La estrategia en redes sociales de Podemos durante las europeas

Ahora que ya se han convertido en un auténtico fenómeno que todo el mundo mira ya sin disimulo, recupero aquí parte de la ponencia que presenté en el III Congreso de Comunicación Política y Electoral ALICE. La estrategia desarrollada por Podemos durante las pasadas elecciones europeas resultó ganadora desde diferentes puntos de vista. No sólo porque finalmente dieran la sorpresa y después hayan seguido creciendo hasta convertirse en la primera opción de voto directo según la encuesta del CIS de octubre’14. Sino también, porque pusieron en práctica una gran cantidad de técnicas que fueron un auténtico acierto para el medio en el que se movieron.

La presencia en redes del partido revelación no sólo permitió la participación ciudadana y la articulación y organización de los círculos: también sirvió para dar a conocer los actos de campaña del partido. Para recaudar fondos a través de diferentes campañas de crowdfunding. Y, lo que es más importante, para aprovechar el tirón mediático de su cabeza de lista y terminar de asociar la figura de Pablo Iglesias con el desconocido nuevo partido político Podemos.

En definitiva, materializaron en tan sólo cuatro meses, y a través de una persona muy visible y un partido desconocido, lo que sería un perfecto manual de campaña electoral a través de las redes sociales. Utilizaron un lenguaje llano, directo, de la calle y que se mantenía abierto a la escucha activa: sus mensajes parecían invitar a participar en el debate porque hablaban su lenguaje, porque no imponía cuestiones categóricas y porque recogían el malestar ciudadano expresado en las calles durante los asentamientos del 15-M. Utilizaron las redes para lanzar un mensaje de esperanza frente al hastío de la situación política, económica y social. Para movilizar grandes masas bajo un lema potente que calaba y que era a la vez la propia marca del partido: “Podemos”. Aunque no era original, ya que el potente eslogan y nombre del partido es una traducción del que hiciera triunfar a Barack Obama en las presidenciales de 2008, el ya para siempre famoso “Yes, we can”.

Utilizaron las redes, igualmente, para movilizar a sus simpatizantes, para darse a conocer a otros nuevos gracias al efecto red, para publicitar sus acciones offline, para lograr la implicación en la calle de sus simpatizantes. Y, sobre todo, para organizar desde el comienzo del movimiento las bases del partido gracias a la formación de los círculos asamblearios de los que se compone la organización de Podemos.  De hecho, su estrategia en Facebook fue fundamental para el crecimiento de su propia organización: concibieron esta red social (y otras) como verdaderos espacios de articulación de participación ciudadana, permitiendo la formación de los círculos que son la base de la nueva formación política. En muchos casos, y según ha reconocido la propia organización, se creaban antes los grupos de los círculos locales en Facebook que las propias reuniones físicas de sus miembros.

Aunque tampoco hay que olvidar que la dimensión televisiva y mediática de su cabeza de lista, Pablo Iglesias, fue clave para que calara su mensaje en los ciudadanos. De hecho, el partido se decidió a cambiar el logo de la papeleta electoral sustituyendo el logo de los círculos por una de Iglesias, a pesar de que fuera tomado por muchos con sorna en el HT #Pablemos.

Presencia en Twitter

Especialmente acertada fue la presencia en Twitter del cabeza de lista, Pablo Iglesias. Claro que, teniendo en cuenta que su perfil no fue abierto con fines exclusivamente electoralistas –lo tiene activo desde noviembre de 2010-, puede considerarse que casi es un nativo digital. Y eso siempre es una ventaja. Sobre todo porque entiende y cree en la comunicación a través de las redes. De hecho, en sus mensajes se palpa el conocimiento del medio que utiliza y del público al que se dirige. Además tiene la habilidad de mimetizarse con las preocupaciones de su audiencia y saber redirigirlas hacia su propuesta política -a veces con tanta destreza que su ideología pasa desapercibida para gran parte del público general-.

