La ministra onubense

Estamos de enhorabuena en Huelva. El nombramiento de Fátima Báñez como ministra de Trabajo y Seguridad Social es una gran noticia para esta provincia, que ha sido la que ha votado como diputada del Congreso durante la última década.

Después de haber formado parte del núcleo económico de Rajoy, de haber preparado junto a Montoro tantos y tantos informes y valoraciones sobre presupuestos y la coyuntura económica de nuestro país, no ha sido una sorpresa su designación. Como tampoco ha sorprendido que haya sido elegida para la cartera de Trabajo, una de las más calientes que habrá en la legislatura. La inminente negociación con los agentes sociales para sacar adelante una reforma laboral que acabe con los cinco millones de parados del país será  un duro estreno.

Su nombramiento, además de ser un reconocimiento a la enorme labor que ha realizado esta trabajadora incansable de la política, forma parte de la estrategia de Rajoy y de Arenas para Andalucía. Que no le quepa a nadie la menor duda de que aquí nada se ha dejado a la improvisación, a la ocurrencia o a las cuotas. Es la primera mujer que ocupa esta cartera en la Historia de nuestro país, y no es casual. Procede de la región española más castigada por el paro, y es por algo. Y, además, tiene una cabeza privilegiada, está habituada a la macroeconomía y es meticulosa en sus tareas, lo que la hace meritoria del puesto.

La proximidad de las elecciones autonómicas andaluzas, que se celebrarán a la vuelta de la esquina, será uno de los escollos que deberá salvar la reforma laboral. El temor al vuelco electoral andaluz hará sin duda que tengamos unos meses calientes ante cualquier mínima decisión que tome el Gobierno. Servirá para remover a la ciudadanía, tomar las calles en Andalucía y despertar así el voto socialista que el 20-N decidió quedarse en casa o cambiar de aires.

Y todo ello estará en la mente de Báñez cuando tome decisiones, no me cabe la menor duda. Como tampoco dudo que su condición de mujer y madre pesará mucho en su actuación -a pesar de que las competencias de Igualdad hayan recaído sobre Ana Mato, ministra de Sanidad y Servicios Sociales-. ¿Apostamos algo a que se toman decisiones encaminadas a favorecer el empleo a tiempo parcial y el teletrabajo?  

Desde aquí le deseamos toda la suerte a la ministra onubense, seguros de que no se olivará de esta tierra ni de sus mujeres cuando prepare sus disposiciones de Empleo. Muchas felicidades, Fátima!

El adelanto del candidato R

El adelanto electoral es la gran esperanza del PP. Es “el” argumento del PP, de hecho. Y lo último que le gustaría hacer a ZP. Pero después de la presentación de Rubalcaba como candidato, parece como si ZP ya pintara poco.

Gracias precisamente a la oficialización en la toma de riendas por parte del ex-ministro de González y Zapatero, el PSOE goza de una imagen y una fortaleza que hace tiempo que no tiene. La debacle electoral de las municipales y autonómicas del 22 de mayo ha sido superada con fuerza por la puesta en escena del candidato R (¿o debería decir candidatoR, al más puro estilo Chiquito de la Calzada?).

Su discurso estuvo plagado de guiños y de giros hacia la izquierda más pura. El hecho más destacable, quizá, el de señalar de nuevo a los bancos como culpables de la crisis y proponer que sean quienes paguen una tasa especial para la creación de empleo. Por lo demás, una buena campaña de imagen, una puesta en escena impecable y una gran estrategia de comunicación con resultado de unas ilusiones renovadas para el socialismo -que buena falta le hacían-.

Sólo la proclamación del candidato R ha logrado suficiente entusiasmo entre sus filas como para despertar el socialismo oculto, agazapado y avergonzado de los votantes. El gran respaldo mediático con el que cuenta Rubalcaba, y su alta capacidad para la comunicación, alienta entre los suyos los deseos de un cara a cara con el otro candidato R, el Registrador de la propiedad (en el que todos dan a Rajoy por perdedor, por cierto).

Además, su salida del Gobierno permite al candidato R denunciar las malas prácticas de quienes hasta ayer seguían sus indicaciones como vicepresidente segundo. Le permite hacer oposición al presidente que le designó y le quitó piedras en el camino -evitando la presencia de Chacón en las primarias-. Y puede asegurar, sin que le tiemble la voz ni la vergüenza, que él tiene la solución para crear el empleo que se destruyó durante su permanencia en el Ejecutivo.

