Confluencia IU+ Podemos, igual a suma de votos? Tuyos, míos, nuestros

Acabamos de conocer, de la mano de Metroscopia, el primer adelantamiento virtual que la izquierda realiza al PSOE, el hasta ahora único abanderado con suelo electoral en el centro izquierda de este país.
Y digo, a conciencia, “adelantamiento virtual”. No hablo de sorpasso -a pesar de ser el término de moda en estos días- ya que nuestro riquísimo idioma nos permite utilizar el término español que define la misma acción. Hace unos días la RAE ponía en marcha una campaña en defensa del castellano en el mundo publicitario (recomiendo ver el vídeo si aún no lo ha hecho: imperdible). Igualmente, entiendo, en el mundo periodístico y político debemos evitar el uso de voces extranjeras y utilizar las muchas que tiene nuestro rico vocabulario. Que empezamos por Italia y acabamos por EEUU… (Y eso a pesar de que el amable administrador de la cuenta de Twitter de la RAE quiso explicar a un tuitero el significado de esta voz italiana que no recoge nuestra regia academia lingüística)
Pues eso: adelantamiento. Y virtual, sí. Porque una vez más los encuestadores de este país se la están jugando teniendo que predecir comportamientos electorales ante situaciones y variables completamente desconocidas y con giros jamás vistos en nuestra democracia. El resultado de esta última encuesta es posiblemente de los más virtuales en este sentido de los que hemos conocido. Y más si tenemos en cuenta como se ha hecho la “fusión” entre los partidos de izquierda que ha permitido por primera vez hablar del desbancamiento del PSOE como garante de la izquierda.
Hace sólo dos semanas se hacía oficial una confluencia entre los dos partidos (IU y Podemos). Se venía acariciando por alguno de los voceros mediáticos de la formación morada desde la misma noche electoral del 20-D: ya entonces se jugaba con el dibujo que el hemiciclo habría tenido esa noche si hubieran unido sus fuerzas.
Y tras el 20-D, Alberto Garzón, el joven dirigente de IU, era el político mejor valorado en todas las encuestas: ocurrió en el barómetro del CIS en febrero y en el de mayo. Tanto es así, que muchos se preguntaban qué tenía este joven político que a todos gustaba. Y tenía, y tiene, una mezcla de muchas cosas: sencillez, coherencia, pasión, convencimiento de su causa, capacidad de arrastre de los sectores más jóvenes e idealistas y, fundamentalmente, una mejor imagen -más suavizada y menos soberbia- que la del dirigente de la fuerza morada. Tanto, que hay quienes piensan que los movimientos del joven Alberto están llenos de audacia y que puede merendarse a Iglesias.
Lo cierto y verdad es que IU ha logrado como nadie rentabilizar unos votos que no tiene. Con el resultado en la mano del 20-D, esta formación obtuvo casi un millón de votos. La caprichosa Ley D´Hont los dejó convertidos en sólo 2 escaños por Madrid. Pero ya era un gran mérito: estando fuera del discurso global de partidos (que se jugaba oficialmente a 4) logró hacerse un hueco gracias, sobretodo, a una campaña de comunicación rompedora y que logró calar en un público hambriento de oír y ver nuevas formas de hacer política. Y ellos fueron capaces de transmitirlo. Con creces. Y lo que es mejor, negociar después con el crecimiento exponencial que las encuestas le otorgaban. 
Ahora bien, ¿qué se espera de esta confluencia IU-Podemos? Muchos han especulado con un terremoto electoral. Otros, vaticinan el final de una de las dos formaciones. Pero la realidad es que contar a priori con que unidos lograrán la suma de los votos de ambos por separado no es real. Tan simple como que cada uno de sus votantes reales se decantó por una de las dos formaciones y muchos de ellos jamás votarían a la otra.
Podemos ha logrado cosechar tanto suelo electoral gracias, en parte, a haberse alejado de los discursos tradicionales de izquierda que asustan a muchos españoles; gracias a haber disfrazado sus propuestas, haberlas identificado con la lucha contra la “casta” y a favor de la “gente”. Este maniqueísmo, adornado con grandes dosis de populismo y una apabullante exposición mediática, han otorgado una carrera meteórica a la formación morada. Pero no es bastante.
Como he comentado en anteriores ocasiones, Pablo Iglesias y su formación tienen claro que el objetivo es el Gobierno. El poder total. Sin ataduras. Por eso mareó la perdiz todo lo que pudo a Sánchez tras el 20-D y le lanzó un dardo envenenado. Porque en realidad nunca estuvo interesado en cogobernar con él. Fue todo una estrategia muy bien planificada y ejecutada. A pesar de que Pedro no se haya dado cuenta hasta hace bien poco. O sí e intentó en vano que quedara retratado. Pero no tuvo en cuenta que Iglesias era más listo: siempre jugó con él y sus aspiraciones de gobernar y fue Sánchez quien ha dejado al aire su ambición.
También comenté hace poco que de cara al 26-J ganaría respecto al anterior contienda quien cambiara algo: si siempre haces lo mismo no esperes resultados diferentes, decía Einstein. Y a la vista de los resultados de la última encuesta, se cumple la frase de nuestro amigo Albert: crecen los que han cambiado (IU y Podemos) y el que no hizo nada, que es también una acción. Se mantienen en bajada quienes siguen el mismo discurso que antes de las elecciones (PSOE y Ciudadanos) desgastados también por su papel -sobretodo virtual- de presidenciables tras el 20-D.
Podemos e IU mantendrán sus siglas, sus campañas, sus agendas e incluso sus cuentas separadas de cara a las próximas elecciones. Hacen bien: no se puede contar con que funcione el “tuyos, míos, nuestros” por mucho amor que al principio haya. De hecho, es la única manera que tienen de no enfadar a sus electores. Porque aunque las bases de ambos partidos aprobaron mayoritariamente la confluencia, una cosa son las bases y otra muy distinta sus votantes.
¿Será entonces más bien una confluencia encaminada a eliminar del mapa la formación clásica de la izquierda española? ¿Habrá sabido vender Garzón muy bien la piel del oso antes de cazarlo por haber logrado ya 13 puestos de salida para su formación desde antes de la votación? ¿Sentirán sus votantes que han jugado con su confianza y repartido sus votos como si fueran cromos? ¿Será posible que los teóricos políticos y académicos de Podemos no hayan medido con lupa este movimiento? ¿Hablaremos entonces de un adelantamiento al PSOE virtual o real?
Por suerte en política, como en la vida y en los gustos, no hay nada escrito. Y la función no acaba hasta que no se baja el telón. El espectáculo sólo acaba de empezar.