La estrategia de Podemos en Twitter, que fue sin duda la mejor campaña desarrollada en las europoeas, logró entre otras cosas la movilización de sus simpatizantes pasando de las acciones online al offline para acudir a actos de campaña. En una ocasión pasaron de solicitar retuits para difundir sus ideas a pedir que se diera a conocer el partido fuera de las redes: fue la campaña etiquetada con el hashtag #DifundePodemos. En ella pedían a los simpatizantes que colgaran grandes carteles con el logotipo del partido en ventanas, balcones o fachadas, que portaran camisetas serigrafiadas o decoraran su vehículo con un simple cartel de apoyo. El objetivo, superar el desconocimiento de la marca del partido que existía en la sociedad, ya que apenas se invertía en publicidad y para los medios eran unos auténticos desconocidos.



Otro ejemplo fue la acción llevada a cabo a mitad de campaña para conseguir más fondos económicos y autofinanciarse. Bajo la etiqueta #SinBancosPodemos, argumentaban su independencia y solicitaban pequeñas aportaciones económicas, no anónimas. Fue una acción exitosa de crowdfunding, al más puro estilo Obama, por no querer depender de los servicios financieros de la banca, a la que acusan de ser los causantes de la crisis por su especulación.

También, a sólo unos días del cierre de campaña, el hashtag #CartaPodemos logró que sus simpatizantes difundieran dentro y fuera de las redes -imprimiendo y repartiendo- la carta electoral en la que Pablo Iglesias pedía el voto a los ciudadanos. Este tipo de acciones lograron no sólo un ahorro económico en la difusión de su marca, sino además un mayor compromiso en emisores y receptores gracias a la confianza que genera la recomendación de un conocido.



Igualmente, hay que reseñar la acción llevada a cabo el último día de campaña pidiendo la propagación de mensajes de apoyo a Podemos a través de Whatsapp, de teléfono a teléfono, para llegar a todos los conocidos de los simpatizantes y que, éstos a su vez, lo difundieran entre los suyos propios. Una campaña especialmente dirigida a los más jóvenes, utilizando todo tipo de emoticonos y adaptando a la perfección el mensaje al medio. Esta acción recuerda –sin que tenga ningún tipo de vínculo- al efecto red que produjo la cadena de SMS del “pásalo” tras los atentados del 11-M. De hecho, este hito de la historia electoral española es considerada por muchos como el preludio de la política 2.0 por su capacidad para movilizar a los ciudadanos a través de la utilización de recursos tecnológicos. Aquélla vez fue capaz de dar la vuelta al resultado de unas elecciones que el partido en el gobierno daba por ganadas. En esta ocasión fueron la gran sorpresa de la contienda electoral. Con tan sólo 4 meses de vida lograron convertirse en la cuarta fuerza más votada por los españoles, contabilizando más de 1.200.000 votos. 

Otro de los grandes hitos del partido de Pablo Iglesias durante la campaña a las europeas fue la de lanzar numerosos hashtag con el objetivo de ser Trendic Topic (TT) y que ninguno de ellos sufriera el temido efecto boomerang que suelen sufrir la mayoría de los partidos en Twitter y que hemos visto aquí en numerosas ocasiones. Al contrario, sus etiquetas lograron colocarse entre las más tuiteadas durante gran cantidad de horas prácticamente todos los días de la campaña. Así, #Podemos1000razones fue TT el primer día de campaña durante 9:15 horas; #DifundePodemos lo fue el 16 de mayo durante 3:30 horas; #VotandoPodemos, el día 22 durante casi 11 horas; #SinBancosPodemos estuvo entre los términos más usados el 23 de mayo durante casi 5 horas y #Podemos25M el mismo día de las elecciones durante 12 horas y media.

Y desde entonces hasta ahora, ésto no ha hecho más que continuar y crecer. Queda aún mucho por ver. 

Políticos jugando… políticos en juego

Se nos abren las carnes. Nos enteramos por elpais.com de que nuestros políticos son pillados jugando en sus IPads (pagados con dinero público) y nos echamos las manos a la cabeza. Pero no toda la culpa es de ellos.

Claramente, esto ocurre porque aún no se ha legislado en la Cámara madrileña prohibiendo que se fotografíe a los diputados dentro, tal y como ocurriera en el Congreso de los Diputados después de que se pillaran varios apuntes y mensajes SMS de teléfonos móviles de sus señorías. Está claro cómo funciona ésto: ¿ven que lo hacemos mal y nos critican?: no dejemos que nos vean (…andamos bien).

