¿Crisis de migración o migración de crisis?

La Unión Europea ha hecho frente a la masiva llegada de inmigrantes sirios que han entrado en los últimos meses en Europa huyendo del conflicto sirio con las tropas del IS.

Foto 20minutos.es
 
Esta crisis migratoria sin precedentes, que nos ha dejado impactantes imágenes sobre el estado en que sobreviven huyendo de su país, ha calado en las conciencias de la Joven Europa, vista ahora como esa tierra prometida llena de posibilidades para miles de personas que huyen de la guerra en su país.

Foto infonews.com

Tras varios meses de preparación y varias semanas de negociación, la UE ha firmado finalmente un acuerdo con Turquía para la gestión de esta crisis en la que se ha acordado la posibilidad de devoluciones de inmigrantes a Turquía, el estudio de manera individualizada de los casos para determinar los que serán considerados como asilo y el despliegue de ayuda económica y material para atenderlos en sus campamentos de refugiados.

Los principios que han regido este acuerdo se basan, fundamentalmente, en mantener la legalidad de la entrada en Europa de inmigrantes y actualizar a la situación la libre circulación de fronteras que el Acuerdo Schengen mantenía para toda Europa, progresivamente, desde que se firmara en 1985 por los entonces estados miembros. En ese acuerdo se establecía que correspondía a cada país la vigilancia de sus fronteras externas para los ciudadanos de estados no miembros así como la inmigración irregular ya que, una vez dentro de Europa, el derecho a la libre circulación de los ciudadanos europeos primaba sobre el control fronterizo.

Refugiados sirios ante una frontera cerrada.

¿Estaban bien definidos los límites de este acuerdo? A la vista está que quedaban algunos flecos sueltos por los que se han venido colando ingentes cantidades de inmigrantes por España hace unos años, Italia poco después y Grecia y Macedonia muy recientemente como consecuencia de la guerra en Siria. Y quizá este acuerdo sirva para terminar de definir cómo actualizar y llevar a la práctica un acuerdo que tenía algunos puntos débiles. Tantos como para que algunos estados miembros hayan decidido cerrar sus fronteras para evitar el paso y asentamiento de más inmigrantes a sus países.

Niños sirios en campamento de refugiados. Foto ecodiario.eleconomista.es

Es cierto que hay muchas variables que se deben tener en cuenta: la necesidad de buscar una vida mejor que anima a embarcarse en la aventura de migrar y abandonar su país con lo puesto a decenas de miles de familias enteras. La existencia de mafias y traficantes que se enriquecen al asegurar un futuro mejor a estas familias que se juegan la vida en llegar a Europa. El drama humano que supone la llegada de personas sin recursos a los países vecinos del norte, ricos y sin guerra (aparente). La meta de todos ellos por llegar a Alemania, que resulta cuanto menos sorprendente. La llegada del terror por atentados islamistas al corazón de Europa (que empezó el 11-M, pero que parece que Europa ha empezado a sentir como propia tras los atentados de París el 13-N pasado y los de hoy mismo (22-M) en Bruselas.

Desalojo del Aeropuerto de Bruselas. Foto Laurent Dubrule EFE
Lo cierto es que tras el 11-S las guerras han cambiado en el mundo desarrollado: ya no se producen entre batallones de combate en un campo de guerra, sino en los lugares habituales de paso entre los ciudadanos de un país como son una estación de tren, un aeropuerto, una sala de fiestas o la boca del metro. El desconocimiento de quién es el que podrá hacer daño les hace aún más peligrosos a ellos y a los ciudadanos más vulnerables. Pero forma parte esta nueva guerra: el terror es su principal arma.

Niño sirio ahogado en la playa. Foto ABC.es
¿Ha sido poco humana entonces la respuesta de la UE ante esta crisis o al contrario ha sido más bien tibia al no atacar la raíz del problema? ¿Es incompatible en este siglo XXI mantener la libre circulación de ciudadanos europeos con la seguridad e integridad de los mismos? ¿Es legítimo tener temor ante una avalancha humana así o somos los  más insolidarios de la Historia por permitir que los niños mueran ahogados mientras tratan de alcanzar la costa griega?