21-O: Rajoy salvado, Rubalcaba desaparecido y hundido mientras la izquierda da la campanada

La tercera contienda electoral que vive este país en menos de un año se ha saldado con el balance que resumo en el título y que paso a explicar a continuación. Pero empezaré por el final.

La izquierda, tanto en Galicia como en su versión nacionalista en el País Vasco, son sin duda las grandes triunfadoras de la noche electoral del 21-O. El surgimiento de la nada de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) con su exultante candidato Xosé Manuel Beiras al frente ha dejado a Mario Conde con la cara de un chiquillo que mira la bolsa repleta de caramelos de otro: ya hubiera querido para sí una entrada en el Parlamento como ésta. Beiras ha sabido recoger el descontento que la oposición no ha podido canalizar. Y su vertiginoso ascenso causa envidia en el resto de las formaciones de izquierda del país: destacados dirigentes piden la unión de la izquierda anticapitalista.

Que el PP pierda en Galicia 135.000 votos es algo que les debe hacer pensar a los populares gallegos. Pero si desean evitar la autocrítica (qué ingenuidad pensar que la buscan, ¿verdad?), con sólo mirarse en el espejo del PSOE el consuelo les vendrá solo: en 4 años los socialistas ha sido capaz de hacer huir a 230.000 gallegos hacia otras opciones políticas.

En el País Vasco ha sido Bildu quien ha dado la sorpresa. Es sin duda la gran vencedora de la noche electoral al lograr el 25% de los votos emitidos. Todas las fuerzas políticas vascas han sido castigadas en mayor o menor medida por su electorado. Menos Bildu, que se presentaba por primera vez y por vez primera también sin la sombra de ETA acechando, justo al cumplirse un año de la última tregua anunciada por la banda terrorista y definida por ellos mismos como “definitiva”.

El actual lehendakari en funciones, Patxi López, arrastra sobre sí la gran debacle socialista a nivel nacional. Todas las miradas están puestas en Rubalcaba, pero después de su gran ausencia en la noche electoral, en la que los silencios en Twitter son demasiado abrumadores, casi se puede decir que “ni está ni se le espera”. Internet bullía anoche de críticas hacia el dirigente socialista que encara los peores tiempos del PSOE. Desde voces que advierten que “el suelo electoral está en el 0%“, los sutiles señalamientos de nuevos dirigentes políticos como cabezas del PSOE en pleno recuento electoral, hasta las peticiones de la cabeza de Rubalcaba por parte de destacados socialistas sin ningún tipo de miramiento ni rubor.

Quizá porque le falta la decisión de dirigir el partido que le sostuvo la noche electoral del 20-N -cuando anunció que no abandonaba el barco pese a los malos resultados electorales- Rubalcaba es sin duda el gran fracasado del encuentro electoral vasco y gallego. Los titubeos en sus decisiones le han dejado sin argumentos de oposición. Del apoyo en las grandes decisiones de Estado, a la denuncia de los recortes que su propio gobierno iniciara hace poco más de un año, y hasta la decisión de no apoyar un rescate económico a pesar de saber que lo habría tenido que realizar de estar en el poder, han hecho del Partido Socialista una figura desdibujada, un partido incoherente y sin apoyos en la calle, con una sociedad que prefiere no votarle antes que taparse la nariz; que se echa a la calle y se avergüenza de unos dirigentes demasiado esclavos de su miopía orgánica o completamente atrapados por la cúpula jerárquica de la oligarquía de partido.