Y lo grave de todo esto no es que unos políticos jueguen al Apalabrados en plena asamblea madrileña mientras se debate el tan espinoso asunto de la privatización de la Sanidad. Lo peor es lo que eso significa: el debate parlamentario es vacío, absurdo, carente de sentido y aburre hasta las piedras. Y los diputados, en vez de hacer algo productivo, se encuentran obligados a estar allí esperando la hora de la votación, para no ser multados por su propio grupo por no acudir a apoyar a su partido -el que le colocó en la lista en puesto de salida y permite que cobre esos buenos emolumentos-, cuando éste le exige su voto ante cualquier trámite legislativo de la Cámara.

Además de anticuado, decimonónico y alejado de la realidad, el actual sistema político permite que quienes nos representen en las Cámaras legislativas sean previamente seleccionados y “colocados” por los partidos políticos en una lista electoral cerrada. Tener cargo público electo equivale a tener un buen sueldo garantizado durante al menos 4 años, y si con suerte se repite (lo hace la mayoría: se saben demasiadas cosas como para dejar salir al personal sin más) garantiza todo tipo de prebendas casi de por vida.

Y así, claro, quienes mayoritariamente acceden a estos cargos en muchas ocasiones son jóvenes cachorros criados dentro de las urdes del propio partido que no conocen otro oficio ni beneficio que el de dar pábulo a sus dirigentes -el hacer la pelota de toda la vida- para lograr así ser colocado en cualquier puesto goloso de la administración pública. Y por desgracia, dada la ya treintañera vida democrática de nuestro país, esto es cada vez más frecuente: son muchos los políticos que dedicaron íntegramente su vida profesional a estar al servicio de su partido, sin otra experiencia laboral que la política -así, algunos de ellos han llegado incluso a ser ministros de este país, como la actual titular de Empleo, Fátima Báñez-, y sin otra “obligación” que el dar la razón y apoyar en todo cuanto pida al dirigente de turno del partido en el que milita (ni tan siquiera los partidos muy minoritarios se libran de esta acusación en algún momento).

Un peligroso silogismo que invade lo público

El hecho de que lo público sea considerado como “de todos” hace pensar a muchos que a ellos también les corresponde su parte de ese todo que se reparte entre muchos porque está pagado por todos, incluso por ellos mismos. Si por ejemplo esta actitud de jugar a Apalabrados (o cualquier otra cosa) en vez de estar dedicado a buscar soluciones a los múltiples problemas de los ciudadanos a los que representa se diera en una empresa privada, poco tiempo les quedaría en nómina con toda probabilidad. Seguramente, no lo habrían siquiera intentado por temor a las represalias. Pero en la pública todo es diferente. Es un sentimiento que invade a casi cualquier funcionario con un simple silogismo: esto es de todos, yo también soy todos, esto también es mío. Y así, cada uno coge su parte, aunque sea el tiempo que se dedica a jugar con el IPad o el móvil en tiempo de trabajo.

Pero como decía, la culpa no es sólo de los pobres diputados que fueron pillados infraganti jugando o buscando ropa íntima (como ocurrió en las Cortes de Valencia). La culpa es del partido que le coloca allí sin pedirle apenas otra cosa que obedezca ciegamente a lo que se le pide, acudiendo religiosamente a las votaciones parlamentarias. Es del organigrama del partido que ahoga cualquier atisbo de iniciativa política que el original, verso suelto o indomado político pueda tener. Es del sistema político que nunca le exigió experiencia ni conocimiento ninguno para ser elegido concejal, diputado, ministro o presidente del Gobierno. Es de la Ley Electoral que permite que las listas sean elaboradas exclusivamente por los partidos políticos y que consiente que los cargos electos puedan seguir siéndolo de manera ininterrumpida sin límites de mandatos. Es de la estructura democrática que contempla que los partidos y los sindicatos serán financiados por el Estado, siendo así los partidos políticos otra empresa pública más. Es del país que inventó un sistema tan malo y que, pasados 36 años y viendo los frutos que ha dado, aún es incapaz de cambiar de manera pacífica y consensuada aquellos puntos que debieron ser mejor perfilados a su tiempo.

