¿Nuevos aires en el PP andaluz?

Javier Arenas se va a Madrid. Ya sabíamos, antes de que lo anunciara, que esto era posible. Toda vez que se quedaba fuera de la Junta de Andalucía, y que el logro electoral del PP era en vano sin la mayoría absoluta, en realidad lo único que desconocíamos era la fecha de la marcha. Los graves acontecimientos nacionales con la crisis financiera, y el caos comunicativo popular demostrado una vez más en esa ocasión, precipitaron la marcha. Pero era la crónica de una marcha anunciada.

Ya ocurrió lo mismo en el 96, cuando Arenas decidió saltar a la política nacional llamado por Aznar a su gobierno. Y ahora, aunque de momento no ha entrado en el Gobierno, el que ha sido líder del Partido Popular Andaluz durante los últimos 14 años ha anunciado su decisión de no volver a presentarse como candidato a la Junta de Andalucía.

Además, y para no “interferir”, convocó un congreso regional que se celebrará en diez días y que elegirá a la nueva directiva del PP, la que más adelante decidirá el candidato que deberá intentar gobernar en el Palacio de San Telmo, porque las elecciones -como bien se encarga de recordar el PP-A un día sí y otro también- ya han sido por primera vez ganadas al PSOE en esta tierra con Arenas al frente.

Y ya que su marcha era precipitada, dejaba al frente del partido a su mano derecha: Juan Ignacio Zoido  -que no su fiel escudero: Antonio Sanz, quien marcha con él a Madrid-. Él ha sido uno de sus hombres de confianza desde que Arenas volviera a Andalucía en 2004, quien estuvo dos años al frente de la Secretaría General del partido -sustituyendo a Sanz- y quien recibiera luego el difícil encargo de pelear la plaza de la capital andaluza (objetivo logrado con notable éxito en las últimas elecciones municipales). 


Nada más recoger el testigo del partido a nivel regional, Zoido se reunió con los barones provinciales y aunque en un primer momento se resistía a optar a la presidencia del partido, finalmente anunció que así sería aunque su “prioridad será siempre Sevilla”. El reciente paso de Mariano Rajoy por Sevilla ha servido, además, para “bendecir” su próxima elección como presidente popular andaluz. 


Se supone que la marcha de Arenas a Sevilla será total, es decir, que no estará tutelada a la sombra desde Madrid, como ocurriera durante los años de presidencia de Teófila Martínez. Pero quien queda al frente del PP-A ha sido el elegido por el propio Arenas. Y precisamente porque Zoido ya ha avisado que su prioridad es la alcaldía, todo el peso del partido recaerá en la figura del Secretario General, que será quien finalmente controle el partido. Pero 14 años llevando las riendas de un partido son muchos años como para marcharse a Madrid y olvidarse para siempre de lo que ocurra en su feudo electoral. De hecho, el propio Arenas es consciente de que aunque sea un confidente de Rajoy en muchos asuntos, el peso en el partido se lo da su tierra y sus votantes. ¿De verdad no va a controlar desde Madrid lo que aquí ocurra?


Lo cierto es que su primera intención ha sido ésa: marcharse y cerrar los ojos “para no interferir”. El hecho de que parta con él el que ha sido su mano derecha en Andalucía, Antonio Sanz, es otra prueba de que queda parcialmente ciego a lo que en esta tierra ocurra. Por eso será tan importante la figura del nuevo secretario general: porque será el que deberá lidiar con el que ha sido durante 14 años y hasta ahora presidente.


Zoido no ha querido desvelar su nombre, pero sí que el modelo de partido a seguir será el marcado por Javier Arenas en estos últimos años y que ha llevado al PP ha ganar por primera vez las elecciones en Andalucía. Tienen mucha probabilidad de seguir con puestos de responsabilidad muchos de los que ahora están, como Ricardo Tarno y Carlos Rojas, portavoz parlamentario y granadino, está llamado a tener un papel relevante en el nuevo PP-A, además de por ser hombre de Arenas, por favorecer también el equilibrio territorial en una cúpula en la que Sevilla tendrá mucho poder. ¿Habrá entonces de verdad nuevos aires en el PP andaluz? 