Es precisamente la fragilidad de sus argumentos, la falta de coherencia en que ahora puede lo que antes no supo, pudo, quiso o se le ocurrió hacer, lo que juega a su contra en el tiempo. La crisis no se va a solucionar en cinco meses, la economía no va a recuperarse de aquí a que se agote la legislatura, al contrario (hoy mismo la prima de riesgo española supera los 350 puntos, lo nunca visto). Pero sí puede acabar la ilusión que su designación ha logrado insuflar a sus débiles filas. Hacía tiempo que los socialistas no se sentían orgullosos de serlo. Y eso, puede no durar siempre.

Señores candidatoRs, apuren sus maquinarias. Un país entero les espera.

La paradoja de los políticos

Parece que despiertan. Del letargo, sí. Nuestros políticos comienzan a plantearse seriamente que el 15-M deba ser escuchado. Esta misma semana conocimos que tanto el PP como el PSOE afirmaban aceptar algunas de las reivindicaciones del movimiento. Aunque sin enterarse de mucho, claro.

González Pons (PP) venía a decir que entendía a los indignados porque la indignación se había convertido en voto al PP. Me lo expliquen, oigan. Y Marcelino Iglesias (PSOE), por su parte, echaba balones fuera y aseguraba que la indignación era culpa de la crisis, y que el Gobierno no estaba al lado de los banqueros. Mucho no, nada. En realidad se han enterado de nada. Pero al menos ahora saben que deben aparecer cercanos. Bueno, es un paso.

Y dos días después, la gran sorpresa: el Congreso de los Diputados acogerá un debate sobre el 15-M. Será en julio. Y obligará a todos los grupos a pronunciarse. A favor, claro. Pero habrá que tener propuestas concretas. Decía Joan Ridao (ERC): “Me duelen las descalificaciones globales dirigidas hacia todos los partidos políticos (…) pero conviene escuchar lo que se nos está diciendo”. Efectivamente. Os conviene. Lo sabéis y es muy probable que por eso lo hagáis.

Y a partir de ahí, todas las demás declaraciones de aquél día iban de mejor o peor manera defendiéndose entre sí de los ataques recibidos “no somos casta, ni tenemos privilegios, sólo tenemos el honor de representar” decía José María Lassalle del PP. “La mayoría de nosotros hacemos nuestro trabajo bien, con rigor y honestidad”, decía la diputada del PSOE, Victoria Monteseirin, como sin intender porqué les pasa esto. Y seguía afirmando que trabajan “en consecuencia con nuestra ideología y con el partido al que pertenecemos”. Ay, amiga, que ahora te vas acercando a uno de los problemas. Y de nuevo que la culpa es del sistema económico, que es el que verdaderamente manda, y no el Gobierno. El del PNV, indignado él: que cómo que no somos transparentes, si todo el mundo sabe todo de mi vida; y además el año pasado aprobamos una ley para evitar las donaciones anónimas a los partidos…. Y culminaba -al más puro estilo cruzyraya: si hay que debatir, se debate, pero debatir pa na…- diciendo “debátase, que no deje de hacerse por nuestra culpa”. Sin desperdicio tampoco la intervención de CiU: “señores, que cuando no estamos en Pleno, es porque estamos en Comisión. y eso tiene que saberlo todo el mundo, que trabajamos mucho…”. El Diario de Sesiones (en la página 28, según El País) de aquél día debe ser uno de esos documentos que valdrá la pena leer despacio.

Y al final, ¿qué? Pues eso. Aprobado, porque les interesa. Porque el 15-M ha generado muchas simpatías. Porque ya no todo el mundo se cree que los “quincemayistas” -fantástico término acuñado por José Luis Sampedro- sean todos unos perroflautas peligrosos.

Grandísima foto de Enrique Dans publicada en su Flickr.

 ¿Lo mejor de todo? Que quieren debatir en el mes de julio. Y que tendrán que ponerse de acuerdo en algo pronto. Porque mientras tanto, el 15-M ya ha convocado su propio Referéndum para el 15 de Octubre. Lo han llamado “Hazlo tú mismo”, en clara referencia al convencimiento de que los políticos no serán capaces de hacerlo. Y pide que se vote -de manera digital o presencial- a favor o en contra de cinco propuestas.
1.- Reforma del sistema electoral para lograr una mayor proporcionalidad y lograr el desbloqueo de las listas electorales.
2.- Transparencia en la gestión de los recursos, instaurando mecanismos de control y de lucha contra la corrupción.
3.- Separación de poderes: independencia del Poder Judicial.
4.- Democracia más participativa: potenciación de referéndums, Iniciativas Legislativas Populares y presupuestos participativos.
5.- Economía responsable, justa y sostenible.