Pero sobre todo, es de los políticos que son quienes tienen en su mano el poder cambiar todo esto y que, a pesar de que es lo que la ciudadanía les pide en la calle a gritos (el 15-M fue sólo el principio), no son capaces de realizar esa dura operación de limpieza con bisturí que les supondrá, en muchos casos, jugarse su propio puesto. Son nuestros políticos los que, al jugar, nos demuestran que en verdad son ellos los que están en juego en nuestro país.

@elenabarrios

La radicalización y la crisis

En tiempos de crisis, los discursos se radicalizan con una facilidad pasmosa. Y eso es peligroso. Bastante, además.

Estamos ante una grave situación económica del país, con 5 millones de parados y previsiones de llegar a 6. El malestar social va en aumento debido a los problemas económicos que sufren cada vez más personas. Además, la indignación se ha apoderado de gran parte de la sociedad española: los lejanos e “inocentes” culpables del pinchazo inmobiliario están muy lejos de vivir las nefastas consecuencias económicas que tuvieron y tienen sus acciones. Mientras, la inmensa mayoría de los ciudadanos, sufren al ver aumentados sus impuestos, recortados sus sueldos y son obligados a prescindir de cada vez más servicios sociales que necesitan.

Es una crisis en toda regla. De ésas que estudiábamos en Historia, de ésas que llevaron a los grandes cambios que vivió la Humanidad. Una de ellas, la más importante y reciente, fue la Revolución Francesa, que supuso el fin del Antiguo Régimen social, económico y político que se había conocido hasta el momento. Entonces, como ahora, el hastío de la sociedad contribuyó a alimentar las ganas de cambio y el rechazo a la clase política dirigente del momento, a la que se culpaba de la mayoría de los males que sufrían. Los problemas económicos por las subidas de impuestos y el encarecimiento de los precios, que entonces se traducían en auténticas hambrunas y graves enfermedades y epidemias como consecuencia de las durísimas condiciones de vida, avivaba el fuego de la indignación social.

Hoy, como entonces, los ciudadanos parecen dispuestos a querer terminar con situaciones que rechaza. Desde que el movimiento 15-M tomara las calles y las plazas hace año y medio –mucho hemos escrito en este rincón de ello-, las distintas plataformas que conforman este movimiento ciudadano no han tenido muy claro cómo reactivar la mezcla de indignación, solidaridad, empatía y simpatía de los españoles que les llevaron a cosechar grandes éxitos de participación durante las semanas que duraron las acampadas en las principales plazas de España.

Finalmente, el 25 de Septiembre ha sido la fecha elegida para tratar de reactivar ese malestar que consiguió aunar tantos descontentos y convertir a España en el punto de mira de todo Occidente -gracias a las numerosas réplicas obtenidas en distintos países-. El objetivo, ‘ocupar’ el Congreso, es en parte provocador, pero localiza geográficamente a los que considera culpables de sus males (como antaño La Bastilla), librando de mayores perjuicios a los comerciantes de las plazas ocupadas hace un año.

El hecho de que Sánchez Gordillo, el ahora famoso alcalde de Marinaleda -escudado tras su aforamiento de diputado autonómico andaluz- iniciara este verano una serie de acciones reivindicativas revolucionarias, atracando supermercados y ‘ocupando’ fincas rurales, no es más que una demostración de la facilidad con la que se radicalizan los discursos con el beneplácito de muchos, aceptando como válidos comportamientos que echan por tierra el Estado de Derecho que tenemos y que, si bien tiene muchas imperfecciones, es lo mejor que hasta ahora hemos logrado tener.

Desde la otra orilla, el aterrizaje en política de Mario Conde (esperado desde antes de que fuera condenado a prisión) complica aún más la percepción de la política por la ciudadanía. Conde, que ha estado preparando su entrada en escena desde hace años con el apoyo mediático de la derecha, pretende introducir aire fresco en un sistema de poder (denunciado por él mismo como El Sistema) que él conoce bien por haberlo ‘habitado’ de alguna manera durante años. Como el partido de Rosa Díez hace con el PSOE, pretende ser cobijo de votantes descontentos pero con una clara tendencia de voto. Precisamente, el hecho de que esté amparado por un grupo mediático que se autoposiciona como de derechas, mientras se presenta como salvaguardador de los derechos ciudadanos desde su partido Sociedad Civil y Democracia, no hace sino ensombrecer y encallar aún más un salto a la política que suena a venganza más que a servicio.

