¿Crisis de migración o migración de crisis?

La Unión Europea ha hecho frente a la masiva llegada de inmigrantes sirios que han entrado en los últimos meses en Europa huyendo del conflicto sirio con las tropas del IS.

Foto 20minutos.es
 
Esta crisis migratoria sin precedentes, que nos ha dejado impactantes imágenes sobre el estado en que sobreviven huyendo de su país, ha calado en las conciencias de la Joven Europa, vista ahora como esa tierra prometida llena de posibilidades para miles de personas que huyen de la guerra en su país.

Foto infonews.com

Tras varios meses de preparación y varias semanas de negociación, la UE ha firmado finalmente un acuerdo con Turquía para la gestión de esta crisis en la que se ha acordado la posibilidad de devoluciones de inmigrantes a Turquía, el estudio de manera individualizada de los casos para determinar los que serán considerados como asilo y el despliegue de ayuda económica y material para atenderlos en sus campamentos de refugiados.

Los principios que han regido este acuerdo se basan, fundamentalmente, en mantener la legalidad de la entrada en Europa de inmigrantes y actualizar a la situación la libre circulación de fronteras que el Acuerdo Schengen mantenía para toda Europa, progresivamente, desde que se firmara en 1985 por los entonces estados miembros. En ese acuerdo se establecía que correspondía a cada país la vigilancia de sus fronteras externas para los ciudadanos de estados no miembros así como la inmigración irregular ya que, una vez dentro de Europa, el derecho a la libre circulación de los ciudadanos europeos primaba sobre el control fronterizo.

Refugiados sirios ante una frontera cerrada.

¿Estaban bien definidos los límites de este acuerdo? A la vista está que quedaban algunos flecos sueltos por los que se han venido colando ingentes cantidades de inmigrantes por España hace unos años, Italia poco después y Grecia y Macedonia muy recientemente como consecuencia de la guerra en Siria. Y quizá este acuerdo sirva para terminar de definir cómo actualizar y llevar a la práctica un acuerdo que tenía algunos puntos débiles. Tantos como para que algunos estados miembros hayan decidido cerrar sus fronteras para evitar el paso y asentamiento de más inmigrantes a sus países.

Niños sirios en campamento de refugiados. Foto ecodiario.eleconomista.es

Es cierto que hay muchas variables que se deben tener en cuenta: la necesidad de buscar una vida mejor que anima a embarcarse en la aventura de migrar y abandonar su país con lo puesto a decenas de miles de familias enteras. La existencia de mafias y traficantes que se enriquecen al asegurar un futuro mejor a estas familias que se juegan la vida en llegar a Europa. El drama humano que supone la llegada de personas sin recursos a los países vecinos del norte, ricos y sin guerra (aparente). La meta de todos ellos por llegar a Alemania, que resulta cuanto menos sorprendente. La llegada del terror por atentados islamistas al corazón de Europa (que empezó el 11-M, pero que parece que Europa ha empezado a sentir como propia tras los atentados de París el 13-N pasado y los de hoy mismo (22-M) en Bruselas.

Desalojo del Aeropuerto de Bruselas. Foto Laurent Dubrule EFE
Lo cierto es que tras el 11-S las guerras han cambiado en el mundo desarrollado: ya no se producen entre batallones de combate en un campo de guerra, sino en los lugares habituales de paso entre los ciudadanos de un país como son una estación de tren, un aeropuerto, una sala de fiestas o la boca del metro. El desconocimiento de quién es el que podrá hacer daño les hace aún más peligrosos a ellos y a los ciudadanos más vulnerables. Pero forma parte esta nueva guerra: el terror es su principal arma.

Niño sirio ahogado en la playa. Foto ABC.es
¿Ha sido poco humana entonces la respuesta de la UE ante esta crisis o al contrario ha sido más bien tibia al no atacar la raíz del problema? ¿Es incompatible en este siglo XXI mantener la libre circulación de ciudadanos europeos con la seguridad e integridad de los mismos? ¿Es legítimo tener temor ante una avalancha humana así o somos los  más insolidarios de la Historia por permitir que los niños mueran ahogados mientras tratan de alcanzar la costa griega?

Calles de Alepo (Siria). Foto elmeme.me

Y mientras, el Estado Islámico, avanza sus tropas en Siria y continúa sembrando el terror por aquéllas tierras y también fuera de ellas. ¿Cómo casamos la acción humanitaria con la gestión eficaz de los recursos de un país? ¿Aceptamos por humanidad a todos los que huyen de la guerra o acogemos sólo a los que sabremos que podremos dar trabajo, casa, comida, educación y sanidad? ¿Deben quienes vengan asumir las costumbres del país e integrarse en la sociedad que les acoge o pueden mantener sus tradiciones para legarlas a sus descendientes y que no pierdan sus raíces? ¿Está fallando Europa en la gestión de la crisis o en la Comunicación de cómo lo está gestionando? ¿Nos encontramos entonces ante una crisis de migración o ante la gestión de una migración de crisis? ¿Cuál es la respuesta más adecuada?

El dardo envenenado

El que golpea primero golpea dos veces. Y si además lanza un dardo con veneno, olvídate de ganarle. Es lo que le ha pasado a Pedro Sánchez con la propuesta de pacto con Podemos. Pero no sólo a él. Este dardo ha anulado de un sólo golpe a Rajoy, Rivera y Sánchez. Ha sido una jugada maestra.

El 22 de enero, durante la primera ronda de consultas del Rey, Pablo Iglesias se adelantó a todos ofreciendo al PSOE formar un gobierno de coalición con IU en la que el propio dirigente de Podemos sería el vicepresidente. Su dardo, envenenado desde antes de salir, contaba con que Sánchez se enterara directamente por boca del Rey, descolocándole delante del Jefe de Estado que le informaba de que era un presidenciable: gran golpe de efecto. Sin tiempo de valorar la propuesta ni hablar apenas con su equipo, debió dar la cara ante los periodistas y pronunciarse ante unas declaraciones del propio Iglesias que suponían un auténtico insulto: “que sea presidente es una sonrisa del destino que tendrá que agradecer”.