Oigan señores políticos. Ésto es lo que pide el 15-M. Ésta y no otra es la filosofía quincemayista. Y si no lo hacen ustedes, serán otros quienes lo hagan. Es su momento. Aprovéchenlo porque no tendrán otro. Sólo podrán salvarse reconociendo la legitimidad de unas peticiones que, lo que van a hacer es eliminar la suya propia. Qué gran paradoja, ¿verdad? Pues esto ya no hay quien lo pare. #15m #spanishrevolution     

Igualdad no son las cuotas, estúpido

Que nadie se sienta aludido por el insulto. Sólo parafraseo a Bill Clinton con sus famosísimas palabras sobre la economía. Quiero hacer hoy hincapié en un asunto que me ronda desde hace tiempo y que se ha despertado en mi conciencia en varias ocasiones recientemente.

La última, un hilo de debate que encontré en LinkedIn y que podría titularse: ‘¿Se puede ser directiva de prestigio y tener tres hijos?’ La protagonista en cuestión por supuesto piensa que sí -y no es la única, debo añadir-; pero muchas empresas con las que contacta, dudan contratarla. La polémica está servida…

Mujer con hijos es apriori un problema para el empleador (niños malitos, reuniones de colegio, faltas y/o retrasos,…) Si el número de hijos aumenta, las probabilidades de que le surjan problemas a la mujer profesional y madre son mayores. No nos engañemos. “Tres hijoooos!!!??? Y cómo te las arreglas??? Estarás entretenida, no???” son sólo algunas de las frases que debemos oír las ‘valientes’ que decidimos pasar la barrera psicológica oficial de la ‘parejita’ en cuanto a descendencia. Y si encima hablamos de optar a un puesto de trabajo de responsabilidad y dirección, ya ni te cuento. En parte, porque nosotras mismas nos hemos puesto las metas muy altas, como leí hace tiempo en este post: queremos ser las madres perfectas, las mejores profesionales, las amantísimas esposas de nuestros maridos…

Y la realidad, a día de hoy, es que el 60% de los titulados universitarios en la UE son mujeres, pero ocupan sólo el 12%  de los puestos de responsabilidad de las empresas. La solución política ha tirado por la vía salomónica: hagamos cuotas, repartamos el poder en la dirección por ley entre hombres y mujeres. Ellas tienen que estar. Y punto… No hombre, no. Esto no funciona así. Si obligamos a que acepten mujeres en los Consejos de Dirección por narices, valgan o no, podría ser que el argumento se nos volviera en contra.

La Igualdad pasa por reconocer las diferencias, apreciarlas y saber ponerlas en valor. Las mujeres trabajamos de manera diferente que los hombres. Quizá sea más evidente en las que hemos pasado por la experiencia de la maternidad: la capacidad femenina de estar a la vez en distintos frentes, sin que se escape ningún detalle, y con perfecta capacidad para manejar asuntos delicados, nos capacita para la multitarea tan de moda ahora. Por lo general, tenemos conceptos distintos de la gestión del tiempo: ni mejores ni peores, diferentes.

Como madre, entiendo que cada uno de mis hijos son diferentes. Todos tienen el mismo cariño, atención y afecto de mí, pero cada uno en su singularidad, con sus diferencias y según sus necesidades. Porque ésa es la clave: Igualdad, pero no Igualitarismo. E igualmente debería ocurrir en el trabajo: aceptar y valorar las aptitudes y singularidades de cada uno de los empleados. Asumir que es posible organizar las tareas por objetivos, no por plazos de tiempo. Es difícil, y complejo de llevar a cabo de manera material en cuanto a contratos, salarios, control y valoración de tareas… pero es necesario. Si no se da ésto es imposible llegar a otros niveles que harían más fácil la llegada el mantenimiento de las mujeres en los puestos de dirección: basta de reuniones inútiles que se alargan de manera interminable sin ningún objetivo claro, no a los horarios laborales de sol a sol porque sí. Pongamos fin a la creencia de que el que no echa horas extras no tiene interés. Empecemos a pedir a los empleados que cumplan sus objetivos, que trabajen en ello lo que crean necesario y que repartan el tiempo como les parezca conveniente. Comencemos por creer que hay muchas tareas que son compatibles con el teletrabajo. Seamos comprensivos con las obligaciones familiares de los empleados siempre que correspondan en sus responsabilidades laborales (y no por qué en horarios). Hasta que no hagamos esto mismo todos y cada uno de nosotros, no podremos hablar de Igualdad.