¿Y Rajoy? Salvado. Por la campana, la de Feijoo. Ha perdido votos. Demasiados en el País Vasco, donde a Basagoiti le ha pasado factura a una nueva forma de entender la política vasca. Y un buen puñado también en Galicia, a pesar de aumentar en escaños y lograr una mayoría absoluta más holgada -¿cuándo se reformará esa injusta y actualmente inexplicable Ley D’Hont?-. Pero el presidente se ha salvado in extremis de una gran crítica a toda su política, a sus recortes y a su gestión de una crisis que levanta ampollas en toda la sociedad, gracias a que los resultados en Galicia le han sonreído más de lo que él mismo podía esperar. La política de recorte que iniciara Feijoo en su tierra hace tres años, preludio en parte de la que haría Rajoy a nivel nacional, ha dado su fruto en un electorado que en tiempo de crisis prefiere aferrarse en su mayoría a lo convencional. Siempre y cuando, eso sí, esa mayoría supere la de una cada vez más importante masa crítica que prefiere hacerse fuerte a la izquierda. Cree en el sistema y participa, pero da la espalda a los que hasta ahora se llamaban de izquierdas y no lo eran.

En resumen, la derecha resiste mientras la izquierda coge fuerza; algunas voces, y la experiencia gallega, le animan a unirse haciendo desaparecer a un PSOE que está completamente hundido. Y su dirigente, a estas horas, todavía desaparecido.

Del PP y su Comunicación de Crisis

“El fallo del PP es que actúa pensando en las próximas elecciones”, me decía el otro día un político -que no es del PSOE- acerca de la gestión de la crisis que estaba haciendo el Gobierno. “¿Y qué político no lo hace?”, le pregunté antes de recordarle que pertenecía a esa clase de “profesionales” dedicados al servicio público.

En cualquier caso, no podía darle la razón. El fallo del PP no es pensar en lo que vendrá después. Ojalá lo hicieran. Así, al menos, tendrían en cuenta la opinión de los ciudadanos que un día deberán decidir si les quieren de nuevo en el Gobierno o en la oposición.

El fallo del PP, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, es la ausencia de una eficaz política de comunicación de su gestión. De un modo bastante más duro lo comentó recientemente Antoni Gutiérrez-Rubí en El País: es la ausencia total de una política de comunicación lo que hace que su comunicación política sea un auténtico suplicio.

Precisamente, un reciente sondeo de Metroscopia sobre las medidas del Gobierno, ha sacado a la luz que más del 80% de los encuestados comprenden las protestas de los funcionarios por los recortes anunciados, y que además consideran que se extenderán hacia otros colectivos. Y esto se explica por múltiples razones.

Ahora que la distancia entre políticos y ciudadanos es cada vez mayor -y no sólo por la desafección de los últimos hacia los primeros-, la acumulación de una serie de pequeños privilegios que en momentos de crisis se convierten en enormes diferencias de clase, no hace sino contribuir a esa separación. El estancamiento de un sistema oligárquico y excesivamente cerrado aumenta la idea de que estemos gobernados bajo los intereses de pequeños grupos que acumulan muchas prebendas frente a una sociedad que ha de afrontarla con esfuerzo y grandes sacrificios durante los duros años de recesión antes de que mejore la economía del país. 


Estos días en los que el Gobierno ha iniciado un periodo desaforado de reformas, convirtiendo los viernes en el centro informativo de la semana por los acuerdos adoptados en el Consejo de Ministros, la imagen externa e interna es de una enorme inestabilidad. La revisión de tantas normativas, acompañadas en muchos casos por el cambio radical entre la anterior legislación y la nueva, ayuda a sembrar la desconfianza ante lo desconocido que está por venir. La inestabilidad política alimenta la inestabilidad económica y social, y éstas a su vez aumentan las decisiones políticas no previstas. La espiral es demasiado peligrosa.


Ahora más que nunca el Gobierno debe manejarse con una correcta, orquestada, completa y perfecta maniobra de comunicación para hacer llegar a la ciudadanía que las decisiones que se toman no sólo son fruto del atosigamiento de los mercados ni de las imposiciones europeas, sino que forman parte de un preciso plan para reponer las arcas, en el que está todo controlado y previsto, que no hay vacilación ni improvisación, que sólo toca el tiempo de “apretarse el cinturón”. Y por eso no es de recibo ni creíble que la operación lavado de cara de los políticos del país sea reducirse entre un 5 y 10% el sueldo. 


Un nuevo sondeo, ahora el de Sigma Dos, advierte de la bajada del PP en 9 puntos en intención de voto, frente al escaso ascenso del 0’8% para el PSOE. Sólo IU y UPyD se salvan de la criba en un hipotético encuentro electoral, pero la situación de ingobernabilidad sería aún peor. De nuevo el PP se enfrenta a sus viejos fantasmas: la incapacidad de hacer llegar a la ciudadanía que tiene controlada la situación, que el mensaje es único, uniforme y tranquilizador. Que los temores de la sociedad son infundados. Y que nuestro Gobierno es capaz de resolver la situación, sea ésta cual sea. Porque, es capaz, ¿verdad?

Con todo el pescado vendido

Se sabía antes de que se celebraran los comicios: o el PP obtenía la mayoría absoluta o no podría alcanzar San Telmo. Y así, a falta de cinco escaños, Javier Arenas se encuentra a un único paso de lograr el Gobierno en la Junta de Andalucía.