Calles de Alepo (Siria). Foto elmeme.me

Y mientras, el Estado Islámico, avanza sus tropas en Siria y continúa sembrando el terror por aquéllas tierras y también fuera de ellas. ¿Cómo casamos la acción humanitaria con la gestión eficaz de los recursos de un país? ¿Aceptamos por humanidad a todos los que huyen de la guerra o acogemos sólo a los que sabremos que podremos dar trabajo, casa, comida, educación y sanidad? ¿Deben quienes vengan asumir las costumbres del país e integrarse en la sociedad que les acoge o pueden mantener sus tradiciones para legarlas a sus descendientes y que no pierdan sus raíces? ¿Está fallando Europa en la gestión de la crisis o en la Comunicación de cómo lo está gestionando? ¿Nos encontramos entonces ante una crisis de migración o ante la gestión de una migración de crisis? ¿Cuál es la respuesta más adecuada?

Debates europeos: las carencias que tenemos

Cuando uno sale fuera, se da cuenta de las carencias que tiene dentro. Es lo que sucede si salimos de una ciudad de provincias y vamos a la capital. Y no digamos si viajamos al extranjero. Es el verdadero momento en el que descubres que la aparente felicidad-bienestar en la que vives es bastante mejorable al ser comparada con otros lugares.

Algo así ocurrió la noche del doble debate electoral para las europeas. Por un lado, pudimos ver un debate entre los 5 candidatos a presidir la Comisión Europea. Las intervenciones eran de 60 escrupulosos segundos para cada uno de ellos, según los temas y el orden de las intervenciones que iba marcando la periodista italiana Mónica Maggioni -quien se reveló como una fantástica oradora que supo mantener el ritmo toda la noche-.

Cada candidato contaba además con varios comodines que les servían para poder aumentar en 30 segundos más su intervención cuando les interesara. Y los temas de los que se hablaron, fueron todos los que importan a los europeos: desde la crisis, la financiación y el sistema bancario hasta la inmigración, sin dejar de tocar el tema de los lobbies y la corrupción. Fue un debate sin tapujos, dinámico, ágil y muy europeo donde los candidatos debieron llevar sus temas muy bien preparados para poder dar con claridad -en menos de un minuto- la idea central del grupo al que representan. Debían contar con dejarse un margen de tiempo por si debían responder a algún contrincante y asegurarse de que sus mensajes fuesen claros, concisos y convincentes. Y a la vez, cuidar su imagen, su voz, su lenguaje corporal… Ahí es nada.

Pero lo consiguieron. Algunos candidatos lo hicieron mejor que otros, todo hay que decirlo. Yo, personalmente, creo que destacó por sus formas, energía, mensajes y utilización de los tiempos la jovencísima candidata verde, la alemana Ska Keller; mientras que, bajo mi opinión, en último lugar quedó el candidato del Partido Popular Europeo Jean-Claude Junker precisamente por lo mismo: por sus formas, su falta de energía, los mensajes (en su mayoría pobres y diluidos) y el poco juego que dio.

En las redes sociales, el debate fue igualmente intenso. Algunos de los perfiles de los candidatos, con bastante acierto bajo mi punto de vista, tuiteaban las intervenciones en directo, haciéndose eco y repicando en la red de los 140 caracteres lo que hablaban en vivo. Algunos de ellos, como el socialista Martin Schulz, con el buen ojo como para hacerlo en diferentes idiomas, convirtiendo su propio timeline en una bella torre de babel entre tuits propios y ajenos.

Como es lógico, hubo unanimidad para elegir el hashtag. Y #TellEurope fue el claro TT (Trendic Topic: tema más usado por los tuiteros) de la noche en casi toda Europa. La imagen de la nube de tags más usados en los tuits del debate fue también muy interesante. Sólo los candidatos de los dos grandes partidos añadían su propio hashtag #NowSchulz o #WithJunker que han venido usando a lo largo de la campaña y precampaña electoral.

Pero la gran depresión -para los telespectadores que habíamos seguido el primer debate sobre todo- se produjo al terminar el debate a 5. Fue nada más empezar el cara a cara protagonizado por los candidatos de los dos grandes partidos en las europeas. Miguel Arias Cañete (PP) y Elena Valenciano (PSOE) protagonizaron un programa de televisión monográfico electoral, con tiempos repartidos y temas pactados, en el que se habló poco -o muy poco- de Europa y mucho en clave nacional con argumentos manidos y nada originales. Una auténtica farsa que dejaba mucho que desear. Empezando por la presencia de otros partidos, aunque fueran minoritarios.