Con todo el pescado vendido

Se sabía antes de que se celebraran los comicios: o el PP obtenía la mayoría absoluta o no podría alcanzar San Telmo. Y así, a falta de cinco escaños, Javier Arenas se encuentra a un único paso de lograr el Gobierno en la Junta de Andalucía.

Lo cierto es que ya está todo el pescado vendido. Valderas ya anunció antes de las elecciones que no permitiría un gobierno de derechas. Por eso el PSOE celebró la noche electoral como la de un gran triunfo a pesar de haber perdido 9 escaños. Aún así, Arenas hizo los deberes y en plena resaca electoral sacó la bandera del pacto de gobernabilidad, como si fuera posible un pacto PSOE-PP al estilo alemán, (el del País Vasco tiene la connotación de que fue para evitar el gobierno nacionalista de PNV. Y el de Extremadura, ya está jugando malas pasadas al PP). Así, se garantizaría la estabilidad del Gobierno en los tiempos difíciles que vivimos de arcas públicas vacías. Como era de prever, nadie le hizo caso.

Más tarde, con las aguas más calmadas, comenzaron las disputas en el seno de IU. El ala más radical de su partido, la de Sánchez Gordillo, se opuso claramente a que IU se vendiera en un pacto de gobierno con el PSOE. Y las bases, que deben aprobar la decisión en un referéndum vinculante, son siempre reacias a gobernar con el PSOE: por principios y por el alto coste electoral que luego les supone. Lo más planteable para IU sería un pacto de investidura: apoyar la elección del presidente y condicionar todas las decisiones de gobierno a posteriores pactos. Pero no, Griñán avisa que el acuerdo es para cuatro años: de lo contrario, se augura una legislatura muy corta y con terribles dolores de cabeza para el partido de Gobierno, que tendría que pactar todas y cada una de las decisiones de calado en un parlamento en el que no tiene ni siquiera la mayoría simple.

El tiempo ha pasado y el próximo19 de abril se constituirá el Parlamento Andaluz. Ahora todo son prisas. Griñán confía en cerrar el acuerdo en una semana: eso sí, supone la entrada de IU en el Gobierno y la creación de un bastión de oposición global al Gobierno Central desde Andalucía, tal y como se hiciera durante los ocho años de Aznar. La idea romántica de ser el reducto “rojo” en un mapa ibérico teñido prácticamente de azul, refuerza a los que dudan de las ventajas de pactar con el PSOE. Pero IU es consciente de haber recogido gran parte del voto descontento socialista: si ahora le dan gobierno ¿no estarán traicionando a su electorado?, se preguntan en las asambleas. Y encima, con amenazas de escisión por parte del alcalde de Marinaleda. Por eso, desde la dirección regional de IU no tienen prisa y esperan cerrar acuerdos de programa suficientemente importantes que les permita entrar en el Gobierno.

Según recogía ayer la versión digital de La Razón, “La otra incógnita que IU debe despejar es cuándo se celebrará el referéndum vinculante entre sus bases. El sector contrario al pacto sospecha que no se convocará. De momento, las agrupaciones locales ya han hablado. En Sevilla, territorio controlado por Juan Manuel Sánchez Gordillo, las agrupaciones han rechazado un pacto con el PSOE, según la dirección provincial. Sólo una asamblea votó a favor de un  acuerdo de legislatura; 16 se pronunciaron por apoyar la investidura de Griñán con condiciones programáticas; diez se decantaron por la abstención o «votarnos a nosotros mismos»;  y once asambleas no apostaron por ninguna proposición. Estos datos los puso en duda la dirección regional, que apuntó que sólo diez rechazaron cualquier tipo de acuerdo.   
Mañana, el sector crítico que engloba al Sindicato de Trabajadores del Campo y de la CUT-BAI se reunirán en Osuna (Sevilla) para seguir haciendo fuerza para que IU rechace un pacto con el PSOE y no entre en un futuro Gobierno. En todo caso, un apoyo a Griñán y siempre que cumpla determinadas condiciones”.

