Comunicación institucional en tiempo de redes sociales: 5 ejemplos de lo que no se debe hacer.

Es una gran oportunidad. Las redes sociales son el lugar soñado por todo director de comunicación o jefe de prensa de cualquier institución pública: es el lugar en el tu información pasará directamente de tus manos a ser digerido por los ciudadanos sin pasar por el filtro de un periodista que te cambia el titular en la redacción. No sufrirá la revisión del jefe de sección o del redactor jefe exigiendo “una vuelta de tuerca más” a esa pieza. No vivirá la terrible esclavitud y limitación del tiempo y del espacio a la que están sometidas todas las noticias en la radio, la prensa o la televisión.

Las redes son el lugar perfecto sin duda. Sin intermediarios, sin contestaciones, sin filtros, sin limitaciones, sin complejas relaciones publicitarias, sin …los viejos medios!! Porque al fin y al cabo, ¿no es un perfil de Facebook o mi cuenta de Twitter el más perfecto “medio de comunicación amigo”? Sí, aquél que me publica todo lo que yo quiero y como quiero, sin mover ni una coma… Qué error.

De hecho, la comunicación institucional y política no puede manejarse en las redes sociales manteniendo estos viejos clichés comunicativos. El mundo de la comunicación interpersonal y global ha cambiado. Y ahora es necesario adaptar el mensaje al medio. Y también conocer lo suficientemente el medio como para poder amoldar éste al mensaje que queremos transmitir.

Lo que no se debe hacer

Por esto, te traigo aquí 5 ejemplos de lo que un perfil institucional no debe hacer en redes sociales:

1.- Una nota de prensa no es un tuit. El tuit tiene 140 caracteres, y tu nota de prensa muchísimos más. Como mucho, tan sólo cabría el titular, pero tampoco “ese” tipo de titular que acostumbran a estar en muchas notas de prensa de administraciones públicas. Aquí sí que hay que darle una vuelta. Es más, debería tener algo más que un texto, como enlaces, fotos, hashtags, menciones, ubicación…

2.- Una nota de prensa no cabe en una actualización de estado de Facebook. Tener varios miles de fans en nuestra página de Facebook no nos garantiza que todos vayan a leer el tostón que colgamos con la redacción típica de una nota de prensa. Ahora hay que currarse los textos, darles una vuelta, pensar en nuestro público objetivo, engancharles con una historia, empezar de manera sugerente, aligerar el contenido para que sigan leyendo hasta el final… Y dar la posibilidad de ampliar a quien esté interesado en conocer más: ofrecer un enlace con información para descargar o completar en la web.

3.- Una foto del político de turno asistiendo a un acto institucional no conseguirá ningún retuit de alguien que no sea de la casa. No conseguirá replays, ni logrará despertar apenas el interés de ninguno de los que te tengan en su time line: ni clicks en el enlace, ni derivará tráfico a la web ni conseguirá  nada. Es más, lo más probable es que a la tercera o cuarta foto similar que cuelgues de tu jefe te hagan unfollow. ¿Seguro que no hay nada más interesante en esa inauguración que el delegado cortando una cinta o cuando se subió al estrado a soltar su discurso? …venga, fíjate bien: ¿qué estaría mirando la gente si pudiera estar allí?

4.- La agenda de un ministro o de un dirigente político con cargo en la Administración Pública debe ser pública, sí. Todo el mundo debería poder consultarla y saber qué hacen sus representantes a diario, cómo trabajan por ellos y por defender sus intereses. Pero el lugar para publicarlo no es su time line de Twitter. Ni tampoco la sección de noticias de la web institucional, ojo!. Podemos seguir, tuitear y publicar en diferentes redes sociales algunos actos de nuestro jefe. Pero sólo aquéllos que tengan un especial interés para la ciudadanía, aquéllos a los que habrían acudido si pudieran. Y enseñarles lo que ellos habrían mirado. El resto de los actos que queramos contar y que no interesen a nadie, o les damos una vuelta y los hacemos atractivos, o estaremos haciendo algo parecido al SPAM. Sí, SPAM: propaganda invasiva no deseada. Vale que son nuestros followers y nuestros fans, pero cuando nos siguieron no les dijimos que les íbamos a bombardear con actualizaciones que tienen como único fin la mayor gloria del dirigente político de turno.

