Debates europeos: las carencias que tenemos

Cuando uno sale fuera, se da cuenta de las carencias que tiene dentro. Es lo que sucede si salimos de una ciudad de provincias y vamos a la capital. Y no digamos si viajamos al extranjero. Es el verdadero momento en el que descubres que la aparente felicidad-bienestar en la que vives es bastante mejorable al ser comparada con otros lugares.

Algo así ocurrió la noche del doble debate electoral para las europeas. Por un lado, pudimos ver un debate entre los 5 candidatos a presidir la Comisión Europea. Las intervenciones eran de 60 escrupulosos segundos para cada uno de ellos, según los temas y el orden de las intervenciones que iba marcando la periodista italiana Mónica Maggioni -quien se reveló como una fantástica oradora que supo mantener el ritmo toda la noche-.

Cada candidato contaba además con varios comodines que les servían para poder aumentar en 30 segundos más su intervención cuando les interesara. Y los temas de los que se hablaron, fueron todos los que importan a los europeos: desde la crisis, la financiación y el sistema bancario hasta la inmigración, sin dejar de tocar el tema de los lobbies y la corrupción. Fue un debate sin tapujos, dinámico, ágil y muy europeo donde los candidatos debieron llevar sus temas muy bien preparados para poder dar con claridad -en menos de un minuto- la idea central del grupo al que representan. Debían contar con dejarse un margen de tiempo por si debían responder a algún contrincante y asegurarse de que sus mensajes fuesen claros, concisos y convincentes. Y a la vez, cuidar su imagen, su voz, su lenguaje corporal… Ahí es nada.

Pero lo consiguieron. Algunos candidatos lo hicieron mejor que otros, todo hay que decirlo. Yo, personalmente, creo que destacó por sus formas, energía, mensajes y utilización de los tiempos la jovencísima candidata verde, la alemana Ska Keller; mientras que, bajo mi opinión, en último lugar quedó el candidato del Partido Popular Europeo Jean-Claude Junker precisamente por lo mismo: por sus formas, su falta de energía, los mensajes (en su mayoría pobres y diluidos) y el poco juego que dio.

En las redes sociales, el debate fue igualmente intenso. Algunos de los perfiles de los candidatos, con bastante acierto bajo mi punto de vista, tuiteaban las intervenciones en directo, haciéndose eco y repicando en la red de los 140 caracteres lo que hablaban en vivo. Algunos de ellos, como el socialista Martin Schulz, con el buen ojo como para hacerlo en diferentes idiomas, convirtiendo su propio timeline en una bella torre de babel entre tuits propios y ajenos.

Como es lógico, hubo unanimidad para elegir el hashtag. Y #TellEurope fue el claro TT (Trendic Topic: tema más usado por los tuiteros) de la noche en casi toda Europa. La imagen de la nube de tags más usados en los tuits del debate fue también muy interesante. Sólo los candidatos de los dos grandes partidos añadían su propio hashtag #NowSchulz o #WithJunker que han venido usando a lo largo de la campaña y precampaña electoral.

Pero la gran depresión -para los telespectadores que habíamos seguido el primer debate sobre todo- se produjo al terminar el debate a 5. Fue nada más empezar el cara a cara protagonizado por los candidatos de los dos grandes partidos en las europeas. Miguel Arias Cañete (PP) y Elena Valenciano (PSOE) protagonizaron un programa de televisión monográfico electoral, con tiempos repartidos y temas pactados, en el que se habló poco -o muy poco- de Europa y mucho en clave nacional con argumentos manidos y nada originales. Una auténtica farsa que dejaba mucho que desear. Empezando por la presencia de otros partidos, aunque fueran minoritarios.