Es cierto que las comparaciones son odiosas. Y no pretendo ser alarmante. Pero la Historia la tenemos para estudiarla, para aprender de ella y para no cometer de nuevo los mismos errores. Estamos en Crisis, con mayúsculas, sí. Pero por favor, tengamos mucho cuidado con la radicalización de los discursos. Son peligrosos.

Porqué dicen no al referéndum

Miedo. A abrir el pastel. Pánico en realidad. No conviene. Sacar a relucir la posibilidad de que se vote en referéndum la reforma de la Constitución pone los pelos de punta a los políticos de los dos grandes partidos. Y no es para menos. ¿Quién será el guapo que consiga que en el debate público no salgan a relucir tantas otras cuestiones que están en la agenda política de los ciudadanos pero no en la de los políticos?

Si tuviéramos que votar la reforma de la Constitución, saldrían a relucir algunas cuestiones pendientes. La experiencia de vida de nuestra democracia nos pide introducir algunos cambios en ella. Por higiene, por salud, por regeneración, para mantenerla viva en buenas condiciones. Y no son otras que las que han venido reclamando en los últimos meses algunas plataformas ciudadanas como Democracia Real Ya o el movimiento #15M.

Estos movimientos ciudadanos (con demasiada mala prensa, lograda gracias a la intervención de ciertos poderes interesados desde los medios de comunicación) reclaman a tweet limpio, a golpe de blog, en plena calle y pancarta en mano, cambios que la gran mayoría considera necesarios. Casi todos apoyaríamos listas abiertas, separación de poderes, limitación de mandatos, cambios en la financiación de los partidos y sindicatos… Casi todos menos unos pocos, los interesados en que nada cambie, que son precisamente los que lo pueden cambiar.

Por eso, porque quieren que nada cambie, no se atreven a dejar al pueblo la responsabilidad de usar su voz. ¿Qué tipo de democracia es ésta? ¿O debería decir qué timo de democracia?

La paradoja de los políticos

Parece que despiertan. Del letargo, sí. Nuestros políticos comienzan a plantearse seriamente que el 15-M deba ser escuchado. Esta misma semana conocimos que tanto el PP como el PSOE afirmaban aceptar algunas de las reivindicaciones del movimiento. Aunque sin enterarse de mucho, claro.

González Pons (PP) venía a decir que entendía a los indignados porque la indignación se había convertido en voto al PP. Me lo expliquen, oigan. Y Marcelino Iglesias (PSOE), por su parte, echaba balones fuera y aseguraba que la indignación era culpa de la crisis, y que el Gobierno no estaba al lado de los banqueros. Mucho no, nada. En realidad se han enterado de nada. Pero al menos ahora saben que deben aparecer cercanos. Bueno, es un paso.

Y dos días después, la gran sorpresa: el Congreso de los Diputados acogerá un debate sobre el 15-M. Será en julio. Y obligará a todos los grupos a pronunciarse. A favor, claro. Pero habrá que tener propuestas concretas. Decía Joan Ridao (ERC): “Me duelen las descalificaciones globales dirigidas hacia todos los partidos políticos (…) pero conviene escuchar lo que se nos está diciendo”. Efectivamente. Os conviene. Lo sabéis y es muy probable que por eso lo hagáis.

