La radicalización y la crisis

En tiempos de crisis, los discursos se radicalizan con una facilidad pasmosa. Y eso es peligroso. Bastante, además.

Estamos ante una grave situación económica del país, con 5 millones de parados y previsiones de llegar a 6. El malestar social va en aumento debido a los problemas económicos que sufren cada vez más personas. Además, la indignación se ha apoderado de gran parte de la sociedad española: los lejanos e “inocentes” culpables del pinchazo inmobiliario están muy lejos de vivir las nefastas consecuencias económicas que tuvieron y tienen sus acciones. Mientras, la inmensa mayoría de los ciudadanos, sufren al ver aumentados sus impuestos, recortados sus sueldos y son obligados a prescindir de cada vez más servicios sociales que necesitan.

Es una crisis en toda regla. De ésas que estudiábamos en Historia, de ésas que llevaron a los grandes cambios que vivió la Humanidad. Una de ellas, la más importante y reciente, fue la Revolución Francesa, que supuso el fin del Antiguo Régimen social, económico y político que se había conocido hasta el momento. Entonces, como ahora, el hastío de la sociedad contribuyó a alimentar las ganas de cambio y el rechazo a la clase política dirigente del momento, a la que se culpaba de la mayoría de los males que sufrían. Los problemas económicos por las subidas de impuestos y el encarecimiento de los precios, que entonces se traducían en auténticas hambrunas y graves enfermedades y epidemias como consecuencia de las durísimas condiciones de vida, avivaba el fuego de la indignación social.

Hoy, como entonces, los ciudadanos parecen dispuestos a querer terminar con situaciones que rechaza. Desde que el movimiento 15-M tomara las calles y las plazas hace año y medio –mucho hemos escrito en este rincón de ello-, las distintas plataformas que conforman este movimiento ciudadano no han tenido muy claro cómo reactivar la mezcla de indignación, solidaridad, empatía y simpatía de los españoles que les llevaron a cosechar grandes éxitos de participación durante las semanas que duraron las acampadas en las principales plazas de España.

Finalmente, el 25 de Septiembre ha sido la fecha elegida para tratar de reactivar ese malestar que consiguió aunar tantos descontentos y convertir a España en el punto de mira de todo Occidente -gracias a las numerosas réplicas obtenidas en distintos países-. El objetivo, ‘ocupar’ el Congreso, es en parte provocador, pero localiza geográficamente a los que considera culpables de sus males (como antaño La Bastilla), librando de mayores perjuicios a los comerciantes de las plazas ocupadas hace un año.

El hecho de que Sánchez Gordillo, el ahora famoso alcalde de Marinaleda -escudado tras su aforamiento de diputado autonómico andaluz- iniciara este verano una serie de acciones reivindicativas revolucionarias, atracando supermercados y ‘ocupando’ fincas rurales, no es más que una demostración de la facilidad con la que se radicalizan los discursos con el beneplácito de muchos, aceptando como válidos comportamientos que echan por tierra el Estado de Derecho que tenemos y que, si bien tiene muchas imperfecciones, es lo mejor que hasta ahora hemos logrado tener.

Desde la otra orilla, el aterrizaje en política de Mario Conde (esperado desde antes de que fuera condenado a prisión) complica aún más la percepción de la política por la ciudadanía. Conde, que ha estado preparando su entrada en escena desde hace años con el apoyo mediático de la derecha, pretende introducir aire fresco en un sistema de poder (denunciado por él mismo como El Sistema) que él conoce bien por haberlo ‘habitado’ de alguna manera durante años. Como el partido de Rosa Díez hace con el PSOE, pretende ser cobijo de votantes descontentos pero con una clara tendencia de voto. Precisamente, el hecho de que esté amparado por un grupo mediático que se autoposiciona como de derechas, mientras se presenta como salvaguardador de los derechos ciudadanos desde su partido Sociedad Civil y Democracia, no hace sino ensombrecer y encallar aún más un salto a la política que suena a venganza más que a servicio.

Es cierto que las comparaciones son odiosas. Y no pretendo ser alarmante. Pero la Historia la tenemos para estudiarla, para aprender de ella y para no cometer de nuevo los mismos errores. Estamos en Crisis, con mayúsculas, sí. Pero por favor, tengamos mucho cuidado con la radicalización de los discursos. Son peligrosos.

15-M, lo que pudo ser

Ya ha pasado un año, y podemos decir que ha sido y es uno de los movimientos ciudadanos más importantes de la historia de la democracia de nuestro país.