Pero la maquinaria ya está en marcha. Y aunque Arenas trata de quemar estos días sus últimos cartuchos, recordando que el Gobierno entre los dos grandes es posible, ya han salido los sindicatos a apoyar el pacto de IU con el PSOE. Es la prueba irrefutable de que todo el pescado está ya vendido.

Los protagonistas de las elecciones andaluzas

El batacazo ha sido grande, pero de quien no se esperaba. Las encuestas jugaron una mala pasada, y el Partido Popular de Andalucía sufre hoy las consecuencias de haberse creído triunfador y sentirse perdedor pese a haber ganado.

Estas elecciones, que se celebran tres meses después de unas generales que llevaron al PP a la mayoría absoluta en el Gobierno de la nación, dan pie a múltiples lecturas de lo ocurrido. La más socorrida, que Rajoy suspende 100 días después de empezar a gobernar. Pero yo tengo mis dudas: el debate autonómico  sobre todo en Andalucía es demasiado peculiar para extrapolar los datos de las nacionales. Son 400.000 votos los que ha perdido el PP entre la contienda general y la autonómica. Pero en esta ocasión ha pesado, sin duda, que las andaluzas se celebraran por primera vez en 16 años por separado de las legislativas. El PSOE sabía que era la única opción para evitar la gran debacle general, y lo ha logrado.

Fuente: Datos oficiales de la Junta de Andalucía

Pero no es el único motivo. Los escándalos de los ERE fraudulentos y la corrupción han pasado factura al PSOE, aunque a la vista de los resultados, no tanta como habían previsto las encuestas: 9 escaños y cerca de 700.000 votos. Pero aún mantiene más un millón y medio de electorado fiel que le permite presumir de una dulce derrota que en realidad es una victoria. El perfecto control de los medios audiovisuales y sus mensajes han jugado sin duda un papel fundamental en esta mínima sangría de votos. José Antonio Griñán sale reforzado dentro y fuera de esta tierra. Ya tuvo que demostrar su fuerza en un Congreso Regional tras ser designado por Manuel Chaves como sucesor ‘digital’. No quiso mojarse pero se posicionó a favor de la baza perdedora en las Primarias de su partido. Y hoy sabe que podrá seguir gobernando a pesar de haber perdido las elecciones.

Diego Valderas es el gran triunfador del encuentro electoral. Pese a haber anunciado que pactaría con el PSOE para impedir la gobernabilidad del PP en la Junta, IU ha logrado doblar la representación autonómica que tenía y es la única fuerza política que gana votos absolutos (120.000). Lo cierto es que Valderas ha ganado en todas partes menos en su pueblo (Bollullos, como bien apunta en su blog @ascandi, donde sacó 1.000 votos menos que en los últimos comicios autónomicos). Y es llave de Gobierno, a pesar de que su electorado haya castigado siempre con posterioridad los pactos de gobernabilidad.

Otro de los elementos a analizar es el candidato que ha perdido las elecciones. Javier Arenas, a pesar de haber sido la fuerza más votada y haber logrado el apoyo del 40,66% de los votantes, ha sido derrotado. Por cuarta vez el dirigente popular se ha presentado a estos comicios. Y en ninguna de las ocasiones ha logrado la presidencia de la Junta. Pero uno de los datos más duros es que el propio Arenas en el año 2008 logró 1.730.000, y en esta ocasión ha perdido 160.000 votos de respaldo a su propia persona; y 400.000 de apoyo a su partido en las pasadas generales del 20N (hace sólo tres meses). El candidato del PP ha sido, con toda probabilidad, motivo y causa de estos resultados. Que su figura genera rechazo en los votantes es una verdad irrefutable después de cuatro intentos. El hecho de partir como favorito en las encuestas le hizo tomar decisiones -cuanto menos arriesgadas en su momento-  que hoy se ven como errores directos: es el caso de la incomparecencia en el debate de Canal Sur (como dice @antonigr en este artículo y en éste otro sobre la silla vacía).