5.- Estar en redes sociales implica aceptar las normas del juego: no vale no responder nunca jamás a los ciudadanos que nos preguntan o comentan nuestras actualizaciones. Vale que no podemos alimentar al troll, pero muchas respuestas son de ciudadanos verdaderamente interesados en expresar su opinión a sus dirigentes. Si tú no escuchas a los ciudadanos, ellos dejarán también de hacerlo. Es inevitable. El diálogo, la conversación, la comunicación bidireccional, es clave para que la presencia en redes tenga un mínimo éxito. Las redes han democratizado el poder de la comunicación: ahora todos comunicamos al mismo nivel. Por eso, queda fatal que sólo sigamos a los de nuestro ministerio, a otras administraciones públicas amigas o a los perfiles de los representantes políticos de turno. A ver: que en el Time Line de tu organismo no puede ser monocromático: hay que enterarse de lo que piensa la gente!!

Es verdad que las Administraciones Públicas son instituciones muy gruesas que tardan mucho en mover sus esqueletos y en poder cambiar y adaptarse. Vale que existe cierta resistencia de una maquinaria a veces anquilosada por años de trabajo en los que la inmovilidad era signo de hacerlo bien. Es cierto que hay falta de flexibilidad y a veces también nulo o escaso interés por parte de los dirigentes en adaptarse a las nuevas tecnologías o dedicarles los recursos necesarios. Y que los responsables de comunicación adolecen de escaso tiempo para la preparación y el aprendizaje de los cambios que se suceden ahora de manera especialmente rápida.

Y es que es una revolución en toda regla. La de la comunicación. Pero hay que adaptarse. Los tiempos, los ciudadanos y nuestra profesionalidad nos lo exige. Hagámoslo bien porque es mucho lo que hay en juego.

La comunicación de las instituciones públicas en Internet: adaptar el mensaje al medio y al público.

Que el presente y el futuro de la comunicación pasa por Internet ya no lo duda nadie. La velocidad, ubicuidad e instantaneidad que aporta el mundo digital ha cambiado radicalmente el escenario y los parámetros en los que se mueven los mensajes de las empresas, personalidades e instituciones públicas. Sin embargo, los cambios se han producido con rapidez y no todos han sabido o podido adaptarse.

Una de las primeras acciones que debe realizar una empresa antes de definir su comunicación es definir su público objetivo: quienes les comprarán y quienes podrían comprarles aunque aún no les conozcan. Una administración o institución pública debe comunicar también para su primer público: los consumidores habituales de la información y servicios que ellos generan. Pero, qué pasa con el resto de ciudadanos que no acuden a sus servicios regularmente: ¿han de quedar excluidos de su comunicación porque ésta se haya diseñado con un lenguaje excesivamente técnico o especializado?

La comunicación y la imagen de los servicios públicos en Internet resulta una tarea costosa y compleja: la seguridad es una premisa básica irrenunciable en la comunicación de la administración pública. Sus planteamientos serán siempre exclusivos ya que tendrán además una enorme carga de complejidad técnica y administrativa. Si además tenemos en cuenta la gran dificultad que supone simplificar el enorme volumen departamental, burocrático y administrativo de los procesos e información que gestiona cada una de ellas, la complejidad va en aumento. Además -como toda entidad que depende de cargos políticos- tendrá sus propios intereses y estrategias comunicativas dirigidas a apoyar el interés político del cargo en cuestión. Y al final, aspectos tan importantes y básicos como generar información actual de calidad y utilidad adaptada a las costumbres del público general quedan desatendidos y olvidados entre tecnicismos, complejidades administrativas e intereses políticos.

Si además sumamos que el diseño y la imagen de estas webs (por ser complejas de diseñar y ejecutar) es anticuada y obsoleta, entendemos que algunos servicios públicos de calidad como son el de la Agencia Estatal de Meteorología -que publica una información de gran prestigio y que es referencia nacional- vayan quedando relegados como principal fuente de consulta frente a otros servicios privados que ofrecen una imagen mejor adaptada a los nuevos soportes digitales, como tablets o smartphones. Y ello a pesar de que ofrezcan aplicaciones móviles desde la web estatal, ya que son mucho más recientes y menos conocidas que otras plataformas que llevan ya bastante tiempo instaladas en el mercado.