Nació, cuajó, se convocó y se retroalimentó a través de las redes sociales. La confluencia de varias quejas ciudadanas transmitidas a través de la red, fraguaron iniciativas del tipo #Nolesvotes, donde se recordaba a los ciudadanos que había tres grandes partidos políticos en España que actuaban en contra de los intereses de la ciudadanía en favor de su partido o en connivencia con grandes lobbies (el sempiterno poder financiero de los bancos y la enorme influencia de quienes en defensa de los derechos de autor pretendieron poner cotos a la libertad de información en Internet).

Simultáneamente, otros movimientos, como #DemocraciaRealYa reclamaban unas maneras más abiertas de hacer política, más participativas, menos opacas y, en definitiva, más democráticas. Fue DRY quien tuvo la iniciativa de convocar una gran manifestación ciudadana para reclamar cambios en el sistema político de nuestro país que, sobre todo, se cebaba siempre con los más débiles. Más de 50 asociaciones ciudadanas independientes se adhirieron a la iniciativa, la secundaron, y se convirtió en una gran concentración ciudadana simultánea en las principales plazas de todas las ciudades españolas. Mientras, los dirigentes políticos y muchos medios de comunicación miraban atónitos sin entender qué estaba pasando. ¿Es esto una primavera española? ¿Los aires de cambio del pueblo árabe -que vivía en aquellos días la caída de diferentes regímenes autoritarios gracias a la presión ciudadana en las calles- han contagiado a este mestizo país?

Pronto fue calificado como el movimiento de los “Indignados”, ya que era el sentimiento común que tenían todos aquéllos que apoyaban de alguna manera aquella demostración silenciosa de fuerza. Pero una cosa tan grande no podía morir en un sólo día. Los concentrados no querían ni debían irse, asombrados de su propia fuerza. Y el 15-M acampó en Sol. Y empezó a hacerse aún más fuerte. Muchos que habían quedado en sus casas esa tarde de sábado, se levantaron en los días posteriores y se sumaron de alguna manera a la queja. Su reflejo crecía también fuera de España. Las embajadas españolas en el exterior empezaron a vivir sus propias acampadas, y a recibir muestras de apoyo y simpatías. Ya había una #spanishrevolution.

Ese fue el verdadero punto de inflexión. ¿Cuál es la queja? ¿Qué pide el 15-M? ¿Hay algún tipo de manifiesto? ¿Cómo se concretan las peticiones? ¿Quedarán acampados en todas las plazas hasta cuándo? ¿Es verdad que no hay políticos detrás? -Rubalcaba era señalado directamente en la intimidad por numerosas voces peperas, IU cosechaba pitadas en Sol y UPyD callaba mientras soñaba con la posibilidad de romper el bipartidismo en los Ayuntamientos y en el Congreso-.

La fuerza de este movimiento callejero, su popularidad y capacidad para generar adhesiones, fue en parte también culpable de su apocamiento. Elaborar un primer manifiesto fue demasiado complejo. Organizadas las distintas acampadas en asambleas de trabajo, unir las quejas de tantos fue excesivamente complicado. A los pocos días de nacer, circuló el llamado “Acuerdo de mínimos“, destinado sobre todo a reclamar cambios políticos: separación de poderes, reforma electoral (listas abiertas, financiación transparente de partidos y desechar la Ley D’Hont entre otras), luchar contra la corrupción a través de un mayor control ciudadano y más transparente y hacer más participativo el sistema político. Pero no fue suficiente, y el eslogan que se hizo fuerte “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, exigía acabar con determinadas injusticias económicas, sobre todo en el sistema financiero. Y mucho, mucho tiempo después del 15-M llegó el ansiado Manifiesto que aún hoy cuelga en la web de DRY: demasiado poco concreto y cargado de utopías sociales, políticas y económicas.

Y hoy, un año después, el movimiento ha sufrido una escisión entre los que quieren instalarse dentro del sistema como asociación política (e intentar cambiar las cosas desde dentro, se supone) y los que consideran que eso sería el fin y deben mantener su fuerza como lo que son: un movimiento ciudadano espontáneo, con numerosas adhesiones y capaz de canalizar el descontento de muchos por un sistema excesivamente viciado por el paso de los años y los pésimos e inútiles sistemas de control.

La gran dificultad estuvo en la propia definición del sistema. Había que haber acotado más, haber concretado, y haberse ceñido a unificar bajo las peticiones que eran comunes a todos. Hoy, la situación política y económica ha empeorado enormemente. El movimiento social ha salido a la calle como si hoy fuera 2011, pero algo ha cambiado sin duda. La fuerza inicial ha dejado paso a una permanencia de reclamaciones, pero con el yugo del tiempo que obliga a aceptar que todo sigue igual.