Lo cierto es que ya está todo el pescado vendido. Valderas ya anunció antes de las elecciones que no permitiría un gobierno de derechas. Por eso el PSOE celebró la noche electoral como la de un gran triunfo a pesar de haber perdido 9 escaños. Aún así, Arenas hizo los deberes y en plena resaca electoral sacó la bandera del pacto de gobernabilidad, como si fuera posible un pacto PSOE-PP al estilo alemán, (el del País Vasco tiene la connotación de que fue para evitar el gobierno nacionalista de PNV. Y el de Extremadura, ya está jugando malas pasadas al PP). Así, se garantizaría la estabilidad del Gobierno en los tiempos difíciles que vivimos de arcas públicas vacías. Como era de prever, nadie le hizo caso.

Más tarde, con las aguas más calmadas, comenzaron las disputas en el seno de IU. El ala más radical de su partido, la de Sánchez Gordillo, se opuso claramente a que IU se vendiera en un pacto de gobierno con el PSOE. Y las bases, que deben aprobar la decisión en un referéndum vinculante, son siempre reacias a gobernar con el PSOE: por principios y por el alto coste electoral que luego les supone. Lo más planteable para IU sería un pacto de investidura: apoyar la elección del presidente y condicionar todas las decisiones de gobierno a posteriores pactos. Pero no, Griñán avisa que el acuerdo es para cuatro años: de lo contrario, se augura una legislatura muy corta y con terribles dolores de cabeza para el partido de Gobierno, que tendría que pactar todas y cada una de las decisiones de calado en un parlamento en el que no tiene ni siquiera la mayoría simple.

El tiempo ha pasado y el próximo19 de abril se constituirá el Parlamento Andaluz. Ahora todo son prisas. Griñán confía en cerrar el acuerdo en una semana: eso sí, supone la entrada de IU en el Gobierno y la creación de un bastión de oposición global al Gobierno Central desde Andalucía, tal y como se hiciera durante los ocho años de Aznar. La idea romántica de ser el reducto “rojo” en un mapa ibérico teñido prácticamente de azul, refuerza a los que dudan de las ventajas de pactar con el PSOE. Pero IU es consciente de haber recogido gran parte del voto descontento socialista: si ahora le dan gobierno ¿no estarán traicionando a su electorado?, se preguntan en las asambleas. Y encima, con amenazas de escisión por parte del alcalde de Marinaleda. Por eso, desde la dirección regional de IU no tienen prisa y esperan cerrar acuerdos de programa suficientemente importantes que les permita entrar en el Gobierno.

Según recogía ayer la versión digital de La Razón, “La otra incógnita que IU debe despejar es cuándo se celebrará el referéndum vinculante entre sus bases. El sector contrario al pacto sospecha que no se convocará. De momento, las agrupaciones locales ya han hablado. En Sevilla, territorio controlado por Juan Manuel Sánchez Gordillo, las agrupaciones han rechazado un pacto con el PSOE, según la dirección provincial. Sólo una asamblea votó a favor de un  acuerdo de legislatura; 16 se pronunciaron por apoyar la investidura de Griñán con condiciones programáticas; diez se decantaron por la abstención o «votarnos a nosotros mismos»;  y once asambleas no apostaron por ninguna proposición. Estos datos los puso en duda la dirección regional, que apuntó que sólo diez rechazaron cualquier tipo de acuerdo.   
Mañana, el sector crítico que engloba al Sindicato de Trabajadores del Campo y de la CUT-BAI se reunirán en Osuna (Sevilla) para seguir haciendo fuerza para que IU rechace un pacto con el PSOE y no entre en un futuro Gobierno. En todo caso, un apoyo a Griñán y siempre que cumpla determinadas condiciones”.

Pero la maquinaria ya está en marcha. Y aunque Arenas trata de quemar estos días sus últimos cartuchos, recordando que el Gobierno entre los dos grandes es posible, ya han salido los sindicatos a apoyar el pacto de IU con el PSOE. Es la prueba irrefutable de que todo el pescado está ya vendido.

Los protagonistas de las elecciones andaluzas

El batacazo ha sido grande, pero de quien no se esperaba. Las encuestas jugaron una mala pasada, y el Partido Popular de Andalucía sufre hoy las consecuencias de haberse creído triunfador y sentirse perdedor pese a haber ganado.

Estas elecciones, que se celebran tres meses después de unas generales que llevaron al PP a la mayoría absoluta en el Gobierno de la nación, dan pie a múltiples lecturas de lo ocurrido. La más socorrida, que Rajoy suspende 100 días después de empezar a gobernar. Pero yo tengo mis dudas: el debate autonómico  sobre todo en Andalucía es demasiado peculiar para extrapolar los datos de las nacionales. Son 400.000 votos los que ha perdido el PP entre la contienda general y la autonómica. Pero en esta ocasión ha pesado, sin duda, que las andaluzas se celebraran por primera vez en 16 años por separado de las legislativas. El PSOE sabía que era la única opción para evitar la gran debacle general, y lo ha logrado.