He generalizado entre diferencias hombres/mujeres porque son más comunes. Pero deberían ser tratados todos de manera individualizada. Porque no todos los hombres son iguales, ni todas las mujeres tampoco. Por eso, Igualdad no es Igualitarismo. Por eso, Igualdad no son las cuotas, estúpido.          

Sindicatos en España: algo falla en el sistema

Algo falla en nuestro sistema sindical. Es probable que falle desde hace un tiempo, pero con la Crisis, durante los últimos meses quizá se está haciendo aún más evidente.

Las grandes patronales CCOO y UGT han sufrido la baja de 276.086 afiliados en los últimos meses, según informaba Expansión hace unas semanas. Pero hay más. Los datos oficiales del 2008 de tasas de afiliación sitúan a los sindicatos españoles con un 15% a la cola de Europa, sólo por encima de Francia, Polonia y Letonia (9, 13 y 13% respectivamente).

Y entiendo que esto pasa porque los trabajadores se ven cada vez menos representados en los sindicatos. A mí me da mucha pena encontrarme con campañas como la de UGT para justificar una huelga general en la que no creen ni ellos mismos, como demuestra el hecho de que haya sido convocada tan tarde y mal.

En redes sociales como Facebook proliferan grupos del tipo “Sindicatos espanoles me puede explicar alguien para que coj… sirven?”, o “Estos Sindicatos NO nos representan”, o Por la eliminación de la financiación de los sindicatos UGT y CCOO o Que sindicatos y partidos se financien con una casilla de la Renta. Y hay muchos más. Y esto, por las cerca de 5.000 personas que componen estos grupos, no quiere decir nada más que es un debate que sin duda está hoy en la calle.

Es cierto que la decisión de Esperanza Aguirre de tomarla con los sindicatos y sus liberados ha actualizado la intención de este post, pero que nadie crea que este artículo es una defensa a la presidenta madrileña.

Entiendo que es bueno y necesario que los trabajadores puedan hacer frente común frente a las empresas que les dan trabajo para defender sus derechos e intereses cuando sea necesario. Pero, por desgracia, quizá esto no ocurra con demasiada frecuencia.

Aquéllos que trabajan en grandes empresas con grandes plataformas sindicales (o lo han hecho en el pasado, ellos o sus familiares) sabrán a qué me refiero con aquél famoso dicho obrero de “si quieres ascender, métete en en comité” (de empresa ). Y como la verdad supera a la ficción, muchas veces parece que los sindicados son los mejores “colocados” a la hora de acceder a los mejores puestos de trabajo de la empresa. ¿Casualidad? A lo mejor se corresponde mejor con esta otra afirmación, parafraseada de George Orwell en su Rebelión en la Granja, “todos los trabajadores son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Fuerza o debilidad

Hay veces que uno no sabe bien de qué manera expresará mejor su fuerza o demostrará menos su debilidad. Eso fue lo que debió haber pensado el grupo municipal socialista de Huelva antes de tomar la decisión de abandonar un pleno monográfico sobre la economía consistorial solicitado por ellos mismos.

La junta de portavoces decidió el viernes pasado que habría una única intervención de 20 minutos por grupo para debatir los 22 puntos del pleno. Y el lunes por la mañana, el grupo socialista decidió abadonar el salón y no asistir a la exposición argumental de Adame -que debió sentirse, más que en un debate democrático, un conferenciante de rueda de prensa sin preguntas- sobre los datos, cifras y números (sobre todo rojos) que gobiernan el Ayuntamiento de Huelva en la actualidad.

Ahora sabemos que el equipo de gobierno municipal onubense reconoce la situación como “mala, difícil y problemática”, que acusa por supuesto a la oposición de una deuda municipal que ellos “han heredado” y que, reconocido por el Tribunal de Cuentas en 2008, hay al menos 167 millones de euros que las empresas proveedoras de Huelva aún no han visto a pesar de que les pertenecen por derecho.

Se entiende que el grupo socialista, Tobar la primera, se sientiera atrapado ante la mayoría del grupo municipal popular y fuera su única manera de protestar. Se entiende que Izquierda Unida decidiera abandonar después el pleno, por no estar presente quien solicitara el debate. Se entiende que el PP celebrara igualmente el debate sin debate, perplejo quizá por lo inesperado de la situación.

Los que no entienden nada, seguro, son los emisores de las facturas impagadas en Huelva, y a los que se les deben -que se sepa oficialmente por ahora- 167 millones de euros. ¿Quiénes les han representado al final en el Ayuntamiento ante un debate que tanto, tanto les interesaba? ¿Habrán interpretado ellos como una demostración de fuerza o de debilidad que el PSOE e IU hayan abandonado el Pleno?