Pero coló. Sánchez se tragó el dardo y comenzó a digerirlo. Ante el inmovilismo de Rajoy y el movimiento de sillón en filas propias, decidió que era su oportunidad. Que debía dar la talla y demostrar su capacidad de diálogo y de dirigir un partido y un Gobierno. Se lo tragó entero. Sobretodo porque la jugada de Iglesias no había hecho más que empezar. Tres días después firmó una tribuna en El País en la que metía prisa a Sánchez, le advertía de que pactar con Ciudadanos y PP sería pactar con la derecha y, además, se atribuía el apoyo de las bases socialistas a ese supuesto pacto (sin demostrar el apoyo ni afirmar tener una encuesta, sin complejos vaya…)

A partir de ese momento Pedro Sánchez tenía pocas salidas: intentar un pacto con PP y Ciudadanos sabiendo que su electorado sería la última vez que le votara por traicionar a sus votantes. Pactar con Podemos y aceptar un órdago a la grande que se antojaba imposible: no renunciaban a las posiciones independentistas catalanas, algo inasumible para el PSOE. Y, además, siendo consciente de que Podemos es quien les hace la cama en la batalla electoral ideológica por ocupar el gran centro izquierda: la formación morada aspira a obtener el gran suelo electoral que un día tuvo Felipe González. Y eso sólo es posible borrando del mapa al PSOE. Al pobre Sánchez no le habían dado siquiera la posibilidad de elegir susto: sólo había muerte o muerte.

Y así, decide dar el paso, a pesar de no tener la aritmética de su lado y decide jugar a quiero ser presidente. Reuniones, propuestas, negociaciones de posibles leyes, demostraciones de cintura… y todo, calculadora en mano y sin salir las cuentas. Las únicas que salen son las que le propuso Iglesias, inasumibles para el PSOE. Pero como decidió dar el paso, el reloj comenzó a andar, aceptó intentar ser presidente y echó a andar el calendario que marca la fecha límite para la celebración de unas nuevas elecciones antes del verano.

Este nuevo encuentro con las urnas sólo se evitaría con un acuerdo de Gobierno in extremis entre alguna de las combinaciones posibles: PP+Ciudadanos+Abstención del PSOE (= muerte del PSOE y sobre todo de Pedro Sánchez, al que borrarían del mapa en el siguiente mandato) o PSOE+Podemos+IU (=muerte por abducción de Podemos tras cederle la vicepresidencia y el control de las principales carteras). Seguimos en muerte o muerte.

Como los pactos se antojan imposibles y la relación PP-PSOE es tan absolutamente fría y distante, es muy probable que lleguemos a la celebración de unas nuevas elecciones. Justo lo que ha pretendido Iglesias con este derroche de jugadas maestras: Rajoy llega después de haber estado un mes aislado (el PP ni siquiera propuso candidato a la presidencia de la Mesa del Congreso), sin ser capaz de lograr apoyos por el “cordón sanitario al PP” y ausente del escenario político: aparentemente (e incomprensiblemente) tranquilo por saber que la aritmética estaba de su lado y Sánchez no podría formar Gobierno; cerrado en su postura y debiendo hacer frente a nuevos casos de corrupción y a la reciente dimisión de Esperanza Aguirre; con mejores resultados económicos para los ciudadanos, pero con el aviso de Europa de que deben seguir las políticas más duras para reducir el déficit. Tiene muy difícil poder revalidar el anterior resultado electoral.

Ciudadanos lo hace después de haber tratado de hacer de mediador entre PP y PSOE de manera incansable: nada más celebrarse las elecciones, tras la primera ronda de consultas con el Rey, unos días antes del paso hacia delante de Sánchez y también después de que se  sentaran a negociar cuando Sánchez buscaba alianzas. Se presenta ante su electorado y ante los indecisos sin haber sido capaz de ayudar a formar Gobierno, sin haber podido disolver la guerra fría entre los dos grandes partidos para pactar con ambos y teniendo que convencer a sus votantes de que él sigue siendo la nueva política mientras que PSOE y PP son la vieja política. ¿Por qué habrían de votar a Rivera si al final acabaría pactando con alguno de los del bipartidismo?

El PSOE se presenta a la nueva contienda teniendo que justificar ante sus votantes que votarle a él es votar posibilidad de Gobierno. ¿Cómo si no ha sido capaz de hacerlo a pesar de que se lo han puesto en bandeja? Y ese precisamente será el gran argumento de Iglesias: Podemos es el único partido de izquierda que ha puesto sobre la mesa una propuesta seria de Gobierno de progreso. Dirá a los votantes socialistas: yo entiendo vuestras inquietudes de izquierda y yo os las daré, vuestro partido sólo ha querido gobernar con la derecha, con Ciudadanos y no con los únicos que asegurábamos políticas de izquierda.

Es más, con su jugada maestra Iglesias se ha ventilado también a otra peligrosa piedra en su zapato: la tan ansiada llegada de Susana Díaz a la dirección socialista en Ferraz. El despliegue de diálogo y propuestas de gobierno de Sánchez durante las últimas semanas (y las que quedan) ha hecho desaparecer el descontento interno que había con el secretario general. De hecho, ya sólo se baraja unas primarias en las que no habría otro candidato más que él. Soberbia jugada.

Y ha mantenido tan distraído y obnubilado al PSOE por la posibilidad (no aritmética) de formar gobierno, que no ha caído en las dos trampas mayores. Una, no ha tenido tiempo si quiera de considerar la posibilidad de dejar gobernar al PP en minoría; esta opción -nunca barajada por Sánchez- habría pasado por tener atado en corto a Rajoy, obligándole a tragar por donde ellos dijeran en una legislatura previsiblemente corta y de la que el PP saldría de nuevo escaldado: por la corrupción y por la menor reactivación de la economía que supondría levantar el pie del acelerador cumplidor del déficit. Y dos, haber permitido que en el imaginario de todos los ciudadanos españoles -de nuevo votantes de aquí a unos meses- Iglesias haya aparecido como hombre de Gobierno. Quien hasta hace algo más de dos años era un completo desconocido asiduo a algunas tertulias políticas, director de un programa en La Tuerka, es hoy visto por una gran cantidad de españoles como un hombre que ha estado muy cerca de ser el vicepresidente del Gobierno de España. Hundido.