Igualmente, la guía de la red de carreteras del Ministerio de Fomento, por ejemplo, no es la principal fuente de consulta de los conductores para conocer la ruta que habrán de seguir, ya que otros servicios se les adelantaron y lo ofrecen como herramienta de valor añadido de manera gratuita. Esto resulta aún más doloroso si además tenemos en cuenta que estos datos son públicos y que podrían ofrecerse de forma cruzada junto con datos del estado del tráfico en tiempo real de la DGT, el estado actual de carreteras e incidencias por obras o mejoras en las vías, la climatología de la Aemet o información turística y cultural de alcance.  

Pero ésto no es todo. Hay una gran cantidad de organismos públicos que olvidan que dan un servicio público especializado y que deberían demostrar su utilidad a la sociedad general que es quien lo financia. Hablar de transparencia en el mundo del entorno online y del Gobierno no es sólo hacer públicos una serie de datos de titularidad gubernamental o administrativa. Ser transparentes se refiere también a hacer más eficaz la comunicación de nuestras administraciones, de modo que su información -o al menos una parte importante de ella- quede disponible y de manera “entendible” por la mayor parte de la sociedad.

Por ejemplo, una tarea que demuestra transparencia es hacer públicas las agendas de los ministros y principales cargos públicos de la administración. Pero igualmente demuestra transparencia y apertura a la sociedad comunicar la información desde el punto de vista de interés del ciudadano, evitando publicar en la web noticias que se refieran únicamente a las actividades que desarrolla el ministro o cualquiera de sus subalternos cargos públicos de libre designación ;-). Ser transparentes y eficaces en la comunicación de las entidades públicas supondrá, en este mundo digital, global y dependiente de la opinión pública, comunicar la información con lenguaje sencillo, eficaz y desde el punto de vista del ciudadano: destacando aquéllos aspectos que puedan ser más relevantes para la sociedad y que, sobretodo, le inviten a seguir leyendo.

En estos momentos en los que la información es accesible a cualquier persona desde cualquier lugar y en todo momento, hay que cuidar más que nunca lo que se dice de uno y cómo se dice. La oportunidad que supone poder transmitir de manera directa la información a los ciudadanos, sin intermediarios, es una gran ocasión que no debe desaprovecharse por la inercia de publicar información de marcado corte político. Es conveniente que la información se realice, sobre todo, a través de textos ligeros y amenos, siguiendo la estela de los nuevos modos de comunicar en la era del 2.0. Aprovechar la ocasión de transmitir de manera directa, sin filtros, a través de todos los soportes digitales abrirá a la administración pública la puerta de la comunicación con quienes son sus principales usuarios y verdaderos jefes: los ciudadanos. 

El uso de Twitter en los actos políticos: #DelRajoyCumple al #FindelaCita (I)

Es mejor asumirlo: los hashtags políticos que son usados como armas siempre tienen mal resultado. Generalmente, acaban siendo una bomba de relojería que estalla en Twitter alcanzando el Trendic Topic con tuits que provocan numerosas risas y cuantiosos sonrojos en el partido que lo lanzó. Ocurrió así en las pasadas elecciones generales con #SumateAlCambio y #VotaPSOE, igual que más adelante con #YoCreoEnRajoy o #QueLaEnseñeRubalcaba.

Pero no parece que aprendan. Y la historia vuelve a repetirse una y otra vez. En esta ocasión, hablamos de los hashtags elegidos por el PP y el PSOE para centralizar las conversaciones en la comparecencia de Rajoy en el Congreso por el caso Bárcenas el pasado 1 de agosto.

#RajoyCumple fue el elegido y publicitado por el PP como el hashtag o consigna del día para militantes y simpatizantes del PP. La clave, recordar los logros económicos obtenidos por la agenda reformista del Gobierno y recordar el objetivo del actual presidente del Gobierno: sacar al país de la crisis. Fue emitido a primera hora de la mañana de manera vertical y propagado regionalmente y localmente para activar y movilizar a sus huestes.