Fuente: Datos oficiales de la Junta de Andalucía

Pero no es el único motivo. Los escándalos de los ERE fraudulentos y la corrupción han pasado factura al PSOE, aunque a la vista de los resultados, no tanta como habían previsto las encuestas: 9 escaños y cerca de 700.000 votos. Pero aún mantiene más un millón y medio de electorado fiel que le permite presumir de una dulce derrota que en realidad es una victoria. El perfecto control de los medios audiovisuales y sus mensajes han jugado sin duda un papel fundamental en esta mínima sangría de votos. José Antonio Griñán sale reforzado dentro y fuera de esta tierra. Ya tuvo que demostrar su fuerza en un Congreso Regional tras ser designado por Manuel Chaves como sucesor ‘digital’. No quiso mojarse pero se posicionó a favor de la baza perdedora en las Primarias de su partido. Y hoy sabe que podrá seguir gobernando a pesar de haber perdido las elecciones.

Diego Valderas es el gran triunfador del encuentro electoral. Pese a haber anunciado que pactaría con el PSOE para impedir la gobernabilidad del PP en la Junta, IU ha logrado doblar la representación autonómica que tenía y es la única fuerza política que gana votos absolutos (120.000). Lo cierto es que Valderas ha ganado en todas partes menos en su pueblo (Bollullos, como bien apunta en su blog @ascandi, donde sacó 1.000 votos menos que en los últimos comicios autónomicos). Y es llave de Gobierno, a pesar de que su electorado haya castigado siempre con posterioridad los pactos de gobernabilidad.

Otro de los elementos a analizar es el candidato que ha perdido las elecciones. Javier Arenas, a pesar de haber sido la fuerza más votada y haber logrado el apoyo del 40,66% de los votantes, ha sido derrotado. Por cuarta vez el dirigente popular se ha presentado a estos comicios. Y en ninguna de las ocasiones ha logrado la presidencia de la Junta. Pero uno de los datos más duros es que el propio Arenas en el año 2008 logró 1.730.000, y en esta ocasión ha perdido 160.000 votos de respaldo a su propia persona; y 400.000 de apoyo a su partido en las pasadas generales del 20N (hace sólo tres meses). El candidato del PP ha sido, con toda probabilidad, motivo y causa de estos resultados. Que su figura genera rechazo en los votantes es una verdad irrefutable después de cuatro intentos. El hecho de partir como favorito en las encuestas le hizo tomar decisiones -cuanto menos arriesgadas en su momento-  que hoy se ven como errores directos: es el caso de la incomparecencia en el debate de Canal Sur (como dice @antonigr en este artículo y en éste otro sobre la silla vacía).

Sin duda el PP andaluz debe afrontar ahora una profunda renovación que se hace más necesaria que nunca. Como sostiene @lacarreter en su análisis, los resultados electorales piden cambios: cambio en la manera de hacer las cosas que hasta ahora ha tenido el PSOE en la Junta de Andalucía (700.000 votos menos). Cambio en la candidatura y/o directiva popular que no ha logrado convencer a los electores andaluces (400.000 votos menos que en las elecciones generales de hace 3 meses). Cambio en el papel que debe jugar la izquierda en esta tierra: logran 120.000 votos más que en las últimas autonómicas. Y eso, a pesar de la importante abstención, que es el otro gran protagonista de estas elecciones: frente a los 3.900.000 votantes de ayer, hay 2.400.000 andaluces que no lo hicieron. Ellos son los grandes protagonistas de estas elecciones: los que no estuvieron. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha provocado la ausencia de tantos electores? ¿Qué mensajes fallaron y no lograron que se movieran el domingo del sillón? ¿O qué determinó su decisión de no ir a votar?

Sabemos que la autocrítica no es una virtud común entre la clase política de este país. Pero después de la noche de ayer, todos deberían hacerlo. Ahora empieza verdaderamente la jornada de reflexión.

En la resaca electoral

No hubo sorpresas. Ganó el que todos imaginaban. Perdió quien todo el mundo sabía, pero por una diferencia mayor de la que nadie esperaba. Pero hubo más. Recién celebradas las elecciones legislativas en nuestro país, sacamos a bote pronto algunas conclusiones.

El PP, ganador de las elecciones por mayoría absoluta y que ha obtenido el mejor resultado de su historia, ha crecido en medio millón de votos respecto a las últimas elecciones (la mitad de ellos de Andalucía, ojo). La amplia mayoría absoluta obtenida responde entonces también al elevado índice de abstención, a pesar de que la participación superara el 70%, y este dato se considerara como válido por todos los opinantes al respecto. Si no me fallan las cuentas, eso es que casi uno de cada tres españoles prefirió no votar. No sé a ustedes, pero a mí no me deja muy tranquila ese dato.