Lo que pactes hoy te retratará mañana

A seis días de que se celebren las municipales y autonómicas en toda España, dos meses después de que se celebraran en Andalucía y sin que el partido ganador de las mismas haya sido capaz aún de formar gobierno, todos los partidos hacen cálculos sobre los posibles pactos que deberán cerrar en unas semanas. Hay mucho en juego.

Por un lado, los partidos hasta ahora mayoritarios ven que han perdido la hegemonía de la alternancia. Nuevas formaciones políticas, más jóvenes y frescas, sin experiencia en la gestión y aún sin mancha de corrupción, están viendo en las encuestas y en la calle un gran crecimiento en intención de voto. Las urnas ya hablaron hace dos meses en Andalucía: el bipartidismo PP-PSOE ha dejado paso a una composición casi cuatripartita PP-PSOE-Podemos-Ciudadanos en la que los pactos serán obligatorios.

Pero la realidad es que todos, desde los más pequeños hasta los más grandes, miran con ansia a finales de año y la cita con las elecciones generales. Y es que lo que pactes hoy te retratará mañana. En estos acuerdos son precisamente los partidos más pequeños quienes más tienen que perder: tanto Podemos como Ciudadanos, que se presentan como partidos limpios de corrupción, con nuevas ideas de regeneración democrática, pueden ver alterada la credibilidad de su discurso por tocar gobierno en algún lugar.

Esa es la principal razón por la que ni Ciudadanos ni Podemos han pactado aún con Susana Díaz para permitir su investidura. El calendario electoral, que inicialmente la presidenta andaluza en funciones creía a su favor por su propio interés político, juega a favor ahora de los acuerdos postelectorales para los dos partidos minoritarios. A principios de julio deberán volver a retratarse en el Parlamento Andaluz. Y para esa fecha todo el pescado estará vendido a nivel municipal y autonómico: extraños compañeros de cama veremos por toda la geografía española!

¿Qué podría ocurrir en Andalucía? ¿Y  más tarde, a nivel nacional? ¿Dejarán los dos grandes partidos que nuevas formaciones políticas entren en los gobiernos dispuestos a abrir puertas y ventanas, airear todo lo pasado, imponer transparencia y limpieza en instituciones que durante 30 años han estado gobernadas por los mismos? ¿Serían capaces de pactar entre ellos para evitarlo? ¿Es posible que esto haya sido ya incluso pre-pactado de antemano a nivel nacional entre ellos: que PP deje gobernar a PSOE en Andalucía a cambio de idéntica actitud a la inversa a nivel nacional? ¿Qué hablaron Susana Díaz y Mariano Rajoy el pasado mes de diciembre en Moncloa? ¿No resultan ahora curiosas las declaraciones de la actual presidenta andaluza en funciones sobre su preocupación por España? Muy pronto, todas las respuestas.

Comunicación institucional en tiempo de redes sociales: 5 ejemplos de lo que no se debe hacer.

Es una gran oportunidad. Las redes sociales son el lugar soñado por todo director de comunicación o jefe de prensa de cualquier institución pública: es el lugar en el tu información pasará directamente de tus manos a ser digerido por los ciudadanos sin pasar por el filtro de un periodista que te cambia el titular en la redacción. No sufrirá la revisión del jefe de sección o del redactor jefe exigiendo “una vuelta de tuerca más” a esa pieza. No vivirá la terrible esclavitud y limitación del tiempo y del espacio a la que están sometidas todas las noticias en la radio, la prensa o la televisión.

Las redes son el lugar perfecto sin duda. Sin intermediarios, sin contestaciones, sin filtros, sin limitaciones, sin complejas relaciones publicitarias, sin …los viejos medios!! Porque al fin y al cabo, ¿no es un perfil de Facebook o mi cuenta de Twitter el más perfecto “medio de comunicación amigo”? Sí, aquél que me publica todo lo que yo quiero y como quiero, sin mover ni una coma… Qué error.

De hecho, la comunicación institucional y política no puede manejarse en las redes sociales manteniendo estos viejos clichés comunicativos. El mundo de la comunicación interpersonal y global ha cambiado. Y ahora es necesario adaptar el mensaje al medio. Y también conocer lo suficientemente el medio como para poder amoldar éste al mensaje que queremos transmitir.

Lo que no se debe hacer

Por esto, te traigo aquí 5 ejemplos de lo que un perfil institucional no debe hacer en redes sociales:

1.- Una nota de prensa no es un tuit. El tuit tiene 140 caracteres, y tu nota de prensa muchísimos más. Como mucho, tan sólo cabría el titular, pero tampoco “ese” tipo de titular que acostumbran a estar en muchas notas de prensa de administraciones públicas. Aquí sí que hay que darle una vuelta. Es más, debería tener algo más que un texto, como enlaces, fotos, hashtags, menciones, ubicación…

2.- Una nota de prensa no cabe en una actualización de estado de Facebook. Tener varios miles de fans en nuestra página de Facebook no nos garantiza que todos vayan a leer el tostón que colgamos con la redacción típica de una nota de prensa. Ahora hay que currarse los textos, darles una vuelta, pensar en nuestro público objetivo, engancharles con una historia, empezar de manera sugerente, aligerar el contenido para que sigan leyendo hasta el final… Y dar la posibilidad de ampliar a quien esté interesado en conocer más: ofrecer un enlace con información para descargar o completar en la web.

3.- Una foto del político de turno asistiendo a un acto institucional no conseguirá ningún retuit de alguien que no sea de la casa. No conseguirá replays, ni logrará despertar apenas el interés de ninguno de los que te tengan en su time line: ni clicks en el enlace, ni derivará tráfico a la web ni conseguirá  nada. Es más, lo más probable es que a la tercera o cuarta foto similar que cuelgues de tu jefe te hagan unfollow. ¿Seguro que no hay nada más interesante en esa inauguración que el delegado cortando una cinta o cuando se subió al estrado a soltar su discurso? …venga, fíjate bien: ¿qué estaría mirando la gente si pudiera estar allí?