Es posible que ésto sólo sea el comienzo. Que haya otros muchos 15-M y que se aprenda de los errores, se unifiquen criterios y peticiones, se acoten demandas y se concreten exigencias. Puede ser que los ciudadanos hayan decidido que esto es el comienzo del fin, y que las nuevas tecnologías jueguen aquí el fundamental papel que el sistema político les niega. Es probable que las gravísimas crisis económica, financiera, política y social se sumen a la revolución tecnológica y de la información y vivamos el inicio de una Nueva Era histórica, muy lejos ya de la Edad Contemporánea que naciera con la Revolución Francesa en 1879.

Porqué dicen no al referéndum

Miedo. A abrir el pastel. Pánico en realidad. No conviene. Sacar a relucir la posibilidad de que se vote en referéndum la reforma de la Constitución pone los pelos de punta a los políticos de los dos grandes partidos. Y no es para menos. ¿Quién será el guapo que consiga que en el debate público no salgan a relucir tantas otras cuestiones que están en la agenda política de los ciudadanos pero no en la de los políticos?

Si tuviéramos que votar la reforma de la Constitución, saldrían a relucir algunas cuestiones pendientes. La experiencia de vida de nuestra democracia nos pide introducir algunos cambios en ella. Por higiene, por salud, por regeneración, para mantenerla viva en buenas condiciones. Y no son otras que las que han venido reclamando en los últimos meses algunas plataformas ciudadanas como Democracia Real Ya o el movimiento #15M.

Estos movimientos ciudadanos (con demasiada mala prensa, lograda gracias a la intervención de ciertos poderes interesados desde los medios de comunicación) reclaman a tweet limpio, a golpe de blog, en plena calle y pancarta en mano, cambios que la gran mayoría considera necesarios. Casi todos apoyaríamos listas abiertas, separación de poderes, limitación de mandatos, cambios en la financiación de los partidos y sindicatos… Casi todos menos unos pocos, los interesados en que nada cambie, que son precisamente los que lo pueden cambiar.

Por eso, porque quieren que nada cambie, no se atreven a dejar al pueblo la responsabilidad de usar su voz. ¿Qué tipo de democracia es ésta? ¿O debería decir qué timo de democracia?

La paradoja de los políticos

Parece que despiertan. Del letargo, sí. Nuestros políticos comienzan a plantearse seriamente que el 15-M deba ser escuchado. Esta misma semana conocimos que tanto el PP como el PSOE afirmaban aceptar algunas de las reivindicaciones del movimiento. Aunque sin enterarse de mucho, claro.

González Pons (PP) venía a decir que entendía a los indignados porque la indignación se había convertido en voto al PP. Me lo expliquen, oigan. Y Marcelino Iglesias (PSOE), por su parte, echaba balones fuera y aseguraba que la indignación era culpa de la crisis, y que el Gobierno no estaba al lado de los banqueros. Mucho no, nada. En realidad se han enterado de nada. Pero al menos ahora saben que deben aparecer cercanos. Bueno, es un paso.

Y dos días después, la gran sorpresa: el Congreso de los Diputados acogerá un debate sobre el 15-M. Será en julio. Y obligará a todos los grupos a pronunciarse. A favor, claro. Pero habrá que tener propuestas concretas. Decía Joan Ridao (ERC): “Me duelen las descalificaciones globales dirigidas hacia todos los partidos políticos (…) pero conviene escuchar lo que se nos está diciendo”. Efectivamente. Os conviene. Lo sabéis y es muy probable que por eso lo hagáis.

Y a partir de ahí, todas las demás declaraciones de aquél día iban de mejor o peor manera defendiéndose entre sí de los ataques recibidos “no somos casta, ni tenemos privilegios, sólo tenemos el honor de representar” decía José María Lassalle del PP. “La mayoría de nosotros hacemos nuestro trabajo bien, con rigor y honestidad”, decía la diputada del PSOE, Victoria Monteseirin, como sin intender porqué les pasa esto. Y seguía afirmando que trabajan “en consecuencia con nuestra ideología y con el partido al que pertenecemos”. Ay, amiga, que ahora te vas acercando a uno de los problemas. Y de nuevo que la culpa es del sistema económico, que es el que verdaderamente manda, y no el Gobierno. El del PNV, indignado él: que cómo que no somos transparentes, si todo el mundo sabe todo de mi vida; y además el año pasado aprobamos una ley para evitar las donaciones anónimas a los partidos…. Y culminaba -al más puro estilo cruzyraya: si hay que debatir, se debate, pero debatir pa na…- diciendo “debátase, que no deje de hacerse por nuestra culpa”. Sin desperdicio tampoco la intervención de CiU: “señores, que cuando no estamos en Pleno, es porque estamos en Comisión. y eso tiene que saberlo todo el mundo, que trabajamos mucho…”. El Diario de Sesiones (en la página 28, según El País) de aquél día debe ser uno de esos documentos que valdrá la pena leer despacio.