Y en las redes el ridículo, como suele ocurrir, no fue para menos. El hashtag de la noche fue el que impuso la emisora del debate: #CaraACaraTVE (bastante mejorable, por cierto: las siglas de la cadena pública sobraban, por ejemplo…). Y junto al lógico TT en España de la etiqueta oficial, las ya clásicas guerras de hashtag para imponer #GanaCañete frente a #CañeteKO. ¿Pero no saben ya los equipos de comunicación que los TT no son más que un éxito efímero que siempre se logra con numerosos tuits en contra? Es más que probable, incluso, que en el partido opuesto se aprovechen del TT para colar su propia ideología con la etiqueta. Y todo, ¿para qué? Para lograr una imagen tan triste como ésta:

Pero como la realidad siempre supera a la ficción y Spain is different para todo, la mañana post debate lo cambió todo rápidamente. Un enorme y duradero TT arrasó el timeline nacional durante todo el día. #HomoCañetus es el hashtag elegido para comentar con enorme sorna las propias declaraciones del candidato popular, justificando que dejara ganar a su contrincante en el debate para no parecer machista. Lo que decía. Que cuando uno sale fuera, se da cuenta de las enormes carencias que tiene dentro.

El poder digital de los partidos políticos

No hablaré de comunicación digital. El poder “digital” del que hablo se refiere al de los “dedos” o “dedazos” que se dan en la política española, y que resultan tener un gran poder ejecutivo. El caso del PP de Andalucía y la frustada postulación de “n” candidatos por todo el territorio andaluz hasta el señalamiento por parte de Rajoy de Juan Manuel Moreno Bonilla es sólo un ejemplo de lo que ocurre en la política española. En toda ella. Y seguirá ocurriendo mientras no se haya verdadera democracia interna dentro de los partidos.

Imagen de Diccionario Electoral INAP

En el PSOE sonríen sin disimulo las críticas al “dedazo” propiciado por Mariano Rajoy para designar al candidato popular andaluz. Sin embargo, no quieren que se les recuerde cómo el proceso de “primarias” que nunca llegó a celebrarse en el PSOE-A no fue por falta de candidatos, sino por la imposibilidad de que éstos superaran la fuerza del aparato del partido sobre la candidata oficial (la actual presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz) y lograr las condiciones necesarias para serlo. Que le pregunten si no a Jose Antonio Rodríguez Sala, alcalde de Jun. O, más recientemente, la designación de Elena Valenciano como candidata a las elecciones europeas.

Pero que esto ocurra en todos los partidos mayoritarios españoles (sólo los pequeños se salvan con procesos de elección de candidatos aparentemente transparentes) no quiere decir que sea algo que la ciudadanía entienda y vea con buenos ojos. El lamentable espectáculo vivido en los últimos meses en el PP-A a cuenta de la elección del presidente y futuro candidato andaluz ha dejado un reguero de chascarrillos en todos los diarios que alejan aún más si cabe a los políticos de sus votantes: “ha sido una lucha entre Arenas y Cospedal”, “Soraya Saénz de Santamaría es la que tiene poder sobre Rajoy”, “Zoido y Cospedal quedan tocados tras la decisión de Rajoy”… por no hablar de los dos intentos fallidos de Cospedal y parados en seco por Rajoy en el útlimo minuto de nombrar a José Luis Sanz candidato a presidente del PP-A.

Porque el ciudadano de a pie no entiende que un partido que lleva 30 años tratando de gobernar en Andalucía sufra un descabezamiento y desorientación tan profunda después de que su último presidente abandonara el barco por no poder gobernar pese a haber ganado las elecciones. La marcha de Javier Arenas dejó al PP-A tan huérfano y perdido que sólo se entiende como una consecuencia del estilo de dirección que lo había dominado: el del control absoluto de todos los resortes del partido y su poder en todas y cada una de las esquinas de esta región. Y esto es como con la educación de los hijos: si no se les enseña poco a poco a usar su libertad, luego no se saber hacer uso de ella.

La gran pregunta es ¿pero existe libertad dentro de un partido político? Pues no. Como se ha visto: una o ninguna libertad. Por eso José Luis Sanz ha descartado presentar candidatura para presidir el PP-A, a pesar de contar con avales suficientes para hacerlo: quedaría para siempre marcado con el estigma del candidato crítico. Y eso, la falta de fidelidad, es algo que no se perdona nunca dentro de un partido. Y la venganza, por lo general, es un plato que se sirve frío. Que se lo pregunten hoy a Cospedal sobre Arenas.