4.- La agenda de un ministro o de un dirigente político con cargo en la Administración Pública debe ser pública, sí. Todo el mundo debería poder consultarla y saber qué hacen sus representantes a diario, cómo trabajan por ellos y por defender sus intereses. Pero el lugar para publicarlo no es su time line de Twitter. Ni tampoco la sección de noticias de la web institucional, ojo!. Podemos seguir, tuitear y publicar en diferentes redes sociales algunos actos de nuestro jefe. Pero sólo aquéllos que tengan un especial interés para la ciudadanía, aquéllos a los que habrían acudido si pudieran. Y enseñarles lo que ellos habrían mirado. El resto de los actos que queramos contar y que no interesen a nadie, o les damos una vuelta y los hacemos atractivos, o estaremos haciendo algo parecido al SPAM. Sí, SPAM: propaganda invasiva no deseada. Vale que son nuestros followers y nuestros fans, pero cuando nos siguieron no les dijimos que les íbamos a bombardear con actualizaciones que tienen como único fin la mayor gloria del dirigente político de turno.

5.- Estar en redes sociales implica aceptar las normas del juego: no vale no responder nunca jamás a los ciudadanos que nos preguntan o comentan nuestras actualizaciones. Vale que no podemos alimentar al troll, pero muchas respuestas son de ciudadanos verdaderamente interesados en expresar su opinión a sus dirigentes. Si tú no escuchas a los ciudadanos, ellos dejarán también de hacerlo. Es inevitable. El diálogo, la conversación, la comunicación bidireccional, es clave para que la presencia en redes tenga un mínimo éxito. Las redes han democratizado el poder de la comunicación: ahora todos comunicamos al mismo nivel. Por eso, queda fatal que sólo sigamos a los de nuestro ministerio, a otras administraciones públicas amigas o a los perfiles de los representantes políticos de turno. A ver: que en el Time Line de tu organismo no puede ser monocromático: hay que enterarse de lo que piensa la gente!!

Es verdad que las Administraciones Públicas son instituciones muy gruesas que tardan mucho en mover sus esqueletos y en poder cambiar y adaptarse. Vale que existe cierta resistencia de una maquinaria a veces anquilosada por años de trabajo en los que la inmovilidad era signo de hacerlo bien. Es cierto que hay falta de flexibilidad y a veces también nulo o escaso interés por parte de los dirigentes en adaptarse a las nuevas tecnologías o dedicarles los recursos necesarios. Y que los responsables de comunicación adolecen de escaso tiempo para la preparación y el aprendizaje de los cambios que se suceden ahora de manera especialmente rápida.

Y es que es una revolución en toda regla. La de la comunicación. Pero hay que adaptarse. Los tiempos, los ciudadanos y nuestra profesionalidad nos lo exige. Hagámoslo bien porque es mucho lo que hay en juego.

La estrategia en redes sociales de Podemos durante las europeas

Ahora que ya se han convertido en un auténtico fenómeno que todo el mundo mira ya sin disimulo, recupero aquí parte de la ponencia que presenté en el III Congreso de Comunicación Política y Electoral ALICE. La estrategia desarrollada por Podemos durante las pasadas elecciones europeas resultó ganadora desde diferentes puntos de vista. No sólo porque finalmente dieran la sorpresa y después hayan seguido creciendo hasta convertirse en la primera opción de voto directo según la encuesta del CIS de octubre’14. Sino también, porque pusieron en práctica una gran cantidad de técnicas que fueron un auténtico acierto para el medio en el que se movieron.

La presencia en redes del partido revelación no sólo permitió la participación ciudadana y la articulación y organización de los círculos: también sirvió para dar a conocer los actos de campaña del partido. Para recaudar fondos a través de diferentes campañas de crowdfunding. Y, lo que es más importante, para aprovechar el tirón mediático de su cabeza de lista y terminar de asociar la figura de Pablo Iglesias con el desconocido nuevo partido político Podemos.

En definitiva, materializaron en tan sólo cuatro meses, y a través de una persona muy visible y un partido desconocido, lo que sería un perfecto manual de campaña electoral a través de las redes sociales. Utilizaron un lenguaje llano, directo, de la calle y que se mantenía abierto a la escucha activa: sus mensajes parecían invitar a participar en el debate porque hablaban su lenguaje, porque no imponía cuestiones categóricas y porque recogían el malestar ciudadano expresado en las calles durante los asentamientos del 15-M. Utilizaron las redes para lanzar un mensaje de esperanza frente al hastío de la situación política, económica y social. Para movilizar grandes masas bajo un lema potente que calaba y que era a la vez la propia marca del partido: “Podemos”. Aunque no era original, ya que el potente eslogan y nombre del partido es una traducción del que hiciera triunfar a Barack Obama en las presidenciales de 2008, el ya para siempre famoso “Yes, we can”.

Utilizaron las redes, igualmente, para movilizar a sus simpatizantes, para darse a conocer a otros nuevos gracias al efecto red, para publicitar sus acciones offline, para lograr la implicación en la calle de sus simpatizantes. Y, sobre todo, para organizar desde el comienzo del movimiento las bases del partido gracias a la formación de los círculos asamblearios de los que se compone la organización de Podemos.  De hecho, su estrategia en Facebook fue fundamental para el crecimiento de su propia organización: concibieron esta red social (y otras) como verdaderos espacios de articulación de participación ciudadana, permitiendo la formación de los círculos que son la base de la nueva formación política. En muchos casos, y según ha reconocido la propia organización, se creaban antes los grupos de los círculos locales en Facebook que las propias reuniones físicas de sus miembros.

Aunque tampoco hay que olvidar que la dimensión televisiva y mediática de su cabeza de lista, Pablo Iglesias, fue clave para que calara su mensaje en los ciudadanos. De hecho, el partido se decidió a cambiar el logo de la papeleta electoral sustituyendo el logo de los círculos por una de Iglesias, a pesar de que fuera tomado por muchos con sorna en el HT #Pablemos.

Presencia en Twitter

Especialmente acertada fue la presencia en Twitter del cabeza de lista, Pablo Iglesias. Claro que, teniendo en cuenta que su perfil no fue abierto con fines exclusivamente electoralistas –lo tiene activo desde noviembre de 2010-, puede considerarse que casi es un nativo digital. Y eso siempre es una ventaja. Sobre todo porque entiende y cree en la comunicación a través de las redes. De hecho, en sus mensajes se palpa el conocimiento del medio que utiliza y del público al que se dirige. Además tiene la habilidad de mimetizarse con las preocupaciones de su audiencia y saber redirigirlas hacia su propuesta política -a veces con tanta destreza que su ideología pasa desapercibida para gran parte del público general-.