El PSOE, por su parte, escogió continuar con la estrategia-denuncia de los cobros en B en “sobres” con el juego de palabras #RajoySobra. Pero como Twitter tiene sus propias reglas, no triunfaron ninguno de los dos. Apenas pasados 30 minutos de que el presidente iniciara su intervención en la tribuna, y justo después de pronunciara por tercera vez la aliteración “fin de la cita”, ésta ya era tendencia en el Senado. En menos de un cuarto de hora se emitió un tuit que logró la abrumadora cifra de cerca de 3.000 retuits, bromeando con el #findelacita. Prometía ser algo épico. Y lo fue, tal y como demuestra esta gráfica facilitada por la herramienta de monitorización de Pirendo:

Escoger un hashtag para centralizar la conversación durante la celebración de un próximo evento es una estrategia muy extendida y casi siempre acertada para facilitar que sean tuiteados. Sin embargo, cuando nos encontramos ante un acto político, la etiqueta nunca o rara vez es neutral. Generalmente los responsables de comunicación de los diferentes partidos se empeñan en insertar en los temas tendencia del día su propia visión de la realidad con hashtag que son cualquier cosa menos objetivos o asépticos. Y el resultado es siempre el mismo: la comunidad tuitera devuelve a los partidos con efecto de boomerang el mensaje que les han intentado hacer tragar con todo tipo de bromas, chanzas y tuits emitidos irónicamente dando la vuelta a su mensaje. Porque, como hemos dicho muchas veces en este blog, los hashtags son como armas que carga el diablo.

Por si fuera poco, el desconocimiento del funcionamiento del potente canal de Twitter y su obsesión por ser Trendic Topic les lleva a realizar malas prácticas, spamear e ignorar lo que en realidad está ocurriendo en la comunidad. Así, y a pesar de que #findelacita hubiera sido TT global y hubiera logrado su propio espacio en informativos internacionales y todo tipo de diarios (como aquíaquí, aquí o aquí)  hubo quien presumió de haber ganado el debate en Twitter:

Tuitear un acto político con el objetivo de ser TT es uno de los mayores dislates que se pueden cometer en las redes sociales. En primer lugar porque es un logro efímero, que dura muy pocas horas y que apenas quedará en la memoria del community manager que lo gestionó o del estratega que lo ideó. El resto de la ciudadanía con presencia en Twitter habrá observado con estupor cómo de nuevo en Twitter se ríen de los políticos con cualquier excusa. Y por su puesto, ni se le habrá pasado por la cabeza empezar a ver la realidad como al estratega que ideó el hashtag le gustaría.

Pero si aun desoyendo estos consejos los equipos de comunicación del partido político que sea deciden introducir su coloreada etiqueta, hagan caso al menos del siguiente: introduzcan el término tal cual lo piensen usar en los principales motores de búsqueda. Y por supuesto, en el de Twitter. Si el día antes del debate el PP lo hubiera hecho, se habría encontrado con lo siguiente:

Y tú, ¿también crees que si el PP lo hubiera monitorizado antes habría elegido otro hashtag? 😉

@elenabarrios

* Este post es parte de la ponencia presentada en el I Congreso Internacional de Open Goverment.

La presidenta no tiene quien le escriba

La nueva presidenta autonómica de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, no tiene quien le escriba. De hecho, su Twitter se ha quedado mudo desde el pasado 25 de julio. Y si no escribimos, por supuesto de actualizar la bio ni hablamos. Ésta es la imagen que presenta su perfil el día de la toma de posesión del nuevo cargo. Y conociendo el percal, será probablemente la que permanezca durante algún tiempo aún al buscar en esta red a la usuaria @_susanadiaz (¿nadie le comentó cuando se abrió el perfil que los _gionesbajos_ son lo peor?)

Entendemos que sus recientes ocupaciones como sucesora in pectore la habrán tenido demasiado ocupada como para perder “cero coma treinta” segundos en cualquier trayecto de su vehículo oficial para actualizar su Twitter desde el teléfono. Pero ¿que no lo haya hecho nadie de su equipo? ¿De verdad nadie de comunicación del PSOE se ha dado cuenta de que la presidenta no tiene quien le escriba?… Pues ya va siendo hora 😉

De todas formas, siendo honestos, poco esperamos de esta nueva presidenta en las redes sociales. Oficialmente, su presencia en Internet se limita a este somero perfil en la red de los 140 caracteres: es lo que tiene llegar a presidenta sin haberse presentado a unas elecciones, que tu equipo de comunicación no tuvo que preocuparse en abrir cuentas por doquier en todas las redes para dejar un profundo y profuso rastro digital del candidato en Internet.