La gran abstención se debió, sobre todo, a antiguos votantes del PSOE. De ahí el batacazo electoral del hasta ahora partido de gobierno. Excepto Barcelona y Sevilla, todas las demás provincias votaron mayoritariamente al PP. Tenemos un mapa de España que ha pintado de color azul incluso los grandes bastiones del voto socialista, como eran Andalucía y Extremadura. La oportunísima separación (después de 16 años) de las elecciones generales y andaluzas permiten al PSOE correr una contrarreloj desesperada de aquí al mes de marzo, momento en que se abrirán de nuevo las urnas andaluzas. Casi con toda seguridad intentarán azuzar el temor por las acciones puestas en marcha por Madrid como casi única arma electoral. El pánico no ha hecho más que empezar en la sede del PSOE-A. Y no es para menos, el 20-N Andalucía votó al PP. La nueva carrera electoral ya ha comenzado en el Sur.  

Además, como consecuencia de las dos premisas anteriores, la izquierda se recuperó notablemente entre el electorado. Supieron fidelizar a los suyos y, además, atraer los votos descontentos de las acciones más duras del PSOE. También se vieron beneficiados por la abstención.

Sin embargo nuestro sistema ha dejado al descubierto alguna de sus mayores vergüenzas. El hecho de que UPyD se haya quedado a las puertas de tener grupo propio en el Parlamento, a pesar de contar con más de 1.100.000 votos por todo el país, es una muestra de ello. Y más si tenemos en cuenta que otros partidos más pequeños, con 300.000 votos, han logrado grupo propio y una mayor representación en escaños. Son los efectos colaterales de la Ley D’Hont, ese gran desconocido culpable del desajuste del valor de los votos de los españoles según el tamaño de la circunscripción en la que vivan. Incomprensible. Miren este gráfico del diario digital lainformacion.com en el que se muestra cómo habría quedado el Parlamento si todos los votos valieran lo mismo.

La otra gran sorpresa, la entrada en el Parlamento de España del nuevo partido de la izquierda abertxale, herederos de HB, con grupo propio y una amplia representación (para ser un partido nacionalista). Es el pago que el pueblo vasco hace al reciente anuncio de abandono de las armas que hacía la banda terrorista ETA justo un mes antes de las elecciones. ¿A que ahora vemos todos con gran claridad que no era casual?

En definitiva, cambio, abstención y reparto desigual de votos han marcado las elecciones del 20-N. Esas en las que el presidente del Gobierno se escondió y dejó sólo a su candidato. Un día después, valoraba el resultado, ya como ex presidente cesado por el BOE. ¿Hará lo mismo Manuel Chaves en Andalucía si Griñán pierde las elecciones? Dentro de cuatro meses la respuesta.

Sin violencia. Sin distracciones. Por los motivos del 15-M

El movimiento 15-M dejó de estar acampado en las plazas. Ahora ha acampado en los periódicos. Pero por motivos que a muchos no nos agradan. Hay mucho ruido, demasiado. E intoxicación también, sí, porqué no decirlo. 


Los medios de comunicación tradicionales no llegaron nunca a entender ni a simpatizar con la filosofía que sustentaba las movilizaciones. Normal, por otra parte. De algún modo han formado parte del Establishment, del Sistema; aprendieron a convivir con una clase política que supo manejar a su antojo a determinados medios de comunicación, lanzándoles y tragándose los mensajes que interesaban en determinados momentos. Y, además, se ven amenazados por esta gran ola de libertad que campa a sus anchas por Internet: la gente ya no compra periódicos. Y la publicidad ha dejado de tener credibilidad. Es el fin del negocio. 


Es muy difícil conocer ahora la verdad. “El 15-M es un movimiento de izquierda” “Está manipulado por la izquierda” “Beneficia a la izquierda” “Sólo el PP se ha reforzado con el 15-M” “Los de Sol están manipulados por Rubalcaba, como ocurrió tras el 11-M” … y así incansablemente. Pero no. Qué equivocación. No me cansaré de decirlo. El movimiento del 15-M ha tenido tanta fuerza, precisamente, porque aglutina a tantísimos descontentos con un sistema político excesivamente cerrado y viciado en sí mismo. ¿Que los acampados han pedido otras muchas cosas referentes al sistema económico? Claro. Es que los que estaban allí en Sol y en las demás asambleas no eran ni mucho menos los funcionarios con sueldos congelados, los padres de familia en apuros, los trabajadores que temen perder su empleo cada día, los miles de autónomos que están al frente de sus negocios peleando por el último céntimo de euro que quieran conseguir. Estaban los que podían, en representación de otros muchos. Por eso los manifiestos han sido tareas imposibles de alcanzar. Las asambleas no lograban acuerdos mayoritarios. Y es que los descontentos y sus motivos son demasiados. No se puede simplificar. 