La estrategia de Podemos en Twitter, que fue sin duda la mejor campaña desarrollada en las europoeas, logró entre otras cosas la movilización de sus simpatizantes pasando de las acciones online al offline para acudir a actos de campaña. En una ocasión pasaron de solicitar retuits para difundir sus ideas a pedir que se diera a conocer el partido fuera de las redes: fue la campaña etiquetada con el hashtag #DifundePodemos. En ella pedían a los simpatizantes que colgaran grandes carteles con el logotipo del partido en ventanas, balcones o fachadas, que portaran camisetas serigrafiadas o decoraran su vehículo con un simple cartel de apoyo. El objetivo, superar el desconocimiento de la marca del partido que existía en la sociedad, ya que apenas se invertía en publicidad y para los medios eran unos auténticos desconocidos.



Otro ejemplo fue la acción llevada a cabo a mitad de campaña para conseguir más fondos económicos y autofinanciarse. Bajo la etiqueta #SinBancosPodemos, argumentaban su independencia y solicitaban pequeñas aportaciones económicas, no anónimas. Fue una acción exitosa de crowdfunding, al más puro estilo Obama, por no querer depender de los servicios financieros de la banca, a la que acusan de ser los causantes de la crisis por su especulación.

También, a sólo unos días del cierre de campaña, el hashtag #CartaPodemos logró que sus simpatizantes difundieran dentro y fuera de las redes -imprimiendo y repartiendo- la carta electoral en la que Pablo Iglesias pedía el voto a los ciudadanos. Este tipo de acciones lograron no sólo un ahorro económico en la difusión de su marca, sino además un mayor compromiso en emisores y receptores gracias a la confianza que genera la recomendación de un conocido.



Igualmente, hay que reseñar la acción llevada a cabo el último día de campaña pidiendo la propagación de mensajes de apoyo a Podemos a través de Whatsapp, de teléfono a teléfono, para llegar a todos los conocidos de los simpatizantes y que, éstos a su vez, lo difundieran entre los suyos propios. Una campaña especialmente dirigida a los más jóvenes, utilizando todo tipo de emoticonos y adaptando a la perfección el mensaje al medio. Esta acción recuerda –sin que tenga ningún tipo de vínculo- al efecto red que produjo la cadena de SMS del “pásalo” tras los atentados del 11-M. De hecho, este hito de la historia electoral española es considerada por muchos como el preludio de la política 2.0 por su capacidad para movilizar a los ciudadanos a través de la utilización de recursos tecnológicos. Aquélla vez fue capaz de dar la vuelta al resultado de unas elecciones que el partido en el gobierno daba por ganadas. En esta ocasión fueron la gran sorpresa de la contienda electoral. Con tan sólo 4 meses de vida lograron convertirse en la cuarta fuerza más votada por los españoles, contabilizando más de 1.200.000 votos. 

Otro de los grandes hitos del partido de Pablo Iglesias durante la campaña a las europeas fue la de lanzar numerosos hashtag con el objetivo de ser Trendic Topic (TT) y que ninguno de ellos sufriera el temido efecto boomerang que suelen sufrir la mayoría de los partidos en Twitter y que hemos visto aquí en numerosas ocasiones. Al contrario, sus etiquetas lograron colocarse entre las más tuiteadas durante gran cantidad de horas prácticamente todos los días de la campaña. Así, #Podemos1000razones fue TT el primer día de campaña durante 9:15 horas; #DifundePodemos lo fue el 16 de mayo durante 3:30 horas; #VotandoPodemos, el día 22 durante casi 11 horas; #SinBancosPodemos estuvo entre los términos más usados el 23 de mayo durante casi 5 horas y #Podemos25M el mismo día de las elecciones durante 12 horas y media.

Y desde entonces hasta ahora, ésto no ha hecho más que continuar y crecer. Queda aún mucho por ver. 

La comunicación de las instituciones públicas en Internet: adaptar el mensaje al medio y al público.

Que el presente y el futuro de la comunicación pasa por Internet ya no lo duda nadie. La velocidad, ubicuidad e instantaneidad que aporta el mundo digital ha cambiado radicalmente el escenario y los parámetros en los que se mueven los mensajes de las empresas, personalidades e instituciones públicas. Sin embargo, los cambios se han producido con rapidez y no todos han sabido o podido adaptarse.

Una de las primeras acciones que debe realizar una empresa antes de definir su comunicación es definir su público objetivo: quienes les comprarán y quienes podrían comprarles aunque aún no les conozcan. Una administración o institución pública debe comunicar también para su primer público: los consumidores habituales de la información y servicios que ellos generan. Pero, qué pasa con el resto de ciudadanos que no acuden a sus servicios regularmente: ¿han de quedar excluidos de su comunicación porque ésta se haya diseñado con un lenguaje excesivamente técnico o especializado?

La comunicación y la imagen de los servicios públicos en Internet resulta una tarea costosa y compleja: la seguridad es una premisa básica irrenunciable en la comunicación de la administración pública. Sus planteamientos serán siempre exclusivos ya que tendrán además una enorme carga de complejidad técnica y administrativa. Si además tenemos en cuenta la gran dificultad que supone simplificar el enorme volumen departamental, burocrático y administrativo de los procesos e información que gestiona cada una de ellas, la complejidad va en aumento. Además -como toda entidad que depende de cargos políticos- tendrá sus propios intereses y estrategias comunicativas dirigidas a apoyar el interés político del cargo en cuestión. Y al final, aspectos tan importantes y básicos como generar información actual de calidad y utilidad adaptada a las costumbres del público general quedan desatendidos y olvidados entre tecnicismos, complejidades administrativas e intereses políticos.

Si además sumamos que el diseño y la imagen de estas webs (por ser complejas de diseñar y ejecutar) es anticuada y obsoleta, entendemos que algunos servicios públicos de calidad como son el de la Agencia Estatal de Meteorología -que publica una información de gran prestigio y que es referencia nacional- vayan quedando relegados como principal fuente de consulta frente a otros servicios privados que ofrecen una imagen mejor adaptada a los nuevos soportes digitales, como tablets o smartphones. Y ello a pesar de que ofrezcan aplicaciones móviles desde la web estatal, ya que son mucho más recientes y menos conocidas que otras plataformas que llevan ya bastante tiempo instaladas en el mercado.

