiar la actual Ley Electoral. Porque ése será el camino: el del referéndum, ya que el Congreso nunca lo apoyaría en su totalidad por ir contra ellos mismos.

Quizá haya que hacer como hicieron los antiguos. Liderados y convencidos por Adolfo Suárez, se hicieron su propio harakiri político: disolvieron las Cámaras para poder sacar adelante la Reforma que nos trajo la Democracia que tenemos. Lo hicieron bien, pero hay algunas cosas que rectificar. Si nuestros políticos no son capaces de ponerse de acuerdo para aprobarlas, tengan al menos el espíritu de servicio que la ciudadanía les presupone. Y dejen que algo cambie para que, si no todo, una parte se mantenga.

Políticos en peligro: ya hay 15-M

Atención señores políticos: peligro. Se ha abierto la veda. La pasada manifestación del 15 de mayo, que se celebró simultáneamente en 50 ciudades españolas, ha supuesto la entrada en el debate público de algo que se ha venido gestando en Internet y en las Redes Sociales en los últimos meses. Ya hay movimiento 15-M.

Desde que se iniciara el avance de la Ley Sinde, los internautas se movilizaron y unieron en torno a un manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet. Poco después, la ley fue aprobada en el Parlamento en una segunda vuelta, ya que la primera vez fue rechazada. A raíz de este acuerdo entre los grandes partidos políticos, nació la plataforma No les votes, solicitando acabar con el bipartidismo en nuestro país, que lograba sacar adelante proyectos que no interesaban a la ciudadanía pero sí a la clase política. Junto a ella, otras muchas como Yo también estoy Indignado, Democracia Real Ya, y otros movimientos ciudadanos que asociados o de manera independiente han decidido apoyar a los que han alzado la voz y salido a la calle.

Pero como era previsible, este movimiento ya ha sido etiquetado “de izquierdas” y no tardará en ser instrumentalizado por algún que otro partido político. De hecho la izquierda, ya ha empezado a hacer guiños electorales al movimiento 15-M, según publica El País -no, si ya se sabe, que aquí tonto el último-. Desde el Partido Popular se mira con recelo hacia la Puerta del Sol, pero se defiende el espíritu de servicio de tantos que dedicaron su vida a la política -sí, vale, de acuerdo: ha habido, hay y habrá gente válida en política. Pero, ¿es posible que haya más de los que abusan de su posición y viven apoltronados en sus escaños?-. Desde el PSOE, como no podía ser de otra manera, se ve con simpatía un movimiento liderado por jóvenes -quizás les recuerde a sus tiempos estudiantiles-. Pero en realidad, todavía no se han enterado de nada. O se hacen los suecos, que es peor.

Y mientras tanto los ciudadanos, pensamos en las muchas injusticias que hemos asimilado como normales en los últimos años. En los múltiples casos de corrupción de los que hemos tenido noticias. En los gobiernos que pactaron las listas menos votadas expulsando al que eligió la mayoría. En las veces que votamos con la nariz tapada por aquél candidato perdido en medio de una lista que, o bien era el único que merecía nuestro voto o al contrario nos invitaba a dejarla de lado. En los años y años que repitieron siempre los mismos en las listas electorales, sin dejar el paso a otros. En los miles de votos que no se vieron reflejados en escaños por la dichosa Ley D’Hont. En el absurdo día de reflexión en el que ningún cartel electoral es retirado de las farolas, ningún periódico deja de publicar noticias de política y por supuesto ninguna página web con contenido político deja estar colgada en la web.

Tiemblen, señores políticos. Sí, tiemblen. Aunque nada cambie. Aunque seamos conscientes de la realidad, que todas las propuestas que se piden para la regeneración democrática quedarán en papel mojado. Que ninguna de ellas beneficia a la clase política y por tanto nunca serán aprobadas. Y que como nadie de fuera de su círculo es capaz de llegar al poder para cambiarlo, es del todo improbable que prospere, confirmándose aún más el poder oligárquico de los grandes partidos.

Pero deben  temer. Porque esto no ha hecho más que empezar. Y el 15-M pasó, y la acampada de Sol se desalojó. Pero ya hay convocadas nuevas concentraciones. Quizá el cambio ya esté en marcha.