Y a partir de ahí, todas las demás declaraciones de aquél día iban de mejor o peor manera defendiéndose entre sí de los ataques recibidos “no somos casta, ni tenemos privilegios, sólo tenemos el honor de representar” decía José María Lassalle del PP. “La mayoría de nosotros hacemos nuestro trabajo bien, con rigor y honestidad”, decía la diputada del PSOE, Victoria Monteseirin, como sin intender porqué les pasa esto. Y seguía afirmando que trabajan “en consecuencia con nuestra ideología y con el partido al que pertenecemos”. Ay, amiga, que ahora te vas acercando a uno de los problemas. Y de nuevo que la culpa es del sistema económico, que es el que verdaderamente manda, y no el Gobierno. El del PNV, indignado él: que cómo que no somos transparentes, si todo el mundo sabe todo de mi vida; y además el año pasado aprobamos una ley para evitar las donaciones anónimas a los partidos…. Y culminaba -al más puro estilo cruzyraya: si hay que debatir, se debate, pero debatir pa na…- diciendo “debátase, que no deje de hacerse por nuestra culpa”. Sin desperdicio tampoco la intervención de CiU: “señores, que cuando no estamos en Pleno, es porque estamos en Comisión. y eso tiene que saberlo todo el mundo, que trabajamos mucho…”. El Diario de Sesiones (en la página 28, según El País) de aquél día debe ser uno de esos documentos que valdrá la pena leer despacio.

Y al final, ¿qué? Pues eso. Aprobado, porque les interesa. Porque el 15-M ha generado muchas simpatías. Porque ya no todo el mundo se cree que los “quincemayistas” -fantástico término acuñado por José Luis Sampedro- sean todos unos perroflautas peligrosos.

Grandísima foto de Enrique Dans publicada en su Flickr.

 ¿Lo mejor de todo? Que quieren debatir en el mes de julio. Y que tendrán que ponerse de acuerdo en algo pronto. Porque mientras tanto, el 15-M ya ha convocado su propio Referéndum para el 15 de Octubre. Lo han llamado “Hazlo tú mismo”, en clara referencia al convencimiento de que los políticos no serán capaces de hacerlo. Y pide que se vote -de manera digital o presencial- a favor o en contra de cinco propuestas.
1.- Reforma del sistema electoral para lograr una mayor proporcionalidad y lograr el desbloqueo de las listas electorales.
2.- Transparencia en la gestión de los recursos, instaurando mecanismos de control y de lucha contra la corrupción.
3.- Separación de poderes: independencia del Poder Judicial.
4.- Democracia más participativa: potenciación de referéndums, Iniciativas Legislativas Populares y presupuestos participativos.
5.- Economía responsable, justa y sostenible.

Oigan señores políticos. Ésto es lo que pide el 15-M. Ésta y no otra es la filosofía quincemayista. Y si no lo hacen ustedes, serán otros quienes lo hagan. Es su momento. Aprovéchenlo porque no tendrán otro. Sólo podrán salvarse reconociendo la legitimidad de unas peticiones que, lo que van a hacer es eliminar la suya propia. Qué gran paradoja, ¿verdad? Pues esto ya no hay quien lo pare. #15m #spanishrevolution     

Sin violencia. Sin distracciones. Por los motivos del 15-M

El movimiento 15-M dejó de estar acampado en las plazas. Ahora ha acampado en los periódicos. Pero por motivos que a muchos no nos agradan. Hay mucho ruido, demasiado. E intoxicación también, sí, porqué no decirlo. 


Los medios de comunicación tradicionales no llegaron nunca a entender ni a simpatizar con la filosofía que sustentaba las movilizaciones. Normal, por otra parte. De algún modo han formado parte del Establishment, del Sistema; aprendieron a convivir con una clase política que supo manejar a su antojo a determinados medios de comunicación, lanzándoles y tragándose los mensajes que interesaban en determinados momentos. Y, además, se ven amenazados por esta gran ola de libertad que campa a sus anchas por Internet: la gente ya no compra periódicos. Y la publicidad ha dejado de tener credibilidad. Es el fin del negocio. 