Igualmente, la guía de la red de carreteras del Ministerio de Fomento, por ejemplo, no es la principal fuente de consulta de los conductores para conocer la ruta que habrán de seguir, ya que otros servicios se les adelantaron y lo ofrecen como herramienta de valor añadido de manera gratuita. Esto resulta aún más doloroso si además tenemos en cuenta que estos datos son públicos y que podrían ofrecerse de forma cruzada junto con datos del estado del tráfico en tiempo real de la DGT, el estado actual de carreteras e incidencias por obras o mejoras en las vías, la climatología de la Aemet o información turística y cultural de alcance.  

Pero ésto no es todo. Hay una gran cantidad de organismos públicos que olvidan que dan un servicio público especializado y que deberían demostrar su utilidad a la sociedad general que es quien lo financia. Hablar de transparencia en el mundo del entorno online y del Gobierno no es sólo hacer públicos una serie de datos de titularidad gubernamental o administrativa. Ser transparentes se refiere también a hacer más eficaz la comunicación de nuestras administraciones, de modo que su información -o al menos una parte importante de ella- quede disponible y de manera “entendible” por la mayor parte de la sociedad.

Por ejemplo, una tarea que demuestra transparencia es hacer públicas las agendas de los ministros y principales cargos públicos de la administración. Pero igualmente demuestra transparencia y apertura a la sociedad comunicar la información desde el punto de vista de interés del ciudadano, evitando publicar en la web noticias que se refieran únicamente a las actividades que desarrolla el ministro o cualquiera de sus subalternos cargos públicos de libre designación ;-). Ser transparentes y eficaces en la comunicación de las entidades públicas supondrá, en este mundo digital, global y dependiente de la opinión pública, comunicar la información con lenguaje sencillo, eficaz y desde el punto de vista del ciudadano: destacando aquéllos aspectos que puedan ser más relevantes para la sociedad y que, sobretodo, le inviten a seguir leyendo.

En estos momentos en los que la información es accesible a cualquier persona desde cualquier lugar y en todo momento, hay que cuidar más que nunca lo que se dice de uno y cómo se dice. La oportunidad que supone poder transmitir de manera directa la información a los ciudadanos, sin intermediarios, es una gran ocasión que no debe desaprovecharse por la inercia de publicar información de marcado corte político. Es conveniente que la información se realice, sobre todo, a través de textos ligeros y amenos, siguiendo la estela de los nuevos modos de comunicar en la era del 2.0. Aprovechar la ocasión de transmitir de manera directa, sin filtros, a través de todos los soportes digitales abrirá a la administración pública la puerta de la comunicación con quienes son sus principales usuarios y verdaderos jefes: los ciudadanos. 

Debates europeos: las carencias que tenemos

Cuando uno sale fuera, se da cuenta de las carencias que tiene dentro. Es lo que sucede si salimos de una ciudad de provincias y vamos a la capital. Y no digamos si viajamos al extranjero. Es el verdadero momento en el que descubres que la aparente felicidad-bienestar en la que vives es bastante mejorable al ser comparada con otros lugares.

Algo así ocurrió la noche del doble debate electoral para las europeas. Por un lado, pudimos ver un debate entre los 5 candidatos a presidir la Comisión Europea. Las intervenciones eran de 60 escrupulosos segundos para cada uno de ellos, según los temas y el orden de las intervenciones que iba marcando la periodista italiana Mónica Maggioni -quien se reveló como una fantástica oradora que supo mantener el ritmo toda la noche-.

Cada candidato contaba además con varios comodines que les servían para poder aumentar en 30 segundos más su intervención cuando les interesara. Y los temas de los que se hablaron, fueron todos los que importan a los europeos: desde la crisis, la financiación y el sistema bancario hasta la inmigración, sin dejar de tocar el tema de los lobbies y la corrupción. Fue un debate sin tapujos, dinámico, ágil y muy europeo donde los candidatos debieron llevar sus temas muy bien preparados para poder dar con claridad -en menos de un minuto- la idea central del grupo al que representan. Debían contar con dejarse un margen de tiempo por si debían responder a algún contrincante y asegurarse de que sus mensajes fuesen claros, concisos y convincentes. Y a la vez, cuidar su imagen, su voz, su lenguaje corporal… Ahí es nada.

Pero lo consiguieron. Algunos candidatos lo hicieron mejor que otros, todo hay que decirlo. Yo, personalmente, creo que destacó por sus formas, energía, mensajes y utilización de los tiempos la jovencísima candidata verde, la alemana Ska Keller; mientras que, bajo mi opinión, en último lugar quedó el candidato del Partido Popular Europeo Jean-Claude Junker precisamente por lo mismo: por sus formas, su falta de energía, los mensajes (en su mayoría pobres y diluidos) y el poco juego que dio.

En las redes sociales, el debate fue igualmente intenso. Algunos de los perfiles de los candidatos, con bastante acierto bajo mi punto de vista, tuiteaban las intervenciones en directo, haciéndose eco y repicando en la red de los 140 caracteres lo que hablaban en vivo. Algunos de ellos, como el socialista Martin Schulz, con el buen ojo como para hacerlo en diferentes idiomas, convirtiendo su propio timeline en una bella torre de babel entre tuits propios y ajenos.

Como es lógico, hubo unanimidad para elegir el hashtag. Y #TellEurope fue el claro TT (Trendic Topic: tema más usado por los tuiteros) de la noche en casi toda Europa. La imagen de la nube de tags más usados en los tuits del debate fue también muy interesante. Sólo los candidatos de los dos grandes partidos añadían su propio hashtag #NowSchulz o #WithJunker que han venido usando a lo largo de la campaña y precampaña electoral.

Pero la gran depresión -para los telespectadores que habíamos seguido el primer debate sobre todo- se produjo al terminar el debate a 5. Fue nada más empezar el cara a cara protagonizado por los candidatos de los dos grandes partidos en las europeas. Miguel Arias Cañete (PP) y Elena Valenciano (PSOE) protagonizaron un programa de televisión monográfico electoral, con tiempos repartidos y temas pactados, en el que se habló poco -o muy poco- de Europa y mucho en clave nacional con argumentos manidos y nada originales. Una auténtica farsa que dejaba mucho que desear. Empezando por la presencia de otros partidos, aunque fueran minoritarios.