Razones del 15-M

Hace unos días, el conocido bloggero Enrique Dans, publicaba en El País un artículo en el que reclamaba una “Transición 2.0”. Y recogía, entre otras cosas, algunas de las razones que inspiraron el 15-M: La democracia que vivimos empieza a tener notables desajustes con respecto a la sociedad bidireccional e hiperconectada que hemos construido. Sentimos que los políticos que votamos ya no nos representan, y que han construido un sistema que sustituye a la verdadera democracia con una partitocracia, con leyes electorales que alejan al votante del político, que plantean representantes que ni siquiera conocemos y a los que no podemos pedir responsabilidades, en estructuras de partidos nada democráticas y convertidas en monstruos burocráticos e ineficientes en los que prima el seguidismo, la autopreservación, el escalafón y la jerarquía. Estructuras en las que la corrupción campa a sus anchas, partidos convertidos en empresas cuyo fin es mantenerse en el poder a toda costa, que intercambian dinero y favores con otras empresas y lobbies para beneficiarlos cuando lleguen al poder a cambio de los medios necesarios para conseguirlo. Préstamos que desaparecen, facturas que se perdonan o se inflan según convenga, favores que se pagan con el erario público, amiguismo, nepotismo… todos los vicios que rodean a unos políticos convertidos en “clase política”, en una Corte de Versalles que se autoconcede privilegios, pensiones, cargos, sueldos multicompatibles, consejos de administración, retiros dorados…

¿Y los políticos? Pues hacen lo que pueden. Los de IU salen escaldados cada vez que se acercan  (‘Los indignados zarandean a Cayo Lara‘). El PSOE, que bastante tiene con lo que tiene, anda metido preparando su Conferencia Política de septiembre, y se refugia en IDEAS y en un útlimo invento llamado Socialismo Abierto (bajo la filosofía de la apertura y del Open Goberment). El PP oficial sigue mirando con recelo el movimiento, imaginando a Rubalcabas o Kalesborrokas tras los ‘perro-flautas’. Pero descubren asombrados que Líderes del 15-M arropan a ex-dirigentes del PP, o que Esperanza Aguirre, la ‘verso suelto’ del PP lideresa de Madrid, hace guiños a los indignados anunciado cambios en la Ley Electoral Autonómica para instaurar Listas Abiertas.   

Pero todo cambia cuando aparece la violencia. Todos los medios de comunicación han denunciado lo que consideran un atentado contra la democracia: la presencia de los indignados en las puertas de los Parlamentos durante la toma de posesión, con enfrentamientos directos con la Policía y resultados de detenidos y heridos por ambos lados. 


Pero como la verdad, -gracias a la tecnología- ya no la controlan sólo unos pocos, descubrimos en este vídeo que en Barcelona un grupo de secretas con caras de pocos amigos trataban de infiltrarse entre los manifestantes. Tan descarado fue el intento que tuvieron que salir escoltados por los propios antidisturbios. 


No nos equivoquemos. Estos conatos de violencia son sólo maniobras de distracción. No es lo que persigue el 15-M. Desde el principio se autoafirmó como un movimiento pacífico que quería denunciar el hartazgo de una situación que se hace complicada arreglar. Es la hora de la reflexión. No como en la jornada pre electoral. Sino la de la argumentación. La de búsqueda de consensos y de apoyos. La presencia en la calle ha dado fuerza y nombre. Ahora hace falta clarificar las ideas. Sin distracciones. Sin violencia. Recuperando los motivos y razones que inspiraron el 15-M. 

Izquierda Unida, el poder y los indignados

Será que una es muy mal pensada. O que está muy acostumbrada a que en ciertas situaciones lo peor esté siempre aún por llegar. Pero a mí lo de IU en Huelva me huele mal. Muy mal.

Andan a la gresca la coordinadora provincial, la asamblea local de Almonte y la de Gibraleón.

-¿Pues no que quieren pactar para que gobierne el PP? Mira que lo hemos dicho claro: al PP ni agua! Que estos son muy peligrosos. Les cuesta llegar, pero cuando lo hacen no se van ni con agua caliente… Nada, nada. Aquí hay libertad para pactar con cualquiera, que la asamblea local lo estudie y decida. Menos con el PP. Pero libertad absoluta, eh?…

– Oye y tú ¿que piensas de Diputación? Porque allí está la cosa tela de apretada… Además, Curro nos ha ofrecido la presidencia, no? Eso no nos lo daría nunca el PSOE…

– Calla, calla. Que no sabes la que ha liado Moro. Lo filtró y se armó una buena. Venga llamadas y comunicados. Estaban todos que trinaban: Valderas, no veas cómo se puso. Pero Sanz y Arenas igual. Pusieron el grito en el cielo. Y digo yo, y a ellos ¿qué les importa? Que los que estamos aquí luchando día tras día somos nosotros, no ellos, que tienen sus sueldos y su gente bien asegurados…

– Y eso de dimitir de coordinador si pactan las asambleas locales con el PP,  ¿a qué viene?

– Es que no sabes las presiones…

– Ya. Y digo yo, que una vez que pacten en Almonte y en Gibraleón, si el coordinador provincial esperara a la sesión de constitución de las Diputaciones, el diputado Jiménez podría entonces dimitir de coordinador de IU… y entonces, verdad que podría pactar con el PP?

Si es que no se puede ser tan mal pensada. Pero ¿verdad que no he sido la única que se lo ha planteado? …Y luego no entienden a los indignados.

¿Debe temer el PP al 15-M?

Gráfica de Democracia Real Ya 

Las elecciones municipales y autonómicas nos dejaron un montón de sorpresas. En primer lugar, al parecer España se volvió azul, tras perder el PSOE feudos históricos como los Ayuntamientos de Barcelona y Sevilla, la Comunidad de Castilla la Mancha y la de Extremadura.