Sin duda el PP andaluz debe afrontar ahora una profunda renovación que se hace más necesaria que nunca. Como sostiene @lacarreter en su análisis, los resultados electorales piden cambios: cambio en la manera de hacer las cosas que hasta ahora ha tenido el PSOE en la Junta de Andalucía (700.000 votos menos). Cambio en la candidatura y/o directiva popular que no ha logrado convencer a los electores andaluces (400.000 votos menos que en las elecciones generales de hace 3 meses). Cambio en el papel que debe jugar la izquierda en esta tierra: logran 120.000 votos más que en las últimas autonómicas. Y eso, a pesar de la importante abstención, que es el otro gran protagonista de estas elecciones: frente a los 3.900.000 votantes de ayer, hay 2.400.000 andaluces que no lo hicieron. Ellos son los grandes protagonistas de estas elecciones: los que no estuvieron. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha provocado la ausencia de tantos electores? ¿Qué mensajes fallaron y no lograron que se movieran el domingo del sillón? ¿O qué determinó su decisión de no ir a votar?

Sabemos que la autocrítica no es una virtud común entre la clase política de este país. Pero después de la noche de ayer, todos deberían hacerlo. Ahora empieza verdaderamente la jornada de reflexión.

Andalucía: con las vergüenzas al aire

No me extraña que durante tantos años se hayan celebrado con las generales. El hecho de que el país entero pueda estar pendiente del debate andaluz ante unas elecciones autonómicas era un error como bien sabía Chaves. Por eso rehuía de separar nuestros comicios de los de la nación. Anda, que como se enteraran en el resto de España lo que aquí pasaba…

Lo malo, es que ahora no ha habido más remedio que separar. El 20-N, con el desgaste que Zapatero provocó a la marca PSOE, era un fracaso anunciado. Separarlo unos meses suponía albergar una doble esperanza: por un lado, que algo de ‘eso’ que había hecho tanto mal se hubiera marchado ya para siempre -seguro, tras el anuncio de la no reelección a presidente de ZP-; por otro, se confiaba en que la tijera del PP se hubiera dejado sentir notablemente sobre la población y hubiera servido para enarbolar la temida bandera de “¡Que viene la derecha!”.

Lo peor, que ahora todos saben lo que aquí ha ocurrido durante tantos años: clientelismo, subvenciones, despilfarro, amaño de ERES, desviación de fondos públicos… Y es una vergüenza. Por que si esto ha ocurrido durante tantos años en esta tierra, es porque ha habido mucha gente que ha consentido. Muchas personas afectadas, silenciadas por el poder del cochino dinero. Muchos andaluces conocedores de los fraudes, callados por sacar el beneficio de un favor. Muchos corruptos, en definitiva, que sabiendo las trampas callaron, convivieron o consintieron que el mal se produjera, se mantuviera o no se denunciara.

Por que igual que ahora sabemos, debimos conocer antes. Igual que ahora denuncian, debieron hacerlo con anterioridad. Del mismo modo que aparecen informes anónimos sacados de los despachos de la Junta de Andalucía, debieron haber salido hace tiempo y no cuando tocaron y enfadaron al colectivo al que pertenecen los denunciantes.

Y eso me avergüenza. Porque puede hacer que se acepte que en Andalucía se funciona así. Que aquí hay mucho corrupto. Y que demasiada gente calla, no por no poner en peligro su vida (como ocurre con los municipios italianos que conviven con la mafia, por ejemplo), sino por no perder la situación que han logrado.

Se supone que separar el debate andaluz ha sido bueno. Se supone que es probable que cambie el color político en Andalucía y se pondrá fin a lo que podría considerar un “régimen” que se ha mantenido durante 30 años en esta tierra. Se supone que deberíamos alegrarnos de que ahora se sepa la verdad y vayan a juicio los culpables. Pero yo no me alegro. Nuestra imagen está en juego. Y, además, no me creo que los culpables hayan sido sólo unos pocos.