Precisamente por no haber tenido campaña electoral, y porque la precipitación ha jugado bastante en este relevo a la carrera que se ha producido (de nuevo) en la presidencia de la Junta de Andalucía por el acoso de los ERE, hoy sabemos que la presidenta no tiene quien le escriba. Porque analizando su perfil de Twitter se descubre a una consejera fresca, directa, personal, que responde a las menciones (que le interesan) y que se muestra cercana con sus compañeros de partido.

Una vez que anunció su candidatura a las primarias, todo cambió en su Twitter. Salvo el anuncio de hacerlo, y la publicación de la carta en la que pedía el aval a los militantes del partido, ni una sola referencia más; ni siquiera al hecho de que ya fueran innecesarias las elecciones porque era la única que había reunido los avales exigidos. Pero ni a esa cuestión ni a ninguna otra, salvo la referencia al accidente ferroviario en Galicia la víspera de Santiago.

Imaginamos que la urgente preparación para el relevo en el cargo ha precipitado su silencio tuitero, señora presidenta. Imaginamos también que ya habrá asimilado que no seguirá usando esta herramienta como antes. Pero ya que es la única red social (por así decirlo) en la que se deja ver, sería de un gran interés para esta tierra que no perdiera el contacto virtual con la realidad ciudadana que aporta Twitter. Dentro de poco ya tendrá quien le escriba. Pero, por favor, no deje de leer tuits, trendic topics y hashtags, tuits de gente de su partido y de los contrarios: su objetividad se lo agradecerá. Y aunque no siga listas ajenas ni propias, aunque no haga favoritos a sus tuits preferidos, amplíe esa lista de follwing que tiene: sus pies estarán mejor asidos al suelo y, por lo tanto, más cerca de esos ciudadanos que nunca le votaron como presidenta pero que, sin duda, deberán hacerlo algún día.

@elenabarrios

Web única estatal: ¡sí, pero que se entienda!

Miedo me da pensar cómo puede ser el portal único de Internet que el gobierno está planteando hacer para unificar todos los trámites y servicios. Es uno de los consejos de la comisión para la reforma de las administraciones públicas (CORA) que se recoge en el informe auditoría en el que Rajoy está basando su reforma para adelgazar el Estado.

De acuerdo. Es necesario adelgazar el conjunto de la Administración Pública. Y es deseable que un único portal de Internet sea capaz de aglutinar todas las gestiones burocráticas necesarias para los ciudadanos. Pero miedo me da. Con lo farragosos que son los trámites administrativos ¿van a ser capaces de trasladarlos a una web con lenguaje de la calle?

No sé si te ha pasado, pero llegar a un servicio público (ya sea estatal o autonómico) a realizar cualquier gestión, supone antes que debes pasar por una máquina expendedora de turnos. Y de repente estás en el borde del precipicio. ¿Cuál de todos esos “palabros” es lo que yo vengo a hacer aquí? Imposible aclararse sin preguntar a cualquier técnico que se deje consultar. A veces el guardia de seguridad de la puerta es capaz de decirte qué botón debes pulsar. Y entonces te empiezas a sentir un tanto lelo.

Pero no. No somos lelos. Es que en la Administración Pública se empeñan en hacer difícil lo fácil. En llamar de manera compleja las cosas más sencillas. Y lo malo es que es contagioso. Sólo en el informe de la CORA anterior ya cita en varias ocasiones los trámites añadiéndoles el término “digital” o “electrónico”. Vamos a ver, si lo estoy haciendo a través del ordenador es evidente que cualquiera de estos dos términos sobran. ¿No nos entenderíamos mejor usando sólo las palabras necesarias?

Y claro que da miedo. Si el tener una firma electrónica hoy por hoy no me evita acudir en persona a numerosos trámites administrativos, es porque cuando intento hacerlos por la web me enfrento a la dificilísima tarea de adivinar en cual de las múltiples pestañas, epígrafes, enlaces y demás encontraré el trámite que estoy buscando. Sólo los usuarios avanzados, los acostumbrados a realizarlos en la oficina, los que ya se hayan estrellado con la web anteriormente y no hayan sucumbido al reto, serán capaces de entender los pasos que deben realizar y en qué lugar se encuentra la información que buscan.