Y en las redes el ridículo, como suele ocurrir, no fue para menos. El hashtag de la noche fue el que impuso la emisora del debate: #CaraACaraTVE (bastante mejorable, por cierto: las siglas de la cadena pública sobraban, por ejemplo…). Y junto al lógico TT en España de la etiqueta oficial, las ya clásicas guerras de hashtag para imponer #GanaCañete frente a #CañeteKO. ¿Pero no saben ya los equipos de comunicación que los TT no son más que un éxito efímero que siempre se logra con numerosos tuits en contra? Es más que probable, incluso, que en el partido opuesto se aprovechen del TT para colar su propia ideología con la etiqueta. Y todo, ¿para qué? Para lograr una imagen tan triste como ésta:

Pero como la realidad siempre supera a la ficción y Spain is different para todo, la mañana post debate lo cambió todo rápidamente. Un enorme y duradero TT arrasó el timeline nacional durante todo el día. #HomoCañetus es el hashtag elegido para comentar con enorme sorna las propias declaraciones del candidato popular, justificando que dejara ganar a su contrincante en el debate para no parecer machista. Lo que decía. Que cuando uno sale fuera, se da cuenta de las enormes carencias que tiene dentro.

Europa, tanto por construir

Es una realidad que los europeos entienden poco de Europa como Institución. Y es una realidad que las redes sociales han llegado para quedarse y están cambiando los modos y medios en los que los ciudadanos de todo el mundo se relacionan y comunican entre ellos, con las empresas, con sus marcas preferidas, con sus políticos y con las instituciones que los gobiernan. De este binomio, y propiciada por la eurodiputada española Cristina Gutiérrez-Cortines (PP), ha surgido la iniciativa EuropeIN, encaminada a favorecer la comprensión de lo que pasa en Europa por parte de los ciudadanos gracias a la utilización de estos nuevos canales de comunicación.

Gracias a este programa, que luego han replicado a nivel europeo sus compañeros de partido (EPP Group) he podido conocer de cerca algo de la realidad de la política europea. Por ejemplo, que en Europa todo se negocia. Y que, como político, no eres nadie en Europa no sólo si no dominas varios idiomas, sino so no sabes cómo moverte dentro de las instituciones: qué es responsabilidad de quién, con quién hay que hablar para lograr según qué, dónde se negocian cada uno de los asuntos, cuál es la mejor manera de abordar los temas, qué apoyos te harán falta para logar sacar adelante algo, cómo lograr esos apoyos, etc.

Porque el universo de las instituciones europeas es tan grande, que todos -o casi todos- se pierden al menos durante los dos primeros años. Y allí cuenta, y mucho, cómo se mueve cada político, a quién conoce y con quién se lleva bien tanto en su propio partido como en los contrarios. Su capacidad de convencer a los suyos, su capacidad de negociar con los otros, su agilidad para moverse en el nudo de edificios, despachos, salas y reuniones, su organización de agenda y de temas por prioridades y por tiempos… En Europa lo cierto es que cuenta la experiencia. Y cuenta porque, como en muchas otras profesiones, todos los europarlamentarios se han pegado muchos batacazos antes de conseguir entender lo que pasaba y cómo debían hacer las cosas. Y porque aquéllo es una carrera de fondo para todos y, como en el cole, vale eso de que “tonto el último”. Y dejan, como en el instituto, que el novato haga el ridículo. Forma parte del aprendizaje de Europa.

Por eso, y porque en menos de 20 días tendremos que acudir a las urnas, es de vital importancia que conozcamos quiénes son los que elegimos. Lo cierto es que elegir de verdad sólo lo hacen aquéllos que participan en las primarias de los partidos que permiten a sus militantes decidir la composición de las listas así. El resto, los que no militamos en ningún partido -la gran mayoría-, tendremos que conformarnos con elegir entre lo que nos ofrezcan. Y confiar en que los allí puestos tengan experiencia europea o facilidad para la adaptación, una gran agilidad para moverse entre instituciones europeas, una gran capacidad de diálogo y conocimiento de idiomas o al menos facilidad para aprenderlos.