Y al final, ¿qué? Pues eso. Aprobado, porque les interesa. Porque el 15-M ha generado muchas simpatías. Porque ya no todo el mundo se cree que los “quincemayistas” -fantástico término acuñado por José Luis Sampedro- sean todos unos perroflautas peligrosos.

Grandísima foto de Enrique Dans publicada en su Flickr.

 ¿Lo mejor de todo? Que quieren debatir en el mes de julio. Y que tendrán que ponerse de acuerdo en algo pronto. Porque mientras tanto, el 15-M ya ha convocado su propio Referéndum para el 15 de Octubre. Lo han llamado “Hazlo tú mismo”, en clara referencia al convencimiento de que los políticos no serán capaces de hacerlo. Y pide que se vote -de manera digital o presencial- a favor o en contra de cinco propuestas.
1.- Reforma del sistema electoral para lograr una mayor proporcionalidad y lograr el desbloqueo de las listas electorales.
2.- Transparencia en la gestión de los recursos, instaurando mecanismos de control y de lucha contra la corrupción.
3.- Separación de poderes: independencia del Poder Judicial.
4.- Democracia más participativa: potenciación de referéndums, Iniciativas Legislativas Populares y presupuestos participativos.
5.- Economía responsable, justa y sostenible.

Oigan señores políticos. Ésto es lo que pide el 15-M. Ésta y no otra es la filosofía quincemayista. Y si no lo hacen ustedes, serán otros quienes lo hagan. Es su momento. Aprovéchenlo porque no tendrán otro. Sólo podrán salvarse reconociendo la legitimidad de unas peticiones que, lo que van a hacer es eliminar la suya propia. Qué gran paradoja, ¿verdad? Pues esto ya no hay quien lo pare. #15m #spanishrevolution     

¿Debe temer el PP al 15-M?

Gráfica de Democracia Real Ya 

Las elecciones municipales y autonómicas nos dejaron un montón de sorpresas. En primer lugar, al parecer España se volvió azul, tras perder el PSOE feudos históricos como los Ayuntamientos de Barcelona y Sevilla, la Comunidad de Castilla la Mancha y la de Extremadura.

En segundo lugar, aumentó la participación sensiblemente (2,2 puntos). Precisamente en unos comicios en los que los políticos se presentaban con el mayor descrédito cosechado nunca ante la ciudadanía, llegando a ser la tercera preocupación de la sociedad española según el CIS.

En tercer lugar, el voto en blanco, el voto nulo, y algunos partidos minoritarios (sobre todo UPyD e IU) obtuvieron resultados históricos. Y a pesar de todo, el PP arrasó. El PSOE fracasó estrepitosamente. Tanto, que la candidatura nunca anunciada de Chacón para las primarias de su partido tuvo que ser inmolada para que no se cuestionara la autoridad de su jefe y mentor, José Luis Rodríguez Zapatero.

Y todo esto con #acampadasol en pleno auge, con #acampadabcn también y con tantas otras acampadas en las ciudades españolas que habían seguido el lema de #tomalacalle y miraban los resultados electorales de reojo y con indiferencia.

El PP sigue pensando que es un movimiento de izquierda, que cuenta con muchos ingenuos a los que han convencido, pero que está manipulado y seguirá beneficiando a la izquierda. Pero no. A quien beneficia es al PP. A pesar de tener menos votos que en anteriores elecciones, los populares han sido los ganadores absolutos. Nuevamente, la Ley D’Hont aplicó la ley de la ventaja. Y la diferencia fue mayor.

¿Debe temer el PP al 15-m? Aparentemente no: hasta ahora les ha beneficiado. Sus votantes son fieles, los que siempre están movilizados y motivados para votar. De seguir así hasta las generales, el votante de izquierda seguiría descontento con los socialistas, premiando a Rosa Díez, a Izquierda Unida y a la abstención o el voto en blanco. Al estar más fragmentado, sería el de Rajoy el partido claramente beneficiado. Y esto, siguiendo la doctrina Arriola: sin hacer nada.

Pero ¿qué ocurriría si fuera el PSOE el que diera el paso al frente? Probablemente la Conferencia Política socialista de otoño -toda vez que se ha negado la vía del Congreso Federal que pedían algunos (junto con la cabeza de ZP)- podría ser capaz de entonar el mea culpa, asegurar que han escuchado a los ciudadanos y prometer que todo va a cambiar. Mientras, callará que todo permanecerá igual. Pero el paso ya estaría dado. El PSOE lo habría dado y al PP de nuevo les habrían adelantado. Por la escuadra.