En segundo lugar, aumentó la participación sensiblemente (2,2 puntos). Precisamente en unos comicios en los que los políticos se presentaban con el mayor descrédito cosechado nunca ante la ciudadanía, llegando a ser la tercera preocupación de la sociedad española según el CIS.

En tercer lugar, el voto en blanco, el voto nulo, y algunos partidos minoritarios (sobre todo UPyD e IU) obtuvieron resultados históricos. Y a pesar de todo, el PP arrasó. El PSOE fracasó estrepitosamente. Tanto, que la candidatura nunca anunciada de Chacón para las primarias de su partido tuvo que ser inmolada para que no se cuestionara la autoridad de su jefe y mentor, José Luis Rodríguez Zapatero.

Y todo esto con #acampadasol en pleno auge, con #acampadabcn también y con tantas otras acampadas en las ciudades españolas que habían seguido el lema de #tomalacalle y miraban los resultados electorales de reojo y con indiferencia.

El PP sigue pensando que es un movimiento de izquierda, que cuenta con muchos ingenuos a los que han convencido, pero que está manipulado y seguirá beneficiando a la izquierda. Pero no. A quien beneficia es al PP. A pesar de tener menos votos que en anteriores elecciones, los populares han sido los ganadores absolutos. Nuevamente, la Ley D’Hont aplicó la ley de la ventaja. Y la diferencia fue mayor.

¿Debe temer el PP al 15-m? Aparentemente no: hasta ahora les ha beneficiado. Sus votantes son fieles, los que siempre están movilizados y motivados para votar. De seguir así hasta las generales, el votante de izquierda seguiría descontento con los socialistas, premiando a Rosa Díez, a Izquierda Unida y a la abstención o el voto en blanco. Al estar más fragmentado, sería el de Rajoy el partido claramente beneficiado. Y esto, siguiendo la doctrina Arriola: sin hacer nada.

Pero ¿qué ocurriría si fuera el PSOE el que diera el paso al frente? Probablemente la Conferencia Política socialista de otoño -toda vez que se ha negado la vía del Congreso Federal que pedían algunos (junto con la cabeza de ZP)- podría ser capaz de entonar el mea culpa, asegurar que han escuchado a los ciudadanos y prometer que todo va a cambiar. Mientras, callará que todo permanecerá igual. Pero el paso ya estaría dado. El PSOE lo habría dado y al PP de nuevo les habrían adelantado. Por la escuadra.    

¿Es Huelva de color azul?

Qué interesante. El panorama que ha dejado las elecciones en Huelva es ahora, cuanto menos, interesante.

Unos cuantos municipios tienen sus gobiernos por decidir. Están dependiendo de los pactos, ya que las urnas no despejaron ninguna mayoría suficiente para gobernar. Es el caso de Ayamonte, Almonte, Gibraleón o Moguer.

Otros, con un cambio de escenario gigantesco. Conocerán un gobierno de un color político diferente al que han vivido durante los últimos 20 o incluso 30 años. Sin duda el más llamativo es el de Valverde, tras 32 años de gobierno socialista y con mayoría absoluta arroyadora pepera. Pero también podría quedar fuera el histórico y emblemático Millán en Cartaya. O el fronterizo Ayamonte.

Están los que se enfrentan a varios gobiernos sucesivos del mismo color. En ellos, sus gobernantes tendrán uno de los trabajos más duros: convencer a sus votantes que siguen teniendo ideas para mejorar su municipio. Y lo que es mejor, que sabrán llevarlas a cabo. Por eso en la capital, la manita que lucía un pletórico Pedro Rodríguez, podría convertirse en su peor arma.

Pero el panorama más interesante, al menos hasta que se desenvuelva el entuerto, es el de la Diputación. Igualados a 13 concejales, tanto el PSOE como el PP intentan bailar con la que en este caso se ha convertido en la más guapa: Izquierda Unida. Desde la cúpula andaluza y nacional han avisado que no habrá pactos globales con nadie. Demasiado caros les han costado hasta ahora. Pero también saben que parte de su electorado no quiere al PSOE y la otra, que no gobierne el PP. Son conscientes, además, de haber sido los grandes beneficiados de la super crisis que azota al partido que se llama obrero.

Puede que al coordinador de IU en Huelva, Pedro Jiménez, ya le hayan ofrecido la presidencia de la Diputación a cambio de pactar con el PP. El municipio de Almonte podría ser escenario también de este extraño compañerismo de cama. Igual que en Extremadura, los de IU podrían plantearse como primer objetivo terminar con tantos y tantos años de mayorías absolutas del PSOE. Al parecer, no deben ser demasiado buenas para la ciudadanía. Que se lo pregunten si no a los EREs. Y a los del 15-M también.

En fin. Como decía, apasionante. Hasta el próximo 11 de junio, habrá quien tenga que deshojar muchas margaritas. Por si acaso, Petronila ya ha dicho que se queda ejerciendo la oposición. Claro. ¿A dónde iría si no? No sé si Huelva es de color azul. Lo que sí sé es que algunos dirán: “aquí ya no hay sitio para nadie”.