Es importante saber que los europarlamentarios españoles de distintos grupos políticos se apoyan entre sí en numerosas ocasiones para votar iniciativas que son favorables a nuestro país, a pesar de que el partido al que pertenecen tenga oficialmente otra posición. Esta realidad, que es reconocida sin tapujos por los españoles, es también común entre europarlamentarios de países del Sur de Europa (Portugal, Italia, Grecia) y entre algunos de los países del Este de reciente incorporación (Rumanía, República Checa, Polonia, Estonia, Lituania, etc). La explicación es sencilla: los países poderosos y ricos, las grandes potencias de la vieja Europa, tienen un mayor peso político dentro de la UE y son capaces de hacer políticas generalmente favorables hacia sus países. Por eso los más débiles, aún teniendo otra posición ideológica marcada por el grupo político al que pertenecen, se sienten comprometidos con su país o con causas concretas a nivel personal.

Los años de guerras y separaciones entre los que ahora son estados miembros, han sido demasiados. Nuestra historia como unión política, institucional y económica es demasiado reciente. Queda aún mucha Europa por construir.

Elecciones Europeas’14: ¿esperanza de los partidos pequeños?

Las próximas elecciones europeas, que se celebrarán el próximo 25 de mayo en todos los países de la Unión, son el gran pulso que los políticos españoles deberán afrontar ante unos ciudadanos que las siguen viendo con una mezcla de escepticismo, estupor y lejanía. De hecho, la abstención es el gigante al que temen (o no) los grandes partidos españoles. Si sobrepasa el 50% de la participación sería un gran triunfo, aseguran en voz baja temiendo no llegar al 40%. Y por sí fuera poco, tanto el PP como el PSOE se juegan el todo en ellas.
Rajoy tendrá que validar ante la opinión pública sus políticas: si pierde su candidato será interpretado como un rechazo directo a las reformas que ha desarrollado en lo que lleva de legislatura, en pleno ecuador de su mandato. Por otra parte, supondría que perdiese también el “candidato de Rajoy”, toda vez que Mayor Oreja decidió no presentase. Y para rizar aún más el rizo, el candidato del PP lleva cierto tiempo de desventaja frente a los demás, ya que no ha sido aún anunciado. 
Rubalcaba, por su parte, se juega en estas elecciones la última carta que le queda. Si vuelve a obtener un pésimo resultado electoral no habrá manera de mantease ni un minuto más en el poder y se verá obligado a convocar las Primarias de inmediato. Quedará para siempre fuera de la política nacional de primera línea.  
Y mientras los grandes deberán pelear una batalla campal, los partidos más pequeños ven en las Europeas su gran oportunidad de recoger los descontentos que siembran los grandes por un lado, y lograr una mayor representación que la que obtendrían en unas generales, por el otro. Al ser toda España una única circunscripción dentro de la UE desde el punto de vista electoral, la proporcionalidad en el reparto del voto es directa y no inversa. Es el paraíso soñado para los partidos minoritarios: unas elecciones sin la dichosa Ley D’Hont. 
Estos partidos pequeños, como VOX por ejemplo, arañarán miles de votos descontentos del PP. Los de UPyD absorberán de nuevo el descontento socialista y además recogerán lo sembrado en estos últimos 5 años, cuando lograron sorprender a propios y extraños obteniendo un escaño en el Parlamento Europeo -representación que Sosa Wagner ha sabido llevar con dignidad-. Aspiran a superar esos resultados. Otros, como Ciudadanos, tratarán de acaparar al asfixiado electorado catalán no nacionalista. Y así, las minorías lograrán la mayoría suficiente para hacerse un hueco en el Parlamento Europeo. 
Recientemente me aseguraba un miembro del Parlamento Europeo que las minorías, sobre todo las radicales y aquellas antieuropeas, no tienen absolutamente nada que hacer en una cámara dominada por la derecha democristiana, con una abrumadora mayoría. Europa es azul, y las minorías radicales no tienen hueco casi en su principal cámara. Están porque la ley lo permite. Otra cosa es que les sirva para algo. 
Pero la desmembracion del voto español se debe más a otras cuestiones. Y eso quizá sea lo que más temen los grandes partidos en España: que los partidos minoritarios en España dejen de quedar reducidos a una mínima y ridícula presencia en Europa que, de ninguna manera, les pueda hacer daño en casa. Sin embargo, en Europa todo se negocia y decide en los pasillos. Y algunos de los candidatos de estos minoritarios cuentan con una amplia experiencia en el Parlamento, como es el caso de Alejo Vidal-Cuadras. Y eso, unido a la desmembración cada vez más evidente del electorado español que ya no es del todo rojo ni del todo azul, nos hará ver unas elecciones divertidas y atípicas cuanto menos. Serán el gran momento de todos los partidos pequeños. Por mucho que les pese a los grandes.