Es muy difícil conocer ahora la verdad. “El 15-M es un movimiento de izquierda” “Está manipulado por la izquierda” “Beneficia a la izquierda” “Sólo el PP se ha reforzado con el 15-M” “Los de Sol están manipulados por Rubalcaba, como ocurrió tras el 11-M” … y así incansablemente. Pero no. Qué equivocación. No me cansaré de decirlo. El movimiento del 15-M ha tenido tanta fuerza, precisamente, porque aglutina a tantísimos descontentos con un sistema político excesivamente cerrado y viciado en sí mismo. ¿Que los acampados han pedido otras muchas cosas referentes al sistema económico? Claro. Es que los que estaban allí en Sol y en las demás asambleas no eran ni mucho menos los funcionarios con sueldos congelados, los padres de familia en apuros, los trabajadores que temen perder su empleo cada día, los miles de autónomos que están al frente de sus negocios peleando por el último céntimo de euro que quieran conseguir. Estaban los que podían, en representación de otros muchos. Por eso los manifiestos han sido tareas imposibles de alcanzar. Las asambleas no lograban acuerdos mayoritarios. Y es que los descontentos y sus motivos son demasiados. No se puede simplificar. 


Razones del 15-M

Hace unos días, el conocido bloggero Enrique Dans, publicaba en El País un artículo en el que reclamaba una “Transición 2.0”. Y recogía, entre otras cosas, algunas de las razones que inspiraron el 15-M: La democracia que vivimos empieza a tener notables desajustes con respecto a la sociedad bidireccional e hiperconectada que hemos construido. Sentimos que los políticos que votamos ya no nos representan, y que han construido un sistema que sustituye a la verdadera democracia con una partitocracia, con leyes electorales que alejan al votante del político, que plantean representantes que ni siquiera conocemos y a los que no podemos pedir responsabilidades, en estructuras de partidos nada democráticas y convertidas en monstruos burocráticos e ineficientes en los que prima el seguidismo, la autopreservación, el escalafón y la jerarquía. Estructuras en las que la corrupción campa a sus anchas, partidos convertidos en empresas cuyo fin es mantenerse en el poder a toda costa, que intercambian dinero y favores con otras empresas y lobbies para beneficiarlos cuando lleguen al poder a cambio de los medios necesarios para conseguirlo. Préstamos que desaparecen, facturas que se perdonan o se inflan según convenga, favores que se pagan con el erario público, amiguismo, nepotismo… todos los vicios que rodean a unos políticos convertidos en “clase política”, en una Corte de Versalles que se autoconcede privilegios, pensiones, cargos, sueldos multicompatibles, consejos de administración, retiros dorados…

¿Y los políticos? Pues hacen lo que pueden. Los de IU salen escaldados cada vez que se acercan  (‘Los indignados zarandean a Cayo Lara‘). El PSOE, que bastante tiene con lo que tiene, anda metido preparando su Conferencia Política de septiembre, y se refugia en IDEAS y en un útlimo invento llamado Socialismo Abierto (bajo la filosofía de la apertura y del Open Goberment). El PP oficial sigue mirando con recelo el movimiento, imaginando a Rubalcabas o Kalesborrokas tras los ‘perro-flautas’. Pero descubren asombrados que Líderes del 15-M arropan a ex-dirigentes del PP, o que Esperanza Aguirre, la ‘verso suelto’ del PP lideresa de Madrid, hace guiños a los indignados anunciado cambios en la Ley Electoral Autonómica para instaurar Listas Abiertas.   

Pero todo cambia cuando aparece la violencia. Todos los medios de comunicación han denunciado lo que consideran un atentado contra la democracia: la presencia de los indignados en las puertas de los Parlamentos durante la toma de posesión, con enfrentamientos directos con la Policía y resultados de detenidos y heridos por ambos lados. 


Pero como la verdad, -gracias a la tecnología- ya no la controlan sólo unos pocos, descubrimos en este vídeo que en Barcelona un grupo de secretas con caras de pocos amigos trataban de infiltrarse entre los manifestantes. Tan descarado fue el intento que tuvieron que salir escoltados por los propios antidisturbios. 


No nos equivoquemos. Estos conatos de violencia son sólo maniobras de distracción. No es lo que persigue el 15-M. Desde el principio se autoafirmó como un movimiento pacífico que quería denunciar el hartazgo de una situación que se hace complicada arreglar. Es la hora de la reflexión. No como en la jornada pre electoral. Sino la de la argumentación. La de búsqueda de consensos y de apoyos. La presencia en la calle ha dado fuerza y nombre. Ahora hace falta clarificar las ideas. Sin distracciones. Sin violencia. Recuperando los motivos y razones que inspiraron el 15-M.