Hablamos de usabilidad. Pero no sólo. También de lenguaje. Del sencillo. Del que usamos los que navegamos por Internet: los que conocimos la receta en papel y que hoy sólo usamos la electrónica. Pero también están aquellos que no han conocido otra manera de hacer las cosas, los nativos digitales y muchos emigrantes analógicos. Y estamos acostumbrados a la sencillez, a la navegación intuitiva, a la claridad y simplicidad, a que tecnología signifique facilidad y no suplicio. ¿Has intentado alguna vez hacer una gestión por la web de la Seguridad Social? ¿Y en la de Hacienda algo que no sea la declaración de la renta? ¿Has tenido que “encontrar” alguno de los trámites electrónicos que se pueden hacer desde Empleo? …¿Verdad que tengo razón?

Del PP y su Comunicación de Crisis

“El fallo del PP es que actúa pensando en las próximas elecciones”, me decía el otro día un político -que no es del PSOE- acerca de la gestión de la crisis que estaba haciendo el Gobierno. “¿Y qué político no lo hace?”, le pregunté antes de recordarle que pertenecía a esa clase de “profesionales” dedicados al servicio público.

En cualquier caso, no podía darle la razón. El fallo del PP no es pensar en lo que vendrá después. Ojalá lo hicieran. Así, al menos, tendrían en cuenta la opinión de los ciudadanos que un día deberán decidir si les quieren de nuevo en el Gobierno o en la oposición.

El fallo del PP, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, es la ausencia de una eficaz política de comunicación de su gestión. De un modo bastante más duro lo comentó recientemente Antoni Gutiérrez-Rubí en El País: es la ausencia total de una política de comunicación lo que hace que su comunicación política sea un auténtico suplicio.

Precisamente, un reciente sondeo de Metroscopia sobre las medidas del Gobierno, ha sacado a la luz que más del 80% de los encuestados comprenden las protestas de los funcionarios por los recortes anunciados, y que además consideran que se extenderán hacia otros colectivos. Y esto se explica por múltiples razones.

Ahora que la distancia entre políticos y ciudadanos es cada vez mayor -y no sólo por la desafección de los últimos hacia los primeros-, la acumulación de una serie de pequeños privilegios que en momentos de crisis se convierten en enormes diferencias de clase, no hace sino contribuir a esa separación. El estancamiento de un sistema oligárquico y excesivamente cerrado aumenta la idea de que estemos gobernados bajo los intereses de pequeños grupos que acumulan muchas prebendas frente a una sociedad que ha de afrontarla con esfuerzo y grandes sacrificios durante los duros años de recesión antes de que mejore la economía del país. 


Estos días en los que el Gobierno ha iniciado un periodo desaforado de reformas, convirtiendo los viernes en el centro informativo de la semana por los acuerdos adoptados en el Consejo de Ministros, la imagen externa e interna es de una enorme inestabilidad. La revisión de tantas normativas, acompañadas en muchos casos por el cambio radical entre la anterior legislación y la nueva, ayuda a sembrar la desconfianza ante lo desconocido que está por venir. La inestabilidad política alimenta la inestabilidad económica y social, y éstas a su vez aumentan las decisiones políticas no previstas. La espiral es demasiado peligrosa.


Ahora más que nunca el Gobierno debe manejarse con una correcta, orquestada, completa y perfecta maniobra de comunicación para hacer llegar a la ciudadanía que las decisiones que se toman no sólo son fruto del atosigamiento de los mercados ni de las imposiciones europeas, sino que forman parte de un preciso plan para reponer las arcas, en el que está todo controlado y previsto, que no hay vacilación ni improvisación, que sólo toca el tiempo de “apretarse el cinturón”. Y por eso no es de recibo ni creíble que la operación lavado de cara de los políticos del país sea reducirse entre un 5 y 10% el sueldo. 