Y en las redes el ridículo, como suele ocurrir, no fue para menos. El hashtag de la noche fue el que impuso la emisora del debate: #CaraACaraTVE (bastante mejorable, por cierto: las siglas de la cadena pública sobraban, por ejemplo…). Y junto al lógico TT en España de la etiqueta oficial, las ya clásicas guerras de hashtag para imponer #GanaCañete frente a #CañeteKO. ¿Pero no saben ya los equipos de comunicación que los TT no son más que un éxito efímero que siempre se logra con numerosos tuits en contra? Es más que probable, incluso, que en el partido opuesto se aprovechen del TT para colar su propia ideología con la etiqueta. Y todo, ¿para qué? Para lograr una imagen tan triste como ésta:

Pero como la realidad siempre supera a la ficción y Spain is different para todo, la mañana post debate lo cambió todo rápidamente. Un enorme y duradero TT arrasó el timeline nacional durante todo el día. #HomoCañetus es el hashtag elegido para comentar con enorme sorna las propias declaraciones del candidato popular, justificando que dejara ganar a su contrincante en el debate para no parecer machista. Lo que decía. Que cuando uno sale fuera, se da cuenta de las enormes carencias que tiene dentro.

Europa, tanto por construir

Es una realidad que los europeos entienden poco de Europa como Institución. Y es una realidad que las redes sociales han llegado para quedarse y están cambiando los modos y medios en los que los ciudadanos de todo el mundo se relacionan y comunican entre ellos, con las empresas, con sus marcas preferidas, con sus políticos y con las instituciones que los gobiernan. De este binomio, y propiciada por la eurodiputada española Cristina Gutiérrez-Cortines (PP), ha surgido la iniciativa EuropeIN, encaminada a favorecer la comprensión de lo que pasa en Europa por parte de los ciudadanos gracias a la utilización de estos nuevos canales de comunicación.

Gracias a este programa, que luego han replicado a nivel europeo sus compañeros de partido (EPP Group) he podido conocer de cerca algo de la realidad de la política europea. Por ejemplo, que en Europa todo se negocia. Y que, como político, no eres nadie en Europa no sólo si no dominas varios idiomas, sino so no sabes cómo moverte dentro de las instituciones: qué es responsabilidad de quién, con quién hay que hablar para lograr según qué, dónde se negocian cada uno de los asuntos, cuál es la mejor manera de abordar los temas, qué apoyos te harán falta para logar sacar adelante algo, cómo lograr esos apoyos, etc.

Porque el universo de las instituciones europeas es tan grande, que todos -o casi todos- se pierden al menos durante los dos primeros años. Y allí cuenta, y mucho, cómo se mueve cada político, a quién conoce y con quién se lleva bien tanto en su propio partido como en los contrarios. Su capacidad de convencer a los suyos, su capacidad de negociar con los otros, su agilidad para moverse en el nudo de edificios, despachos, salas y reuniones, su organización de agenda y de temas por prioridades y por tiempos… En Europa lo cierto es que cuenta la experiencia. Y cuenta porque, como en muchas otras profesiones, todos los europarlamentarios se han pegado muchos batacazos antes de conseguir entender lo que pasaba y cómo debían hacer las cosas. Y porque aquéllo es una carrera de fondo para todos y, como en el cole, vale eso de que “tonto el último”. Y dejan, como en el instituto, que el novato haga el ridículo. Forma parte del aprendizaje de Europa.

Por eso, y porque en menos de 20 días tendremos que acudir a las urnas, es de vital importancia que conozcamos quiénes son los que elegimos. Lo cierto es que elegir de verdad sólo lo hacen aquéllos que participan en las primarias de los partidos que permiten a sus militantes decidir la composición de las listas así. El resto, los que no militamos en ningún partido -la gran mayoría-, tendremos que conformarnos con elegir entre lo que nos ofrezcan. Y confiar en que los allí puestos tengan experiencia europea o facilidad para la adaptación, una gran agilidad para moverse entre instituciones europeas, una gran capacidad de diálogo y conocimiento de idiomas o al menos facilidad para aprenderlos.

Es importante saber que los europarlamentarios españoles de distintos grupos políticos se apoyan entre sí en numerosas ocasiones para votar iniciativas que son favorables a nuestro país, a pesar de que el partido al que pertenecen tenga oficialmente otra posición. Esta realidad, que es reconocida sin tapujos por los españoles, es también común entre europarlamentarios de países del Sur de Europa (Portugal, Italia, Grecia) y entre algunos de los países del Este de reciente incorporación (Rumanía, República Checa, Polonia, Estonia, Lituania, etc). La explicación es sencilla: los países poderosos y ricos, las grandes potencias de la vieja Europa, tienen un mayor peso político dentro de la UE y son capaces de hacer políticas generalmente favorables hacia sus países. Por eso los más débiles, aún teniendo otra posición ideológica marcada por el grupo político al que pertenecen, se sienten comprometidos con su país o con causas concretas a nivel personal.

Los años de guerras y separaciones entre los que ahora son estados miembros, han sido demasiados. Nuestra historia como unión política, institucional y económica es demasiado reciente. Queda aún mucha Europa por construir.

Elecciones Europeas’14: ¿esperanza de los partidos pequeños?