Un nuevo sondeo, ahora el de Sigma Dos, advierte de la bajada del PP en 9 puntos en intención de voto, frente al escaso ascenso del 0’8% para el PSOE. Sólo IU y UPyD se salvan de la criba en un hipotético encuentro electoral, pero la situación de ingobernabilidad sería aún peor. De nuevo el PP se enfrenta a sus viejos fantasmas: la incapacidad de hacer llegar a la ciudadanía que tiene controlada la situación, que el mensaje es único, uniforme y tranquilizador. Que los temores de la sociedad son infundados. Y que nuestro Gobierno es capaz de resolver la situación, sea ésta cual sea. Porque, es capaz, ¿verdad?

La Comunicación del PP: ese escollo por salvar

No hay nada que hacer. La Comunicación del Partido Popular no ha sido nunca uno de sus fuertes. Hoy tampoco.

En los días del gloria del PP, cuando gobernaba Aznar y la economía y España iban bien, se cometían errores garrafales de comunicación. Algunos fallos se produjeron por incapacidad de contraatacar rápidamente ante las puntas afiladas de la bancada de enfrente, como fue el caso de la foto de las Azores. Una terrible ingenuidad, junto con  un nulo criterio de la objetividad y la empatía, fueron el caldo de cultivo perfecto para un cóctel molotof mediático muy explosivo que aún hoy le cuesta votos a los populares.

Unos meses después, una Crisis con mayúsculas mal gestionada -el 11M-, le costó al PP el gobierno de la nación. Hubo enormes errores de la gestión de la crisis: la mayoría, además, fueron tremendos errores en la comunicación. Les costó unas elecciones presidenciales.

Ocho años han pasado y sabemos que la sequía del desierto de la oposición no enseñó al Partido Popular que debía manejar mejor los tiempos, los temas, los titulares y los argumentos para vencer en esa guerra electoral que se libra a diario: la de la opinión pública. Sólo lleva unos meses en el Gobierno, pero no hay más que mirar los periódicos, Internet o Twitter para darse cuenta de que el PP tiene perdida la batalla de la calle.

Durante casi nueve años se nos ha estado intentando convencer de que Rajoy era un buen gestor pero un mal candidato. Tres asaltos electorales después, con dos fracasos y una victoria, sabemos además que es un buen gestor y gran trabajador, pero un pésimo comunicador. Y no sólo porque haya huido de la prensa tras anunciar importantes medidas en Sanidad y Educación.

Su cara a cara con Rubalcaba, en el que estuvo enfrascado en sus papeles gran parte del tiempo, dejó a la vista del público a un candidato prudente, que buscaba más la seguridad y la certeza de los datos que el convencer al gran público de su valía. Fue un debate en el que, en parte, Rajoy salvó los muebles gracias al gran error de Rubalcaba: enarbolar un discurso desde una hipotética oposición en la que su subconsciente le situaba y, lo que es peor, que él mismo se encargó de situar en el electorado.

Cinco meses más tarde seguimos constatando que el hoy presidente del Gobierno es un hombre serio, de trabajo, convencido de lo que tiene que hacer y que lo acomete sin demoras. No recuerdo una época en la que se esperara con más ansiedad informativa los Consejos de Ministros de los viernes: no hay uno en el que no haya sorpresas informativas o nuevas reformas por conocer.

Y precisamente, cuando más tiene que aplicarse el PP en explicar ante la ciudadanía las numerosas reformas de gran calado que va a llevar a cabo, más pincha. Ni una se ha vendido bien. Todas han fallado en la comunicación. Empezando por la del Empleo. Pero no por haber causado una ‘cantada’ huelga general, sino por un tardío spot publicitario que a pesar de ser bueno, falló en el timing: tuvo que ser retirado en plena campaña electoral andaluza y asturiana. Y hoy, sin campañas electorales y mucho que perder ante la opinión pública, el vídeo explicativo sobre la Reforma Laboral tiene en YouTube sólo 264 reproducciones. ¿Le parece a alguien de recibo?.

La Reforma Educativa es una bomba de relojería que aún no ha explotado. Sus propuestas de reducción del gasto público aumentando la ratio escolar, proponiendo el cierre de titulaciones universitarias sin un mínimo de matriculaciones, condicionando las becas para la Universidad también a los resultados académicos, sacarán a los alumnos y profesores a la calle dentro de muy poco. Y sin embargo, muchos en privado son capaces de reconocer que hay demasiadas universidades en España, que los jóvenes hipotecan años de estudio para ser titulados en paro, que los gastos son excesivos y que hay que hacer algo… “Algo sí, claro, pero no ésto”, afirmarán. Es evidente que no se comunicó bien.

La Reforma Sanitaria sólo ha dejado en la retina de los españoles que los jubilados podrán llegar a pagar hasta 8 euros al mes por sus medicamentos. Sin embargo, son muy pocos los que saben que los parados dejarán de abonar en las farmacias por esta medida. Si lo negativo triunfa sobre lo positivo es sólo por una mala gestión de la comunicación de las medidas. Si bien los ministros responsables (Sáez de Santamaría, Báñez, Wert y Mato en este caso) supieron explicar con claridad sus iniciativas, la maquinaria mediática ha pillado a contrapié a la comunicación institucional. La ingenuidad, falta de previsión y de organización, el desconocimiento del pulso de la opinión pública, la torpeza para propagar eficazmente los mensajes y una total incapacidad para la reacción son algunas de las causas de este caos comunicativo.

Y todo esto coincide con el doloroso conocimiento por parte del público de una importante amnistía fiscal. Para muchos resulta insultante. Para los profesionales de la comunicación institucional también, pero además por otros motivos.

P.D.: este artículo se ha escrito sin citar una sola vez la palabra “recorte” 😉

Comunicación Gubernamental en power point

El Gobierno de Mariano Rajoy está marcando diferencias en la comunicación gubernamental. La elección de Soraya Saéz de Santamaría como ministra portavoz ya aseguraba una comunicación directa y eficaz por parte del Gobierno, debido a las cualidades demostradas por esta política durante la pasada legislatura en sus enfrentamientos con su antecesora en el cargo. Pero esto no ha hecho más que empezar.

Con motivo del cumplimiento de sus primeros 50 días de Gobierno (¿quién dijo 100?), ha publicado en su página oficial un documento en el que desgrana los principales cambios y reformas estructurales que ha iniciado en tan breve espacio de tiempo.

Este documento, elaborado a través de presentaciones de diapositivas bajo un conocido programa llamado power point, describe en 20 páginas los acuerdos iniciados por los distintos Consejos de Ministros del joven Gobierno: ajuste presupuestario y ley de estabilidad y sostenibilidad financiera de las Administraciones Públicas, saneamiento del sector financiero y medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Igualmente, enumera la actividad presidencial más destacada tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Pero no ha sido el primer power point que salía hoy de La Moncloa.

Previamente, el Consejo de Ministros quizá más esperado desde la toma de posesión el pasado mes de diciembre, el del anuncio de la reforma laboral, se basó en otra presentación en power point para justificar y explicar los principales cambios que se introducían en dicha reforma. Este otro documento de 23 páginas acompañó la explicación de la Ministra de Empleo, Fátima Báñez, durante la rueda de prensa posterior a la asamblea ministerial.

No soy seguidora de las ruedas de prensa del Consejo de Ministros, pero a tenor de lo que se iba publicando en Twitter, la decisión de apoyar la intervención en un documento así ha causado sorpresa entre los comunicadores. No era la primera rueda de este tipo que se producía así. La del 30 de diciembre -en la que conocimos, entre otras cosas, la subida temporal de impuestos-, ya contó con este tipo de presentaciones en diapositivas.

No se han cumplido ni 100 días cuando este Gobierno de Rajoy ha marcado grandes cambios en la comunicación institucional y gubernamental de nuestro país. Algunas de ellas deben ser puestas en cuarentena en cuanto a la estrategia y la táctica utilizada, como es la aparente evasión de los encuentros con periodistas por parte del presidente -y más si son abiertos a preguntas-. Pero ésta otra parece apostar más por  la apertura, claridad y calidad en la información gubernamental (a pesar de las críticas que este formato de diapositivas tiene entre los comunicadores). Todo parece indicar que el Gobierno de Rajoy comunicará más de una vez a través de power point.

Nada que objetar. Sólo voy a detenerme en un pequeño detalle. El próximo power point que salga de Moncloa, que cambie su nombre antes de ser enviado a los medios o publicado en la web. De esta manera no podremos saber que el documento definitivo no fue aprobado hasta su tercera edición. ¿Por qué si no habría de llamarse “El Cambio versión 3”? 😉