Las próximas elecciones europeas, que se celebrarán el próximo 25 de mayo en todos los países de la Unión, son el gran pulso que los políticos españoles deberán afrontar ante unos ciudadanos que las siguen viendo con una mezcla de escepticismo, estupor y lejanía. De hecho, la abstención es el gigante al que temen (o no) los grandes partidos españoles. Si sobrepasa el 50% de la participación sería un gran triunfo, aseguran en voz baja temiendo no llegar al 40%. Y por sí fuera poco, tanto el PP como el PSOE se juegan el todo en ellas.
Rajoy tendrá que validar ante la opinión pública sus políticas: si pierde su candidato será interpretado como un rechazo directo a las reformas que ha desarrollado en lo que lleva de legislatura, en pleno ecuador de su mandato. Por otra parte, supondría que perdiese también el “candidato de Rajoy”, toda vez que Mayor Oreja decidió no presentase. Y para rizar aún más el rizo, el candidato del PP lleva cierto tiempo de desventaja frente a los demás, ya que no ha sido aún anunciado. 
Rubalcaba, por su parte, se juega en estas elecciones la última carta que le queda. Si vuelve a obtener un pésimo resultado electoral no habrá manera de mantease ni un minuto más en el poder y se verá obligado a convocar las Primarias de inmediato. Quedará para siempre fuera de la política nacional de primera línea.  
Y mientras los grandes deberán pelear una batalla campal, los partidos más pequeños ven en las Europeas su gran oportunidad de recoger los descontentos que siembran los grandes por un lado, y lograr una mayor representación que la que obtendrían en unas generales, por el otro. Al ser toda España una única circunscripción dentro de la UE desde el punto de vista electoral, la proporcionalidad en el reparto del voto es directa y no inversa. Es el paraíso soñado para los partidos minoritarios: unas elecciones sin la dichosa Ley D’Hont. 
Estos partidos pequeños, como VOX por ejemplo, arañarán miles de votos descontentos del PP. Los de UPyD absorberán de nuevo el descontento socialista y además recogerán lo sembrado en estos últimos 5 años, cuando lograron sorprender a propios y extraños obteniendo un escaño en el Parlamento Europeo -representación que Sosa Wagner ha sabido llevar con dignidad-. Aspiran a superar esos resultados. Otros, como Ciudadanos, tratarán de acaparar al asfixiado electorado catalán no nacionalista. Y así, las minorías lograrán la mayoría suficiente para hacerse un hueco en el Parlamento Europeo. 
Recientemente me aseguraba un miembro del Parlamento Europeo que las minorías, sobre todo las radicales y aquellas antieuropeas, no tienen absolutamente nada que hacer en una cámara dominada por la derecha democristiana, con una abrumadora mayoría. Europa es azul, y las minorías radicales no tienen hueco casi en su principal cámara. Están porque la ley lo permite. Otra cosa es que les sirva para algo. 
Pero la desmembracion del voto español se debe más a otras cuestiones. Y eso quizá sea lo que más temen los grandes partidos en España: que los partidos minoritarios en España dejen de quedar reducidos a una mínima y ridícula presencia en Europa que, de ninguna manera, les pueda hacer daño en casa. Sin embargo, en Europa todo se negocia y decide en los pasillos. Y algunos de los candidatos de estos minoritarios cuentan con una amplia experiencia en el Parlamento, como es el caso de Alejo Vidal-Cuadras. Y eso, unido a la desmembración cada vez más evidente del electorado español que ya no es del todo rojo ni del todo azul, nos hará ver unas elecciones divertidas y atípicas cuanto menos. Serán el gran momento de todos los partidos pequeños. Por mucho que les pese a los grandes. 

El poder digital de los partidos políticos

No hablaré de comunicación digital. El poder “digital” del que hablo se refiere al de los “dedos” o “dedazos” que se dan en la política española, y que resultan tener un gran poder ejecutivo. El caso del PP de Andalucía y la frustada postulación de “n” candidatos por todo el territorio andaluz hasta el señalamiento por parte de Rajoy de Juan Manuel Moreno Bonilla es sólo un ejemplo de lo que ocurre en la política española. En toda ella. Y seguirá ocurriendo mientras no se haya verdadera democracia interna dentro de los partidos.

Imagen de Diccionario Electoral INAP

En el PSOE sonríen sin disimulo las críticas al “dedazo” propiciado por Mariano Rajoy para designar al candidato popular andaluz. Sin embargo, no quieren que se les recuerde cómo el proceso de “primarias” que nunca llegó a celebrarse en el PSOE-A no fue por falta de candidatos, sino por la imposibilidad de que éstos superaran la fuerza del aparato del partido sobre la candidata oficial (la actual presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz) y lograr las condiciones necesarias para serlo. Que le pregunten si no a Jose Antonio Rodríguez Sala, alcalde de Jun. O, más recientemente, la designación de Elena Valenciano como candidata a las elecciones europeas.

Pero que esto ocurra en todos los partidos mayoritarios españoles (sólo los pequeños se salvan con procesos de elección de candidatos aparentemente transparentes) no quiere decir que sea algo que la ciudadanía entienda y vea con buenos ojos. El lamentable espectáculo vivido en los últimos meses en el PP-A a cuenta de la elección del presidente y futuro candidato andaluz ha dejado un reguero de chascarrillos en todos los diarios que alejan aún más si cabe a los políticos de sus votantes: “ha sido una lucha entre Arenas y Cospedal”, “Soraya Saénz de Santamaría es la que tiene poder sobre Rajoy”, “Zoido y Cospedal quedan tocados tras la decisión de Rajoy”… por no hablar de los dos intentos fallidos de Cospedal y parados en seco por Rajoy en el útlimo minuto de nombrar a José Luis Sanz candidato a presidente del PP-A.

Porque el ciudadano de a pie no entiende que un partido que lleva 30 años tratando de gobernar en Andalucía sufra un descabezamiento y desorientación tan profunda después de que su último presidente abandonara el barco por no poder gobernar pese a haber ganado las elecciones. La marcha de Javier Arenas dejó al PP-A tan huérfano y perdido que sólo se entiende como una consecuencia del estilo de dirección que lo había dominado: el del control absoluto de todos los resortes del partido y su poder en todas y cada una de las esquinas de esta región. Y esto es como con la educación de los hijos: si no se les enseña poco a poco a usar su libertad, luego no se saber hacer uso de ella.

La gran pregunta es ¿pero existe libertad dentro de un partido político? Pues no. Como se ha visto: una o ninguna libertad. Por eso José Luis Sanz ha descartado presentar candidatura para presidir el PP-A, a pesar de contar con avales suficientes para hacerlo: quedaría para siempre marcado con el estigma del candidato crítico. Y eso, la falta de fidelidad, es algo que no se perdona nunca dentro de un partido. Y la venganza, por lo general, es un plato que se sirve frío. Que se lo pregunten hoy a Cospedal sobre Arenas.